El monje y el hábito
Por Jesús Ruiz Nestosa
ABC Digital
SALAMANCA. La primera vez que vine a España a estudiar periodismo, vivía en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe (toda una institución entre los estudiantes latinoamericanos). El colegio tenía algunas reglas que había que cumplir al pie de la letra. Una de ellas era que había que bajar al comedor de saco y corbata. Ya hacia fin de año, con los primeros calores del verano, unos estudiantes filipinos llegaron al comedor vistiendo pantalón negro y camisa blanca, fuera del pantalón, con unas franjas bordadas en la pechera. Era un tanto parecida a nuestra camisa de ao po’i. La jefa del comedor, al verlos, desde lejos les hizo ya una seña que salieran del comedor. Uno de ellos intentó una explicación: “Esta camisa en Filipinas equivale al esmoquin de ustedes”.
Y la jefa: “Las reglas del comedor del Colegio Mayor Guadalupe indican que se debe vestir de saco y corbata como se viste en el Colegio Guadalupe y no en Filipinas. Por lo tanto, o vienen vestidos de esta manera o no comen”.
El vestir, en muchos casos, no es otra cosa que alimentar la vanidad, la extravagancia o el deseo de exhibicionismo de una persona. El vestir, en muchos otros casos, responde a una etiqueta fijada por la costumbre y que no responde a nada personal, sino a una demostración de respeto hacia algo. La moda introducida por el presidente Evo Morales de presentarse a recepciones oficiales, visitas a otras naciones, saludos a otros gobernantes, vistiendo un gastado y desteñido suéter a rayas y zapatos deportivos, más que una demostración de populismo, es una falta de respeto a la otra persona y, sobre todo, al pueblo boliviano al cual está representando en ese momento. No se trata de Evo Morales. Se trata de Bolivia. La dignidad que le otorga el cargo tiene que ser considerada en cada momento.
Desde hace tiempo se ha dicho que es el artista el que honra el premio y no el premio el que honra al artista. Pasa lo mismo con las dignidades. Hay que ser consciente de ello de modo que por lo menos se llenen ciertos requisitos básicos para responder a esa dignidad que se les ha impuesto a algunas personas. Cuando Leopoldo Galtieri salió al balcón de la Casa Rosada a anunciar que se había perdido la guerra de las Malvinas, era evidente que él también había perdido la cordura por esa pasión secreta a voces que sentía por la bebida. O Boris Yeltsin, que padecía del mismo mal y le gustaba tocarles la cola a las mujeres en las recepciones a las que iba.
Evo Morales no me va a convencer más o convencer menos de su “estado indigenista” ni su deseo de borrar quinientos años “de agresión cultural” (menuda goma de borrar tendría que comprarse), porque vaya vestido de manera tan descuidada. El presidente brasileño Lula da Silva, proveniente de los estratos más bajos de la sociedad, se ha convertido hoy en uno de los hombres mejor vestidos del Brasil. Y no por eso su gobierno ha dejado de hacer las cosas como se deben hacer: con realismo, con inteligencia y, sobre todo, con mucho raciocinio.
Nuestro presidente Fernando Lugo hoy debe prestar juramento como Presidente de la República. El acto no será como otro cualquiera, sino estará cargado de significado por todas las cosas que ya sabemos y que no es necesario repetirlas. Es de esperar que no se presente con sandalias, o con zapatos deportivos, en mangas de camisa, sin corbata o de la manera que se le ocurra para significar que será un presidente dedicado a los pobres.
Ojalá que piense que lo que hace falta es un presidente dedicado al país, entero donde están los pobres, los ricos, los que trabajan, los que haraganean, los emprendedores, los ladrones, los que han hecho de la honestidad la causa de su vida, los corruptos que han hecho del robo el objetivo principal de sus carreras.
Alguien debe preocuparse por un país en el que vivimos blancos, mestizos, indígenas, católicos, protestantes, luteranos, anglicanos, judíos, musulmanes, agnósticos, ateos o simplemente desentendidos del tema. Lo que muchos esperan (yo soy un tanto escéptico) es un presidente que nos represente a todos y que lo haga de la mejor manera posible, mostrando en todo momento su respeto hacia las instituciones. Con que haga esto ya habrá marcado una clara diferencia con los gobiernos anteriores.
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