Sin luz en Banania
Banania era un lugar en el centro del planeta que, de tiempo en tiempo, solía quedar a oscuras: algunas veces de forma parcial y otras de manera generalizada. Contaba la leyenda que un malévolo demonio llamado Estiaje era el culpable de sus desventuras. En otras regiones del planeta no ocurría lo mismo. Tiempo atrás, sus habitantes habían identificado la causa de sus problemas eléctricos y habían decidido resolverlos. Con el paso del tiempo en tierras vecinas y lejanas, lo lograron.
Un mal día, un grupo de pobladores apodados los zurdos decidieron que en Banania solo se podía generar energía “limpia”. No importaban la lógica ni la realidad: lo más importante era la ideología. A partir de aquella idea, se debía prohibir la generación de energía por medios contrarios a la ideología revolucionaria.
Como es de suponer en ese mundo patas arriba, también se le prohibió a la población encontrar sus propias soluciones. Solo el Estado revolucionario decidía qué era conveniente para la población. Esta idea se generalizó y sucedió lo mismo en Petrobanania y en la revolueducación. Con el paso del tiempo, los problemas solo se agravaron. En Banania, los pobladores no solo desconocían por qué no había luz, sino que, aunque lo supieran, les estaba prohibido resolver el problema. La ideología revolueducativa les había impedido notar cuál era la causa del problema. Incluso en las consultas políticas realizadas a la población, esta, sin entenderlo, boicoteaba su propio futuro.
Otro día llegó a Banania don Prometón, un nuevo líder que juraba terminar con los problemas eléctricos. Pronto notó que no solo no había dinero, pues los robolubananios se lo habían rifado todo, sino que además no bastaba con prometer: había que hacer. Pero en las clases revolueducativas, a los jóvenes como él no se les enseñaba nada sobre hacer, resolver problemas o analizar la realidad. Solo habían aprendido a exigir revoluderechos y a sentarse a esperar que otros cumplieran con “su obligación”. Entre esos revoluderechos figuraba la “luz como derecho-izquierdo fundamental”.
Como podrán suponer, en Banania siguen sin luz, y los más optimistas miran al cielo en espera de que san Pedro Banania les eche una mano.
Seguimos conversando.
El autor es economista, PhD (c) en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, España y máster en Economía de la Escuela Austriaca. Es liberal, vive en Guayaquil y es director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP).
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