Un frigorífico brasileño ve la crisis del mercado mundial de carne como una gran oportunidad
Por Lauren Etter y John Lyons
The Wal Street Journal
SÃO PAULO—Los altos precios del grano están golpeando la industria de la carne en todo el mundo. Los ganaderos pierden dinero alimentando a sus rebaños y a los frigoríficos les está costando generar ganancias.
Sin embargo, JBS SA, con sede en la capital empresarial de Brasil, cree que puede ensamblar un imperio global de la carne. Su premisa es simple: los frigoríficos cobran barato. La demanda de carne de res en el tercer mundo está aumentando. Los precios de la carne, con el tiempo, subirán también.
Gracias a una maratón de adquisiciones, JBS se ha convertido en una de las mayores procesadoras de carne roja, superando a la estadounidense Cargill Inc. En Estados Unidos, es propietaria de Swift & Co., de Colorado, en Australia posee a Tasman Group, y en Italia es dueña de una participación mayoritaria en Inalca SpA. Si completa varios acuerdos pendientes, incluyendo la compra de otra estadounidense, National Beef Packing Co. de Missouri, contará con operaciones en 22 países.
La estrategia es riesgosa porque no está claro cuándo los frigoríficos lograrán recuperar una rentabilidad consistente. La misma JBS reportó ayer una pérdida trimestral. Tras alcanzar un récord histórico en junio, los precios del maíz han retrocedido alrededor de 20%, pero continúan en niveles muy superiores a los vistos hace un año. Los precios de los granos han subido 76% en todo el mundo en los 12 meses terminados el 30 de junio, debido en parte a un alza en la demanda de Asia y al desvío de los cultivos al sector de biocombustibles, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Los precios de la carne han aumentado 11% durante ese lapso, informa el grupo.
Miembros de la familia Batista, que fundaron JBS y la siguen controlando, dicen que su estrategia de expandirse cuando el mercado está débil está bien pensada. “A veces hacemos cosas muy atrevidas”, señala Joesley Batista, hijo de José Batista Sobrinho, el patriarca de la familia. “Pero nunca hacemos nada antes de que todas las piezas estén en su lugar”.
La gran apuesta de JBS es parte de una conmoción más amplia en la industria alimentaria global. Mientras los agricultores y corredores de granos están cosechando beneficios, el aumento de los precios de los alimentos está generando dificultades en países de todo el mundo. En economías más pobres, alzas muy acentuadas en el precio de la harina, el maíz y el arroz han incrementado los niveles de pobreza y generado disturbios sociales. Algunos países están imponiendo aranceles a las exportaciones en un intento por mantener el grano y otros alimentos que producen dentro de sus fronteras. Eso está generando dificultades en países como Haití y Bangladesh, los cuales dependen de las importaciones.
Varios factores han ayudado a mantener a raya el precio de la carne. Cuando los precios del grano se dispararon hace unos meses, los ganaderos pasaron a alimentar más animales en comederos, en parte para poder destinar terrenos de pasto al cultivo de grano. Ahora esos animales están yendo al matadero, inundando temporalmente el mercado de carne y deprimiendo sus precios.
Este aumento temporal de la oferta de vacuno mejoró los resultados de algunos frigoríficos en el segundo trimestre. Pero JBS reportó pérdidas netas de US$233 millones el jueves, lo que atribuyó en parte a los precios más altos del ganado en Brasil y a la apreciación del real. Sus operaciones en EE.UU. generaron ganancias, gracias a un aumento en las exportaciones.
Los frigoríficos se preparan para otro reto. Después de que los ganaderos acaben de enviar sus animales al matadero, habrá menos reses para matar y los costos de operar una planta frigorífica se incrementarán.
Las compañías de carne de EE.UU. no han generado ganancias sólidas desde 2003, antes de que la detección del mal de la vaca loca en ese país llevara a algunos gobiernos a prohibir las importaciones de vacuno de EE.UU. Esos países han vuelto a comprar carne de res estadounidense, pero mercados clave como Japón y Corea del Sur han impuesto nuevas restricciones. Las exportaciones a Asia están lejos de lo que solían ser.
“Las oportunidades para que JBS realmente alcance rentabilidad en los próximos años son más difíciles de lo que parecían hace 12 meses”, señala Steve Kay, editor de Cattle Buyers Weekly, un periódico del sector. Debido a que los consumidores ya están sufriendo el alza de los precios de la gasolina y de otros alimentos, explica, seguramente elegirán carnes más baratas como pollo o cerdo si la carne de res sube demasiado.
Aún así, muchos expertos dicen que un alza de precios del vacuno es inevitable. El Departamento de Agricultura de EE.UU. prevé que los precios suban hasta 7% el próximo año, un incremento mucho mayor que el proyectado para otros alimentos.
JBS informa que una parte esencial de su estrategia es posicionar a la compañía para sacar provecho del alza en la demanda de carne proveniente de los países en desarrollo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ha pronosticado un aumento de 26% en el consumo de carne en los países en desarrollo en la próxima década, a medida que mejoran sus estándares de vida.
Hace mucho que granos como el trigo y el maíz son considerados bienes básicos. En la industria de la carne, los productores generalmente han confinado su producción a sus propios países. La última empresa que trató de establecer una presencia global significativa fue Vestey Group, un frigorífico británico que en el siglo XIX se expandió globalmente a la par del Imperio Británico.
JBS quiere hacer justo eso. Adquiriendo puntos de entrada en varios países, pretende esquivar barreras comerciales y otros obstáculos a la venta global de vacuno. También quiere ser más eficiente que sus rivales y compensar pérdidas en un mercado con ganancias en otro. “No hay límites” en las oportunidades de expansión, dice José Batista Junior, el hijo mayor del fundador quien es miembro de la junta de JBS. José Batista padre empezó su negocio hace medio siglo comprando vacas y vendiéndolas a frigoríficos en el estado de Goiás. Abrió una carnicería en 1953 y empezó a matar una vaca por día. Cuando el gobierno de Brasil trasladó la capital de Rio de Janeiro a Brasilia en 1957, Batista le siguió, abriendo uno de los primeros mataderos de la región.
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