La tortura y el derecho natural
Por Hana Fischer
Recientemente el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, dio a conocer ciertos memos del Departamento de Justicia de la era Bush. En ellos se justificaban –moral y legalmente- ciertas prácticas contra los detenidos como ser el ahogo simulado, la privación del sueño por largos períodos (hasta 11 días), el confinamiento restringido en una pequeña caja oscura, las posiciones tiesas durante largo tiempo, la desnudez forzada y la violencia física.
Sin embargo, a pesar de la conmoción que provocó dicha revelación, Obama declaró que el personal de la CIA que siguió las pautas legales de Bush que autorizaban dicha tortura, no será procesado. Fundamentó su decisión con el argumento de que “no se ganará nada desperdiciando nuestro tiempo y energía en encontrar culpables por lo ocurrido”.
A raíz de esa situación, nos cuestionamos: La tortura, ¿es una crueldad que en ciertas circunstancias se torna forzosa?
Charles Krauthammer considera que “La tortura es un mal inadmisible. Excepto bajo dos circunstancias. La primera es la situación del atentado inminente. La vida de un inocente está en juego. El malo al que se ha capturado posee información que podría salvar esta vida. Él se niega a revelarla.” Y que “La segunda excepción a la norma de no torturar nunca es la obtención de información de un enemigo de elevado valor que posee información valiosa que es probable que salve vidas.”
Analizando los resultados obtenidos mediante estos métodos aberrantes, Krauthammer expresa que “Las pruebas de las que se dispone son bastante convincentes. George Tenet decía que el programa ‘de interrogatorio avanzado’ por sí solo obtuvo más información que nada procedente ‘del FBI, la Agencia Central de Inteligencia o la Agencia de Seguridad Nacional juntos’. ” Asimismo recuerda que Mike McConnell, Jefe de Inteligencia del ex presidente George W. Bush, afirma que “Hay gente por ahí que sigue viva en este país hoy gracias a que tuvo lugar este proceso”.
Y por esa línea de razonamiento llega a la conclusión, de que “es imprudente que una persona que renuncia a la tortura bajo cualquier circunstancia tome decisiones de seguridad nacional de las que depende la protección de 300 millones de paisanos.”
Discrepando con esa visión, Ivan Eland señala que “El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”. Algo que la evidencia histórica se ha encargado de demostrar en forma sostenida. Este autor expone, que el almirante Dennis “Blair (sucesor de McConnell en la administración Obama) está asumiendo de manera implícita que la tortura es eficaz para sacarles buena información a los prisioneros, algo que los más experimentados interrogadores del FBI y militares sostienen que no es así. Khalid Sheikh Mohammed, quien planeó los ataques del 11/09, aparentemente le suministró a la CIA información falsa cuando fue torturado, probablemente solo para detener su sufrimiento. Incluso los memos del Departamento de Justicia que describen las duras técnicas admitían que era difícil distinguir entre un prisionero que estaba guardándose información de aquel que no tenía ninguna.”
La tortura es una praxis que comenzó en la noche de los tiempos. Es tan vieja como la humanidad misma. Se ha torturado sistemáticamente y en forma constante bajo las más diversas excusas. No hay período histórico o lugar del mundo que se encuentre libre de culpa.
Los pueblos salvajes martirizaban a los foráneos, a los prisioneros de guerra o por motivos religiosos. A medida que las naciones se fueron civilizando, surgió la necesidad de justificar las razones por las cuales se considera imperioso el aplicar tormentos a ciertas personas. El objetivo siempre ha sido que la población cierre los ojos frente a esa aberración. Que en su fuero íntimo cada uno piense: “Sólo les pasa a ‘los malos’. A mí o a los míos, jamás.”
Ésa, precisamente, es la idea que se quiere propagar, pero en los hechos, está muy lejos de ser verdad. La instauración de un régimen abominable sólo es posible si se expande esa forma de razonar. Porque una vez que la sociedad civil acepta que existe “el malo” al cual hay que “eliminar”, cualquier barrera de contención –moral o legal- es arrasada con furioso ímpetu. Así lo atestiguan La Inquisición, el nazismo, el fascismo, el comunismo, las dictaduras militares…
El precio a pagar por esa pretendida “protección” impuesta mediante “El Terror”, es el envilecimiento de la nación entera.
Esencialmente, con la tortura lo que se busca es denigrar a la persona humana. Deshumanizarla. La extralimitación del poder se ostenta, humillando a un individuo completamente indefenso. El verdugo puede “legalmente” dar rienda suelta a sus instintos más sádicos. Por eso, no todos se prestan para esas tareas. Es el triunfo de lo peor y más oscuro que medra en una comunidad. La consagración de la barbarie.
Además, es absurdo pretender que el instrumento adecuado para tener “seguridad nacional”, sea que todos vivan en la zozobra continua.
Muchos autores sostienen que el único derecho que existe es el positivo; es decir, el creado por el legislador. Que es ridículo afirmar que existe un derecho “natural”; uno, que le sea “dado” al hombre y por lo tanto, esté más allá de la voluntad de los gobernantes.
Con respecto al derecho positivo, es fundamental destacar que en todo tiempo y lugar, los dueños del poder han establecido leyes para legitimar sus acciones. Aun las más irracionales y/o crueles. Si nos guiáramos por los intereses de las autoridades, entonces, la violencia, la inseguridad y la vida breve serían la condición cotidiana de la humanidad. Es decir, el “estado de guerra” perpetuo.
Por ejemplo, en el Cono Sur se comenzó a maltratar a “los malos” durante el período democrático, con el argumento de combatir a las guerrillas. El proceso desembocó en las dictaduras militares de los ‘70s-‘80s, con su secuela de secuestros, “desaparecidos” y asesinatos viles. Una historia que nos sigue horrorizando y avergonzando hasta el día de hoy.
En cambio, el Derecho Natural apela a los sentimientos más elevados del hombre, a la Razón Universal, a la voz de la conciencia individual. Es el derecho justo por excelencia. Es aquel que pone por encima de cualquier otro valor, la dignidad intrínseca de cada ser humano. Sus pilares son la doctrina de los derechos individuales, la igualdad ante la ley y las garantías del debido proceso. Es el que da origen al Estado de Derecho, que ha demostrado ser muy superior a cualquier otra forma de gobierno.
Por todas estas razones es que la norma de no torturar, no admite excepciones. Y los que realicen acciones abyectas -con mayor causa si son funcionarios públicos- deberían ser castigados.
- 28 de septiembre, 2026
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