Creadores de riqueza

En 2001, Carlos Alberto Montaner, escritor cubano-español, publicó un libro titulado Las raíces torcidas de América Latina, en el que, según él mismo contaba, trataba de responder a esta pregunta: ¿por qué a los latinoamericanos nos iba tan mal?
Hoy quiero sostener que a mi querido Carlos Alberto se le escapó mencionar, en aquel texto tan maravilloso y esclarecedor, que existe una estrecha relación entre lo que nosotros, los latinoamericanos, pensamos o suponemos sobre el papel que cumplen nuestros empresarios en la sociedad y lo mal que nos va.
¿A qué voy? Los empresarios son, por definición, creadores de riqueza: aquellos que, con esfuerzo, ingenio y sacrificio, hacen más habitable el mundo en el que vivimos. Son generadores de bienestar, de empleo y de soluciones que, a lo largo de nuestra historia, han cambiado la manera en que hacemos las cosas.
Reflexiona sobre ello un minuto: básicamente, todo aquel que tiene un emprendimiento —de ahí la palabra empresario— resuelve un problema, es decir, trae una solución a nuestras vidas. Basta con mirar a nuestro alrededor: ¿qué de lo que hay en nuestros hogares fue producido o fabricado por nosotros mismos? Como podrás apreciar, casi nada nos ha sido facilitado sin la actividad empresarial: tu televisor, tu teléfono, tu juego de sala o comedor, la cocina, las ventanas, tu cama, el techo de tu casa e, incluso, el concreto con el que generalmente se hacen las paredes del hogar.
Detrás de cada empresario hay una historia digna de orgullo e inspiración, algo digno de emular, algo que es necesario elogiar, algo que lejos de criticar debería ser materia de reconocimiento. Ellos transforman el mundo en el que vivimos y, día a día, siguen transformándolo.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con aquello de que a los latinoamericanos nos va tan mal? La respuesta quizá ya esté, en este momento, en tu propio pensamiento. Claro: si tenemos un mal concepto de los creadores de riqueza, actuaremos en consecuencia. Luego, no cabe preguntarse por qué terminamos tratándolos tan mal.
En América Latina, según la izquierda, los empresarios son precisamente los sospechosos habituales: los culpables de nuestras desventuras. Así nos lo contaron y, lamentablemente, muchos han llegado a creérselo. Cambiemos esas ideas y, tal vez, uno de estos días nuestra historia empiece a cambiar.
Seguimos conversando.
El autor es economista, PhD (c) en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, España y máster en Economía de la Escuela Austriaca. Es liberal, vive en Guayaquil y es director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP).
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