La verdad desestabiliza al mentiroso
Por Marta Yolanda Díaz-Duran
Siglo XXI
¡Tantas cosas sobre las cuales quiero reflexionar hoy, y no sé por dónde empezar! En fin, hay al menos uno de los temas que sé que no debo tocar en esta ocasión: el legal. A pesar de que me encantaría, y estoy segura de que deleitaría a mis dilectos lectores, quienes no imaginan hasta dónde puede llegar el abuso de los poderosos a la hora de intentar intimidar a una ciudadana que, en el caso de la presente escribidora, ejerce el periodismo. Por cierto, un intento frustrado. Fallido, como la mayoría de proyectos emprendidos por el presente gobierno.
No trato el asunto de la querella penal que presentó en mi contra ante el Ministerio Público José Rafael Espada, “como funcionario público y en calidad de Vicepresidente de la República”, por sugerencia de mi selecto grupo de abogados que, sin cobrar un centavo, me están apoyando en estos momentos en los que me enfrento contra el poder del Estado representado por el nombrado Espada que cuenta, al menos en apariencia, con el apoyo del presidente, Álvaro Colom.
En lo que respecta a la parte jurídica, sólo quiero recordarles a Espada, a Colom y a sus respectivos asesores, el segundo párrafo del artículo 35 de la Constitución Política de la República de Guatemala: “No constituyen delito o falta las publicaciones que contengan denuncias, críticas o imputaciones contra funcionarios o empleados públicos por actos efectuados en el ejercicio de sus cargos.” ¿Acaso no está claro para cualquiera lo expresado en nuestra Carta Magna?
Quiero aprovechar para agradecer a los reconocidos juristas: José Luis González Dubón, Luis Pedro Álvarez, Alejandro Baldizón, Marta Altolaguirre y José Francisco Alonzo, por sus sabios consejos y la manera decidida en la cual trabajan la parte legal de mi defensa. De alguna manera, en algún momento, tendré la oportunidad de corresponder a este acto noble y digno de acompañarme en esta parte de la batalla.
También quiero darles las gracias a los periodistas que, en lo individual, se han pronunciado sobre este caso que atenta contra uno de los derechos más importantes de los humanos: el derecho a la libre emisión del pensamiento. El derecho a la libre expresión, que no sólo es exclusivo del mundo de las palabras.
Por supuesto, si no fuera por el cariño y respaldo de mi familia, mis amigos y una incontable cantidad de personas que aún no conozco, pero siento muy cerca de mí, esos miles de lectores y oyentes, hombres y mujeres libres de mi país, las circunstancias serían menos llevaderas. Gracias a todos. Desde lo más profundo de mi corazón.
Y, como he repetido hasta el cansancio, sostengo hasta la última palabra (incluidos los adjetivos, cuya utilización es justificada), coma y punto que dieron vida a “El beso de Espada”. Por cierto, quisiera conocer cuál es la opinión de Carlos Castresana en lo que respecta a los hechos mencionados en mi artículo citado. ¿Algún aguerrido periodista del área de investigación se anima a preguntarle?
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