Qatar en el centro de la escena con la Copa del Mundo

La Copa del Mundo de fútbol, el mayor acontecimiento deportivo del planeta, comenzará el domingo 20 de noviembre en Qatar. Los participantes y el público en general se enfrentan a un dilema. Al permitir el éxito del evento, ¿están consintiendo los abusos de los derechos humanos y la ausencia de libertades básicas? ¿O por el contrario, están llamando la atención sobre esos mismos problemas con su participación y obligando al país anfitrión a dar a la gente una muestra de libertad mientras dure el torneo y una oportunidad de entablar un debate franco con el mundo exterior?
Qatar es un país capitalista (aunque el capitalismo de Estado es una parte importante de la mezcla). Margaret Thatcher solía afirmar que al abrir la economía y conectarse con el mundo, los regímenes autocráticos desencadenaban fuerzas, en particular una clase media emergente, que tarde o temprano conducirían a una reforma democrática. Pero el proceso no es sencillo, y hay ejemplos suficientes como para justificar diferentes opiniones. Unas cuantas dictaduras que practicaron el capitalismo han evolucionado hasta convertirse en democracias, como Corea del Sur, Taiwán y Chile. En cambio, China, Vietnam y Rusia no lo han hecho.
En cierto modo, el debate sobre Qatar y la Copa del Mundo es académico. Hay poderosos factores económicos y geopolíticos en juego, y ningún activismo de alguna ONG o cuestionamiento de los medios de comunicación impedirá que el evento siga adelante.
Qatar tiene las segundas mayores reservas de gas natural del mundo y ya es el mayor exportador mundial de gas natural licuado. Pronto, Qatar será también el mayor productor, gracias al proyecto de expansión del Campo Norte. El país producirá entre 6 y 7 millones de barriles equivalentes de petróleo diarios en 2027.
Dado que Europa está desesperada por sustituir definitivamente a Rusia por otro proveedor de hidrocarburos, este país de 3 millones de habitantes (sólo el diez por ciento son cataríes, y el resto son expatriados) está desempeñando y seguirá desempeñando un papel clave para satisfacer la demanda de energía del mundo desarrollado. Por no hablar de los más de 400.000 millones de dólares (billones en inglés) que Doha ha invertido en diversas industrias de unos cuarenta países (incluso son propietarios de la Bolsa de Londres).
Qatar alberga la mayor base militar de Estados Unidos en Oriente Medio. Dadas sus conexiones con Hamás, los talibanes e Irán, el pequeño reino es considerado por Washington como un intermediario de poder en la región. Su capacidad para hacerse valer ante europeos y asiáticos durante el bloqueo al que fue sometido por Arabia Saudí y Bahréin en los últimos años, combinada con la ayuda que prestó a Estados Unidos cuando se retiró de Afganistán, lo ha hecho estratégicamente importante para las mismas democracias liberales cuyos medios de comunicación, ONG y políticos lo critican.
Francia es uno de los países en los que la campaña de boicot a la Copa del Mundo ha sido especialmente ruidosa y, sin embargo, TotalEnergies, el gigante petrolero francés, ha ampliado sustancialmente su presencia en el reino. Los qataríes también poseen importantes activos en Francia, incluido el principal equipo de fútbol.
Es poco realista pensar que Qatar pueda convertirse en un paria. Aun así, hay suficientes razones morales para justificar la participación en el mundial. El Mundial puede avergonzar a las autoridades para que actúen en algunas cuestiones. En previsión de la atención internacional que traerá el torneo, ya se han producido algunos cambios en la legislación laboral, especialmente en lo que respecta al sistema de la "kafala", que daba un poder abusivo a los empleadores sobre los trabajadores inmigrantes.
Como es bien sabido, existe una discriminación sistémica contra los homosexuales y lesbianas. Las mujeres están muy lejos de gozar de la libertad individual y la igualdad ante la ley. No obstante, las autoridades no podrán impedir que los miles de visitantes internacionales se manifiesten. La presión internacional ya ha obligado a la gobernante familia Al Thani a garantizar que no habrá restricciones a la libertad de expresión y que las mujeres y las minorías sexuales no sufrirán discriminación.
¿Volverán las cosas a la normalidad después del 18 de diciembre, cuando finalice el Mundial? Lo más probable es que sí. Pero en ausencia de la Copa del Mundo, los qataríes y los residentes en Qatar no habrían estado mejor. El sistema autoritario y las leyes oscurantistas del país no habrían sido objeto de tanto escrutinio mundial, ni las propias autoridades habrían sido sometidas a un nivel de crítica al que están tan poco acostumbradas. Además, la población no habría tenido la oportunidad de ampliar sus intercambios con el exterior, y los vecinos de Qatar no habrían sido puestos en la mira de la forma en que también lo han sido, aunque sea por el mero hecho de compartir una península con el pequeño reino.
Traducido por Gabriel Gasave
El original en inglés puede verse aquí
Álvaro Vargas Llosa es Académico Asociado Senior del Centro Para la Prosperidad Global del Independent Institute. Sus libros del Independent incluyen Global Crossings, Liberty for Latin America y The Che Guevara Myth
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