Bancos centrales: Especulación y fraude a gran escala
Por Jorge Valín
Libertad Digital, Madrid
Recientemente, el inversor Jeremy Grantham hizo unas declaraciones a la cadena CNBC donde afirmaba que "la Reserva Federal se ha pasado la mayor parte de los últimos 15 ó 20 años manipulando los mercados". En su opinión, la Reserva Federal "sabe muy bien que lo que hace no tiene un efecto directo en la economía". La función de Bernanke y antecesores sólo habría servido para aumentar el efecto riqueza del ciudadano. Los mercados suben y la gente se siente rica. No es más que una ilusión de riqueza. Grantham está definiendo una burbuja, y como bien afirma, éstas son el peor mal del inversor, el mercado y la economía.
Ante las críticas a los bancos centrales (especialmente a la Reserva Federal) y sistema actual de moneda barata, se está expandiendo la idea de introducir el patrón oro –o el Patrón Cambio Oro de Bretton Woods– como alternativa. La propuesta ha creado una contrarreacción. Una de las ideas más peregrinas que están usando contra el metal–moneda es que los bancos centrales no podrían dirigir la economía mediante sus políticas monetarias. Bueno, es que la idea es esa, que nadie manipule la economía por un puñado de votos ni intereses corporativistas. ¿Han solucionado algo los bancos centrales hasta ahora? Más bien son los causantes en primera instancia del desastre económico actual y del pasado.
Una de las razones por las cuales aún hay gente que confía en la manipulación de la moneda como solución a las crisis es porque no entienden la definición de dinero en su término más económico. La moneda por sí misma no puede generar riqueza. Si una nación es pobre, por más billetes que cree su Gobierno no hará ricos a sus ciudadanos, al revés, perderían poder adquisitivo día a día. Toni Mascaró lo plasmó perfectamente en un brillante ensayo: "El dinero sólo tiene valor cuando la riqueza ya existe. Su razón es precisamente la de representar riqueza que ya ha sido producida o se está produciendo pero que todavía no se ha consumido, es decir, bienes y servicios que podemos intercambiar por otros".
Efectivamente, el dinero no es más que un reflejo de la riqueza productiva de una economía. Manipular el dinero para crear riqueza solo nos llevará a una ilusión de bienestar perecedera que acabará ajustándose violentamente en cuanto la demanda se contraiga debido a los altos precios, creando la caída en cascada de todos aquellos escenarios productivos que no se ajustaban a la realidad. En la última crisis, el ladrillo.
El dinero –más concretamente su valor– solo es propiedad de quien se lo gana o posee legítimamente, no del Gobierno ni de ningún banco central. Nadie tiene autoridad para depreciar el valor de nuestro capital productivo. El dinero es la plasmación física del trabajo de cada persona. Si el ciudadano tiene prohibido emitir billetes, también ha de estar prohibido para los órganos del Gobierno y sus hermanos serviles como los bancos centrales. La manipulación del dinero desde un sóviet central es economía planificada, colectivismo y falsificación. Los bancos centrales no sólo son los mayores especuladores de la Tierra, también los mayores falsificadores del mundo. Cuanto más papel emiten los dictadores de la producción, más valor roban a nuestro dinero.
Y es que lo único que hacen las políticas monetarias es manipular los mercados para crear burbujas y beneficiar a los oligarcas del Poder. Es una de las ramas más poderosas del capitalismo de Estado: grandes déficits, dinero barato, ninguna disciplina financiera y grandes corporaciones que aprovechan estas burbujas. Un antiguo miembro de la administración Reagan, David Stockman, recientemente calificó este sistema como el "catecismo neocon" que prácticamente no guarda ninguna diferencia con el "catecismo keynesiano".
Apartemos al Gobierno de nuestras vidas y de nuestro dinero. Si el Gobierno hace malas leyes, también hace mal dinero. Las políticas de los bancos centrales se están basando en nuevas burbujas hacia otros sectores de la producción. Cuando vuelva a venir otra crisis, los lobbies que se hayan lucrado estarán exentos de responsabilidad, como ya ha ocurrido.
La moneda fiat, la del Gobierno, ha de ser abolida, desregular el dinero, privatizarlo y apostar por un sistema con una moneda sana, basa en el oro o cualquier otro activo que elija el mercado. Si no controlamos nuestro dinero, no seremos nunca responsables de nuestro futuro. Ahora más que nunca, hacen falta cambios radicales.
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