Terrorismo electoral
Por Danilo Arbilla
Buenos Aires — El gobierno argentino, en iniciativa inédita, ha decidido adelantar para el 28 de junio las elecciones legislativas parciales previstas para el 25 de octubre próximo, en un nuevo toqueteo a las instituciones democráticas.
Por estos lares latinoamericanos la democracia cada vez sufre más traspiés, tropezones y porrazos debido a una especie de terrorismo de estado electoral que se ha instalado, por el cual varios gobiernos de la región a través de recortes y ataques a la prensa, uso y abuso de los dineros públicos, persecución fiscal y judicial o la directa proscripción de las principales figuras opositoras y hasta fraudes, ha envilecido la consulta electoral, transformando el acto emblemático de la democracia en el más efectivo instrumento autoritario y fascista.
No es que sea una novedad, ya ha ocurrido en el pasado, aquí y en otras partes, pero se le ha cambiado la carátula. Ahora es en nombre del progresismo que se echa a andar la máquina y se llama el pueblo a votar y se utiliza la vía democrática para negar la democracia. Y se hace cuantas veces sea necesario: si en este último referéndum otra vez le hubiera fracasado su intento reeleccionista, Hugo Chávez habría seguido convocando otros tantos, cada tres o cuatro meses, hasta que se le diera, aunque tuviera que terminar con los escasos petrodólares que le quedan.
En una conversación con dos colegas argentinos, que saben y son muy respetados, estos coincidieron en que se trata de una apuesta fuerte y arriesgada de Néstor Kirchner, que se enmarca en esta especie de abuso electoral. ''Sacó una carta de la manga'', me dijo uno. ''Sí, pero quizás sea la última'', advirtió el otro.
El creciente derioro de la situación en Argentina, en donde los síntomas de la recesión cada vez son más fuertes, en que continúa el conflicto con los productores rurales –el que se ha agravado en estas horas–, crecen las denuncias sobre corrupción que involucran a los Kirchner y allegados y la inseguridad pública alcanza niveles de escándalo –todo lo que se agravaría aún más con el pasar de los meses y, en particular, con el invierno en medio– hacía prever un fuerte golpe al kirchnerismo en las legislativas de octubre.
Parecería que Kirchner –que además ha perdido varios aliados políticos– también lo ve así y de ahí su intento de ganar tiempo y adelantar las elecciones. Cuanto antes mejor, se habrá dicho, sobre todo pensando en las posibilidades de su ''caja'', la que, como ocurre con Chávez, constituye su mejor argumento en momentos en que hay que juntar votos.
Lo que no surge claro es el dividendo que obtendrá: un poco más de tiempo para nada y desviar transitoriamente la atención de los problemas reales que acucian a los argentinos. Dando por hecho que el Senado en los próximos días ratifique el adelanto electoral –si no ocurre así será otro duro golpe y un papelón para los Kirchner–, poco tiene para ganar aun en el caso de que le vaya bien. Una mejor representación en Diputados y Senado le sirve de poco a su estilo verticalista. Puede, en cambio, dársele la contraria y que el adelanto sirva de aglutinante de la oposición y surja un Congreso opositor que le dé mayores dolores de cabeza de los que ya le está dando el actual, donde se supone que el oficialismo es mayoría.
Y cualquiera sea el resultado, no soluciona los problemas reales. Hoy el tema está en primera plana. Eso lo consiguió. ¿Y después qué? Sacó una carta de la manga, pero no es tan buena. Y puede, sí, que sea la última.
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