Ciencia meteorológica y ciencia ficción
Pocos fenómenos suscitan tan acalorados debates a tenor de las ortodoxias en vigor en torno al calentamiento global. Esta columna informaba y comentaba recientemente algunos avances relativos al debate de si un calentamiento global está teniendo lugar o no y de lo que se puede y se debería hacer. Esa columna, que expresaba escepticismo con algunas de las proclamas enfáticas realizadas por los alarmados, realizaba un viaje al pasado a través de las ruinosas predicciones de los años 70 de un calamitoso enfriamiento global casi seguro.
Con respecto a esas predicciones, el New York Times — igual que se encuentra hoy en una cruzada contraria — sirvió de megáfono de los alarmados, como cuando (el 21 de mayo de 1975) informaba de que "un importante enfriamiento del clima" se "considera mayoritariamente inevitable" porque estaba "bien demostrado" que el clima del Hemisferio Norte "viene enfriándose desde alrededor de 1950”. Ahora el Times, una corneta que nunca toca a retirada en la actual guerra contra el calentamiento, permite a esta columna la oportunidad de examinar otra faceta de esta materia — el periodismo lenocínico al servicio de certidumbres dudosas.
El miércoles, el Times publicaba un "análisis informativo" — una noticia en la sección de información del diario, pero una noticia que no era simplemente información — acusando a Al Gore y a éste su columnista de inexactitudes. Gore puede defenderse solo. Este columnista también.
La noticia del periodista Andrew Revkin se titulaba: "En el debate sobre el cambio climático, la exageración es el peligro común”. Sobre exagerar, el Times sabe de lo que habla, especialmente cuando revisa, si es que lo hace alguna vez, sus informaciones vertidas a tenor de la histeria del enfriamiento global de los años 70, y su crónica y editoriales — una distinción que carece de diferencia en muchas ocasiones — concernientes a las controversias de la actualidad en torno al clima.
Lo que nos devuelve a Revkin. En una noticia sobre periodismo presuntamente, él afirma por las buenas — ¿cómo lo sabe? — que la última década, que transcurrió sin calentamiento, fue simplemente "una pausa en el calentamiento”. Su tentativa por contactar con éste su servidor consistió en un correo electrónico enviado a las 17:47, unas cuantas horas antes de que el Times publicara su noticia, que no era material tan sensible a la actualidad — se refería a controversias que llevan en vigor mucho tiempo — que hubiera de publicarse al día siguiente. Pero Revkin informaba que "los expertos afirman" que la intervención de este columnista en el debate del clima estuvo "trufada de" inexactitudes. Los presuntos expertos de Revkin podrían hasta existir y podrían hasta tener credenciales, pero carecemos de los nombres que Revkin quería aportar.
En cuanto a las reclamaciones inespecíficas de los anónimos científicos en torno a las presuntas inexactitudes innumerables de esta columna: la columna contenía muchas afirmaciones objetivas pero sólo una ha sido cuestionada. El desafío identificado es el erróneo.
Citando datos del Centro de Investigación Climática del Ártico dependiente de la Universidad de Illinois, según son interpretados el día 1 de enero por Daily Tech, un blog de información científica y tecnológica, la columna rezaba que desde septiembre "el incremento del hielo marítimo ha sido la alteración más rápida, ya sea al alza o a la baja, registrada desde 1979, fecha en que se empezaron a hacer registros vía satélite”. Según el centro, los niveles de hielo marino a finales de 2008 estaban "cerca o ligeramente por debajo de los" de 1979. El centro generalmente no facilita sus estadísticas, pero en una circular fechada el 12 de enero, el centro confirma que los niveles de hielo marino globales se encontraban dentro de un margen de diferencia inferior al 3% con respecto a los niveles de 1980.
De manera que la columna informaba con precisión de lo que el centro había informado. Pero el día 15 de febrero, el domingo en publicarse la columna, el centro, recibiendo a renglón seguido muchas preguntas vía correo electrónico, difundía una circular que reza "no sabemos de dónde obtiene su información George Will”. La respuesta es: del centro, a través de Daily Tech. Puede consultar la página web del centro en la que, el día 12 de enero, la institución da a conocer la confirmación de los datos que esta columna dio a conocer posteriormente con precisión.
Los científicos del centro de Illinois ofrecen sus estadísticas con advertencias responsablemente germanas de errores de medida y comparaciones estacionales precisas entre estimaciones interanuales de los niveles de hielo marino. Ahora mismo, sin embargo, los científicos acaban con frecuencia inmersos en los enfrentamientos provocados por cualquier muestra de escepticismo en torno al consenso del calentamiento global (el cual prevalecerá hasta que se presente el consenso diametralmente opuesto; puede ver los años 70) dentro del conglomerado medios de comunicación-ecologismo. Referirse a lo cual:
El día 18 de febrero, el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de los Estados Unidos informaba que desde principios de enero hasta mediados de este mes, el rendimiento defectuoso de los sensores vía satélite que miden el hielo marino provocó la estimación a la baja de la masa de hielo marino ártico en 49.986.770,52 hectáreas, lo cual es aproximadamente el tamaño de California. El Times (“Todas las noticias sin censura”), que a fecha de este escrito no ha publicado esa noticia, debería liberar a Revkin y sus expertos anónimos para que fueran.
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