Raúl Castro: Hemos retrocedido en cultura y civismo en Cuba
El gobernante Raúl Castro criticó duramente el deterioro de los
valores morales y cívicos en la sociedad cubana, y pidió a los
ciudadanos dar la batalla contra el ambiente de indiscriplina que se ha
arraigado en la vida del país.
"Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de
período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos,
como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y
la sensibilidad ante los problemas de los demás", dijo Castro al
clausurar este domingo dos días de sesiones del Parlamento cubano.
En un discurso de 35 minutos concentrado en los problemas económicos y
las indisciplinas sociales en la isla, Castro fustigó el hecho de que
"una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado", y
enumeró un conjunto de irregularidades, violaciones y delitos que se han
convertido en cotidianos en el escenario cubano.
"Conductas, antes propias de la marginalidad, como gritar a viva voz
en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la
chabacanería al hablar, han venido incorporándose al actuar de no pocos
ciudadanos", expresó el mandatario. "Hemos retrocedido en cultura y
civismo ciudadanos. Tengo la amarga sensación de que somos una sociedad
cada vez más instruida, pero no necesariamente más culta".
Fin de doble moneda
Consideró que se ha abusado de "la nobleza de la Revolución" al no
acudir a la fuerza para hacer cumplir la ley, privilegiando como
recursos el convencimiento y el trabajo político sin resultados
realmente efectivos.
En otro momento de su intervención ante los diputados, Castro
reconoció que la dualidad monetaria es uno de los principales
obstáculos para el progreso del país, y anunció que se trabaja para su
supresión de forma ordenada e intergral.
Sin embargo, no se anunció una fecha para su eliminación, que según
el gobernante, permitiría acometer transformaciones de mayor alcance en
materia financiera, y lograr que todos los ciudadanos se sientan
incentivados a trabajar legalmente.
Reproducimos a continuación el texto íntegro del discurso, destacando
en negritas los planteamientos fundamentales, de acuerdo con el
criterio editorial de CaféFuerte.
DISCURSO DE RAÚL CASTRO RUZ EN LA SESIÓN DE CLAUSURA DE LA
ASAMBLEA NACIONAL DEL PODER POPULAR, EN EL PALACIO DE CONVENCIONES, EL 7
DE JULIO DEL 2013.
Compañeras y compañeros:
Me corresponde
realizar las conclusiones de este, el Primer Periodo Ordinario de
Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional, marco en el
cual, cumpliendo lo acordado, nuestros diputados recibieron una amplia
explicación acerca del desempeño de la Economía en el primer semestre,
así como de la marcha de la implementación de los Lineamientos de la
Política Económica y Social del Partido y la Revolución, asuntos que
previamente fueron analizados en la reunión del Consejo de Ministros,
efectuada el 28 de junio y en el Séptimo Pleno del Comité Central el
pasado lunes.
Considerando la información brindada a nuestro
pueblo por los medios de prensa, no es necesario abundar sobre estos
asuntos y solo señalaré aquellos aspectos de mayor importancia.
La
economía nacional ha continuado mostrando un comportamiento positivo en
medio de las tensiones externas, los daños ocasionados por el huracán
Sandy y nuestras propias insuficiencias.
Como ya fue divulgado,
el Producto Interno Bruto (P.I.B.) creció un 2.3 por ciento, que sin
llegar a lo planificado, supera en dos décimas el alcanzado en el primer
semestre del año pasado. Cierto es que todavía el comportamiento del
P.I.B. no se nota en la economía de la familia cubana promedio.
Se
reafirma la tendencia creciente de las actividades productivas, al
tiempo que se preservan en niveles similares los servicios sociales a
toda la población.
También los diputados recibieron una detallada
panorámica de la marcha de la implementación de los Lineamientos de la
Política Económica y Social del Partido y la Revolución aprobados por el
Sexto Congreso, proceso que constituye la principal tarea de todos, por
cuanto de su éxito dependerá la preservación y el desarrollo del
socialismo en Cuba, un socialismo próspero y sostenible, que a la vez
que ratifica la propiedad social -como ya explicó el compañero Murillo-
sobre los medios fundamentales de producción, reconoce el papel de otras
formas de gestión no estatales; reafirma a la planificación como
instrumento indispensable en la dirección de la economía, sin negar la
existencia del mercado.
Deseo reiterar la convicción de que en
este frente de significación estratégica ha continuado el avance y ya
comienzan a observarse los primeros resultados alentadores, aunque
también es verdad que
falta un largo y complejo camino para actualizar nuestro modelo
económico y social, asegurando el apoyo mayoritario de la población a
este proceso, lo cual excluye la utilización de terapias de choque y el
desamparo de millones de personas que caracterizan a las políticas de
ajuste aplicadas en los últimos años en varias naciones de la rica
Europa.
El fenómeno de la dualidad monetaria constituye uno de los obstáculos más importantes para el progreso de la nación,
y tal como señala el Lineamiento número 55, deberá avanzarse hacia la
unificación, teniendo en cuenta la productividad del trabajo. El propio
Lineamiento reconoce la complejidad de este propósito, que exigirá una
rigurosa preparación y ejecución, tanto en el plano objetivo como
subjetivo.
Sobre el particular puedo comunicarles que han
proseguido los estudios para la supresión de la dualidad monetaria de
forma ordenada e integral, lo cual nos permitirá acometer
transformaciones de mayor alcance y profundidad en materia de salarios y
pensiones, precios y tarifas, subsidios y tributos. En pocas palabras,
lograr que todos los ciudadanos aptos se sientan incentivados a trabajar
legalmente a partir de restablecer la vigencia de la ley de
distribución socialista, "de cada cual según su
capacidad, a cada cual según su trabajo", lo que propiciará terminar con
la injusta "pirámide invertida", o lo que es lo mismo, a mayor
responsabilidad, menor retribución.
Al propio tiempo, debemos otorgar la máxima prioridad al perfeccionamiento del sistema de producción agropecuaria, asegurando que los experimentos aprobados para liberar las trabas que frenan su desarrollo alcancen los objetivos propuestos.
Asimismo,
con la introducción en los planes para el próximo año de las directivas
aprobadas, las empresas estatales lograrán mayor autonomía en su
gestión y en la distribución de los resultados -como fue más ampliamente
explicado en la mañana de hoy.
Del mismo modo, apoyaremos
decididamente la creación de cooperativas no agropecuarias, las cuales,
de conjunto con el continuado despliegue del trabajo por cuenta propia,
facilitarán liberar al Estado de actividades productivas y de servicios
no fundamentales y concentrarse en el programa de desarrollo a largo
plazo.
La implementación de los Lineamientos lleva implícita la necesidad de
evaluar sistemáticamente los efectos de los cambios que se han venido
introduciendo y corregir con prontitud cualquier desviación. También
demanda el establecimiento de un clima permanente de ORDEN, DISCIPLINA Y
EXIGENCIA en la sociedad cubana, premisa imprescindible para consolidar
el avance de la actualización del modelo económico y no admitir
retrocesos contraproducentes.
Precisamente, a este asunto
dedicaré la mayor parte de mi intervención, tal y como les expresé a
ustedes el 24 de febrero en la Sesión de Constitución de la actual
Legislatura del Parlamento, ocasión en la que contamos con la presencia
del compañero Fidel, quien sobre el particular expresó, cito: "la gran
batalla que se impone es la necesidad de una lucha enérgica y sin tregua
contra los malos hábitos y los errores que en las más diversas esferas
cometen diariamente muchos ciudadanos, incluso militantes", fin de la
cita.
Este tema no resulta agradable para nadie, pero me atengo al
convencimiento de que el primer paso para superar un problema de manera
efectiva es reconocer su existencia en toda la dimensión y hurgar en las
causas y condiciones que han propiciado este fenómeno a lo largo de
muchos años.
Imagino las noticias en los próximos días de la gran prensa
internacional, especializada en denigrar a Cuba y someterla a un
frenético escrutinio; ya nos hemos acostumbrado a vivir bajo el asedio y
no debemos restringirnos a debatir con toda crudeza la realidad, si lo
que nos motiva es el más firme propósito de rebasar el ambiente de
indisciplina que se ha arraigado en nuestra sociedad y ocasiona daños
morales y materiales nada despreciables.
Hemos percibido con
dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el
acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad,
la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante
los problemas de los demás.
Recordemos las palabras de Fidel en el Aula Magna de la Universidad
de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, cuando dijo que a esta
Revolución no podría destruirla el enemigo, pero sí nosotros mismos y
sería culpa nuestra, advirtió.
Así, una parte de
la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado. Se propagaron con
relativa impunidad las construcciones ilegales, además en lugares
indebidos, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización
ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los
centros laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de
especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de
pesca, la tala de recursos forestales, incluyendo en el magnífico Jardín
Botánico de La Habana; el acaparamiento de productos deficitarios y su
reventa a precios superiores, la participación en juegos al margen de la
ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas,
el asedio al turismo y la infracción de lo establecido en materia de
seguridad informática.
Conductas, antes
propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el
uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar, han
venido incorporándose al actuar de no pocos ciudadanos, con
independencia de su nivel educacional o edad.
Se ha afectado la percepción respecto al deber ciudadano ante lo mal hecho
y se tolera como algo natural botar desechos en la vía; hacer
necesidades fisiológicas en calles y parques; marcar y afear paredes de
edificios o áreas urbanas; ingerir bebidas alcohólicas en lugares
públicos inapropiados y conducir vehículos en estado de embriaguez; el
irrespeto al derecho de los vecinos no se enfrenta, florece la música
alta que perjudica el descanso de las personas; prolifera impunemente la
cría de cerdos en medio de las ciudades con el consiguiente riesgo a la
salud del pueblo, se convive con el maltrato y la destrucción de
parques, monumentos, árboles, jardines y áreas verdes; se vandaliza la
telefonía pública, el tendido eléctrico y telefónico, alcantarillas y
otros elementos de los acueductos, las señales del tránsito y las
defensas metálicas de las carreteras.
Igualmente, se evade el pago del pasaje en el transporte estatal o se
lo apropian algunos trabajadores del sector; grupos de muchachos lanzan
piedras a trenes y vehículos automotores, una y otra vez en los mismos
lugares; se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y
respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños
pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos.
Lo mismo pasa en
los diferentes niveles de enseñanza, donde los uniformes escolares se
transforman al punto de no parecerlo, algunos profesores imparten clases
incorrectamente vestidos y existen casos de maestros y familiares que
participan en hechos de fraude académico.
Es sabido que el hogar y la escuela conforman el sagrado binomio de
la formación del individuo en función de la sociedad y estos actos
representan ya no solo un perjuicio social, sino graves grietas de
carácter familiar y escolar.
Esas conductas en nuestras aulas son doblemente incompatibles, pues
además de las indisciplinas en sí mismas, hay que tener presente que
desde la infancia la familia y la escuela deben inculcar a los niños el
respeto a las reglas de la sociedad.
Lo más sensible es el deterioro real y de imagen de la rectitud y los buenos modales del cubano.
No puede aceptarse identificar vulgaridad con modernidad, ni
chabacanería ni desfachatez con el progreso; vivir en sociedad conlleva,
en primer lugar, asumir normas que preserven el respeto al derecho
ajeno y la decencia. Por supuesto, nada de esto entra en contradicción
con la típica alegría de los cubanos, que debemos preservar y
desarrollar.
Me he limitado a hacer un recuento de los fenómenos negativos más
representativos, sin el ánimo de relacionarlos uno por uno, ya que ello
extendería innecesariamente estas palabras.
Con el concurso del Partido y los organismos del Gobierno, se efectuó
un primer levantamiento que arrojó 191 manifestaciones de este tipo
-conscientes estamos de que no son las únicas y de que hay muchas más-,
separadas en cuatro categorías diferentes: la indisciplina social, las
ilegalidades, las contravenciones y los delitos recogidos en el Código
Penal.
El combate contra esas nocivas conductas y hechos debe efectuarse
utilizando diversos métodos y vías. La pérdida de valores éticos y el
irrespeto a las buenas costumbres puede revertirse mediante la acción
concertada de todos los factores sociales, empezando por la familia y la
escuela desde las edades tempranas y la promoción de la Cultura, vista
en su concepto más abarcador y perdurable, que conduzca a todos a la
rectificación consciente de su comportamiento. Este será, no obstante,
un proceso complejo que tomará bastante tiempo.
El delito, las ilegalidades y las contravenciones se enfrentan de
manera más sencilla: haciendo cumplir lo establecido en la ley y para
ello cualquier Estado, con independencia de la ideología, cuenta con los
instrumentos requeridos, ya sea mediante la persuasión o, en última
instancia, si resultase necesario, aplicando medidas coercitivas.
Lo real es que se
ha abusado de la nobleza de la Revolución, de no acudir al uso de la
fuerza de la ley, por justificado que fuera, privilegiando el
convencimiento y el trabajo político, lo cual debemos reconocer que no
siempre ha resultado suficiente.
Los órganos
estatales y del gobierno, cada uno en lo que les corresponde, entre
ellos la Policía, la Contraloría General de la República, la Fiscalía y
los Tribunales deben contribuir a este empeño, siendo los
primeros en dar ejemplo de apego irrestricto a la Ley; reforzando así su
autoridad ante la sociedad y asegurando el apoyo de la población, como
ha quedado demostrado en el enfrentamiento reciente a bochornosos casos
de corrupción administrativa, en los que se involucraron funcionarios de
organismos y empresas.
Es hora ya de que los colectivos obreros y campesinos, los
estudiantes, jóvenes, maestros y profesores, nuestros intelectuales y
artistas, periodistas, las entidades religiosas, las autoridades, los
dirigentes y funcionarios a cada nivel, en resumen, todas las cubanas y
cubanos dignos, que constituyen indudablemente la mayoría, hagan suyo el
deber de cumplir y hacer cumplir lo que está establecido, tanto en las
normas cívicas como en leyes, disposiciones y reglamentos.
Cuando medito sobre estas lamentables manifestaciones, pienso
que a pesar de las innegables conquistas educacionales alcanzadas por
la Revolución y reconocidas en el mundo entero por los organismos
especializados de las Naciones Unidas, hemos retrocedido en cultura y
civismo ciudadanos. Tengo la amarga sensación de que somos una sociedad
cada vez más instruida, pero no necesariamente más culta.
En tal sentido, vale la pena recordar aquella frase que se ha
atribuido a distintos autores, entre ellos al filósofo y escritor
español Miguel de Unamuno, quien para resumir sus vivencias acerca de
las normas de convivencia de unos campesinos de Castilla expresó: "¡Qué
cultos son estos analfabetos!"
Nada es más ajeno a un revolucionario que la resignación, o lo que es
lo mismo, la rendición ante las dificultades. Por tanto, lo que
nos corresponde es levantar el ánimo y el espíritu de combate y
enfocarnos en la gigantesca y paciente tarea de revertir la situación
creada.
En mi criterio, el denominador común de
todo este fenómeno ha sido y es la falta de exigencia de los encargados
de hacer cumplir lo establecido, la ausencia de sistematicidad en el
trabajo a los diferentes niveles de dirección y el irrespeto, en primer
lugar, por las entidades estatales de la institucionalidad vigente, lo
cual, por otra parte, menoscaba su capacidad y autoridad para exigir a
la población que se atenga a las regulaciones existentes.
Por
solo citar un ejemplo: ¿cuántas violaciones de las normativas de
Planificación Física han sido detectadas en el sector estatal a lo largo
y ancho del país, algunas de ellas denunciadas en la prensa? Hay que
reforzar, como ya lo estamos haciendo, el orden y la disciplina en todos
los organismos del gobierno.
Al propio tiempo,
los dirigentes desde las instancias nacionales hasta la base, deben
abandonar la pasividad y la inercia en su conducta; deben dejar de mirar
al otro lado, cuando el problema está aquí, para no verlo. Basta ya de
tener miedo a buscarse problemas en el cumplimiento de nuestros deberes,
y asumir como propia una mentalidad de orden, disciplina y exigencia,
sin temor a buscarse problemas por reclamar el cumplimiento de lo
establecido.
El enfrentamiento a la indisciplina
social no puede convertirse en una campaña más, sino en un movimiento
permanente cuya evolución dependerá de la capacidad de movilizar a la
población y a los diferentes actores de cada comunidad, sin excluir a
nadie, con rigor e intencionalidad política.
Hagamos balance de las fuerzas con que cuenta la Revolución y comprenderemos que son más que suficientes para alcanzar el éxito.
Las
primeras acciones realizadas por el Partido, la Juventud y las
organizaciones de masas para fortalecer la prevención y el
enfrentamiento han evidenciado, en apenas cuatro meses, que a medida en
que las instituciones políticas, sociales y administrativas han
profundizado su actuación en esta esfera, la población ha patentizado su
respaldo y se suma denunciando y combatiendo hechos y conductas
violatorias de la legalidad.
Si queremos triunfar en esta tarea
hay que incorporar al pueblo, a cada ciudadano, no mediante arengas y
consignas vacías en encendidas reuniones, sino sembrando en cada uno la
motivación por ser mejores y llevando por delante el ejemplo personal.
Ese
era el tema central de mis palabras, aprobadas por el Buró Político en
la mañana de ayer. Sobre este tema que acabo de concluir se puede estar
hablando varias horas, pero es suficiente lo que he dicho, lo demás se
debe publicar.
Como es natural esto se publicará en toda nuestra
prensa. Yo les sugiero a todos ustedes y a los que me escuchan, que se
lo lean con calma, y mediten individualmente, solo les pido que mediten
personalmente.
Pasando a otro tema, ayer nuestros diputados
emitieron un Llamamiento a todos los parlamentos del mundo y a las
personalidades comprometidas con la justicia para que reclamen a las
autoridades de Estados Unidos la liberación y el regreso inmediato de
Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando, quienes el próximo 12 de septiembre
cumplirán 15 años de injusta prisión.
También aplaudimos las
emotivas palabras del Héroe de la República de Cuba, René González,
quien ha venido a reforzar la lucha por esta noble causa, que no se
detendrá hasta que todos retornen a la Patria.
Finalmente
debo expresar que las recientes revelaciones del ciudadano
norteamericano Edward Snowden permitieron confirmar la existencia de
sistemas de espionaje global de Estados Unidos, que violan la soberanía
de las naciones, incluso, de sus aliados, y los derechos humanos.
Cuba
que ha sido históricamente uno de los países más agredidos y también
más espiados del planeta, ya conocía de la existencia de estos sistemas
de espionaje.
Lo nuevo e inusitado ha sido la manera en que se ha
impuesto el control mediático y la censura para desviar la atención de
lo fundamental, o sea, el enorme poder del gobierno norteamericano en el
control masivo de las tecnologías de la información y de los medios de
comunicación y centrarse, entonces, en la persecución internacional del
denunciante.
Aprovechándose de su poderío mediático internacional
-supranacional ya porque estos medios se van por encima de las
naciones- se concentran ahora en la persecución internacional del joven
denunciante de estas actividades.
Las amenazas de aplicar medidas
económicas contra Ecuador y la acción concertada de varios países
europeos para impedir el sobrevuelo o aterrizaje del Presidente Evo
Morales, demuestran que vivimos en un mundo en el que los poderosos se
sienten en condiciones de violentar el Derecho Internacional, vulnerar
la soberanía de los Estados y pisotear los derechos de los ciudadanos.
Ante esta filosofía de dominación, todos los países del Sur estamos y continuaremos estando en peligro.
Apoyamos
los legítimos reclamos y pronunciamientos de los Presidentes de
Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Brasil, Uruguay y de
otros líderes latinoamericanos y caribeños.
Llamamos
a la movilización de la opinión pública internacional, a la enérgica
denuncia y firme condena de las amenazas contra Ecuador y del atropello
contra el Presidente de Bolivia, contra toda Nuestra América.
Respaldamos
el derecho soberano de la República Bolivariana de Venezuela y de todos
los Estados de la región de conceder asilo a los perseguidos por sus
ideales o luchas por los derechos democráticos, según nuestra tradición.
No
aceptamos dobles raseros, interferencias ni presiones de ningún tipo.
Como ha señalado el Presidente Nicolás Maduro, no se puede dar refugio y
negar la extradición a Venezuela de un terrorista internacional como
Posada Carriles, autor, entre otros crímenes, de la voladura en pleno
vuelo de un avión de Cubana de Aviación con 73 seres humanos, y al mismo
tiempo pretender que esta hermana nación no ejerza su derecho legítimo.
Hoy
estamos a 7 de julio, nos separan pocos días para conmemorar el 60
aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de
Céspedes. Enfrentemos los nuevos retos con la misma decisión e
inconmovible fe en la victoria que siempre nos ha inculcado el Jefe de
la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.
Muchas gracias (Aplausos).
Video del discurso de Raúl Castro:
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