Psicosis emergente

Los diarios están ahítos de noticias sobre la estampida de capitales de los países emergentes y las consecuencias inevitables: depreciación de sus monedas, apreciación del costo de endeudarse para sus gobiernos y empresas, y el desplome de sus Bolsas.
Lo que está sucediendo no se debe, por desgracia, a "buenas" razones,
es decir, a que ciertos países no han hecho sus deberes y por tanto
justifican plenamente la desconfianza. Se debe a malas razones: la política inflacionista de Estados Unidos contra la cual algunos pesados llevamos años bramando.
En la última década, cada vez que el banco central estadounidense
emitió moneda artificialmente y los intereses bajaron, los capitales se
precipitaron a los mercados emergentes. Ni que fueran tontos: se
endeudaban en casa por muy poco y obtenían allí rentabilidades
superiores. Esto empezó a gran escala desde que en 2002, tras el
fin de la burbuja de las punto.com, Alan Greenspan se dedicó a inflar
la moneda. Luego vino la siguiente burbuja, que estalló en
2007/8, después de la cual la Reserva Federal, ahora con Ben Bernanke al
mando, volvió a apretar el acelerador inflacionista. Los capitales se
precipitaron de nuevo a los mercados emergentes por las mismas razones.
Era cuestión de tiempo para que el banco central estadounidense desacelerase esa política delirante.
Ahora sabe que ha ido demasiado lejos y le gustaría ponerle freno. Pero
como no se atreve a hacerlo, ha preferido dar a los mercados pistas
sobre la intención de hacerlo pronto. Esto ha bastado para provocar lo
antes descrito.
La Reserva Federal ha más que triplicado su balance desde 2008 (otra
forma de decir que ha bombeado una verdadera catarata del Niágara de
moneda artificial). A inicios de aquel año, su balance equivalía al 6% de la economía: hoy equivale al 21%.
Hace bien en querer detener el avance de esta locura. Pero no hace bien
en no atreverse a hacerlo del todo: ante la estampida de capitales de
los países emergentes, la subida de los intereses y las quejas de las
instituciones financieras, que quieren más droga, ha dado señales,
últimamente, de que podría postergar un poco el inicio de las políticas
de desaceleración de la emisión monetaria. Cuanto más tarde, peor.
Los emergentes, como queda dicho, están sufriendo el impacto, pues
los capitales, que esperan una continua apreciación del bono en los
países ricos a raíz de las señales emitidas por Bernanke, vuelven a
casa. Desde mayo, cuando el Presidente de la Reserva Federal hizo el
amago, se han evaporado 1,5 billones de dólares en las Bolsas subdesarrolladas.
El índice más representativo de ellas está 30% por debajo de su pico en
2007. El real brasileño ha perdido casi 40% en relación a su nivel de
hace dos años. La rupia india se ha desplomado. Las empresas
latinoamericanas, asiáticas, africanas y de otros lugares han disminuido
su ritmo de emisión de deuda al nivel más bajo en cinco años porque
ahora es más caro pedir prestado.
Paso de puntillas sobre la ironía de que tantos gobiernos de países
emergentes se quejaran hasta hace poco de la apreciación de sus monedas y
hoy pongan el grito en Marte por lo contrario. Lo que importa es que
estamos pagando todos los platos rotos de la Reserva Federal. Y eso que
no hemos visto nada todavía. El verdadero dolor de cabeza para Ben
Bernanke y su sucesor o sucesora (será reemplazado a fin de año) no será
cuándo desacelerar esta política, sino cuando revertirla. Porque hay
tal cantidad de dinero artificial acumulado en la banca, que en algún
momento (cuando la Reserva Federal decida que las cosas van mejor) habrá
que empezar a retirarlo para evitar una inflación como en los años 70.
¿Se atreverán? Si el solo anuncio de que querían empezar a reducir el
ritmo de creación de dinero ha provocado esta psicosis, no quiero
imaginar la que se apoderará de los espíritus quebradizos cuando
empiecen, si alguna vez ocurre, a desandar de verdad el camino andado.
En ese momento, claro, será más cierta que nunca la frase que tanto le gusta repetir a Warren Buffett: "Sólo cuando baja la marea descubrimos quién estaba nadando desnudo". Pero esa es otra historia.
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