La revolución sin luz
Por José Tomás Angola Heredia
2001
Lo siguiente lo escribí el martes en la más absoluta oscuridad: “Este apagón de hoy en todo el país lo estoy entendiendo como una perfecta metáfora de la revolución asqueante que sufrimos. Lo que tocan los chavistas, lo destruyen. Cada industria, cada empresa que han nacionalizado (aunque habría que decir que se han apropiado para ellos porque en realidad no ha habido ninguna nacionalización) se vuelve un caos, la anarquía, un foco de corrupción indescriptible. Ahí está Pdvsa que de ser una organización modelo ahora es una covacha de ladrones e ineptos. ¿Por qué la revolución se rodeará de inútiles? Imagino que eso viene desde la cabeza. Chávez en su vida militar no pasó de ser un mediocre oficial del montón.
De lo único que se pudo preciar es de su capacidad casi sobrehumana para hablar y hablar. La vehemencia y la incontinencia verbal son sus activos más valiosos. Y como el mundo está lleno de pendejos ansiosos que le digan a dónde ir, pues se juntaron la picazón y las ganas de rascarse. No diré el exabrupto de que en tiempos de la cuarta jamás hubo un apagón. Claro que los hubo, pero me parece tan simbólico que escasamente a un año de haberse quedado con la Electricidad de Caracas suframos esta interrupción eléctrica. Así es con todo. Cada iniciativa, cada programa de esos en los que Chávez regala dinero o comida o cualquier cosa a la vuelta de la esquina se echa a perder. Es que ni su partido se escapa. Ese mezclote de arrastrados, fracasados, analfabetos funcionales, oportunistas y trapisondistas que forman el liderazgo del PSUV, son los eternos inútiles que en otra época, y si este país fuera serio, no figurarían ni en las juntas de condominio de sus edificios. Pero la mediocridad llama a la mediocridad.
Más sorprendente aún es que este apagón se haya vuelto una rochela. En Venezuela todo termina siendo una excusa para la broma y la risa. Tardé casi dos horas en llegar a mi casa y durante todo el trayecto escuché las cosas más risibles. Una señora, vecina mía en la tranca que aconteció, amenazaba a su hijo, pasajero fastidiado del vehículo, diciéndole que se quedara quieto porque sino lo llevaría a Miraflores y lo dejaría allá con Chávez. Un acróbata de circo de esos que se paran en la esquinas con sus malabares de fuego proclamaba a todos, mientras hacía su suerte con candela, que estábamos viendo la única luz de la noche por lo que debíamos dejar la pichirrería y darle una buena limosna ya que él estaba haciendo un servicio público. Un motorizado cantaba voz en cuello “Yo tenía una luz que a mí me alumbraba y venía un chavista y zass… me la apagaba”. Es imposible no reírse con esa cotidianidad ocurrente. Menos mal que es así. En algún país eslavo o nórdico, de esos en los que sólo se ríen dos o tres veces al año y por cortesía, un suceso de esta magnitud, un apagón nacional de más de dos horas, habría resultado en el incendio del palacio de gobierno y el linchamiento de todos los funcionarios públicos, incluyendo el mandatario del lugar.
A veces me cuestiono ese humor tan liviano y a flor de piel del venezolano. Quizá sea la razón para que no nos tomemos en serio nada. Quizá ese sea el motivo para que las cosas más terribles, por ejemplo una revolución que poco a poco nos arrincona, nos mata de hambre y nos vuelve unos sometidos, pueda permanecer entronizada en el poder por casi una década. Cuando algunos amigos del exterior escuchan estas cosas se sorprenden de la enorme pasividad e inercia con la que se mueve este país. Debe ser por eso que en los dos siglos de existencia republicana nuestra historia se parece más a un columpio que otros mecen que al camino lento pero continuo de los demás países.
El laptop empieza a avisarme que me quedan sólo 15 minutos de batería y nada que regresa la luz. No sé por qué pero en medio de esta oscuridad me imagino a Hugo muerto de la risa con sus carnales de farra en alguna sala de reuniones de Miraflores. Se ríe de nosotros, de este país bolsa que gobierna a voluntad. Casi privado de la risa comenta que a pesar de que el 2 de diciembre le dijimos que no a su proyecto de nación comunista, él igual nos la va a clavar así sea a través de decretos inconstitucionales y proyectos ilegales. Chávez también se ríe del apagón pero su risa no es como la de la vecina del tráfico, o la del maromero de esquina ni siquiera como la del motorizado cantarín. Su risa es mofa cruel, es burla con saña, hiriente y humillante sorna que hace de nosotros.
Seguimos sin luz en todo el país. Pero los que estamos en la oscuridad somos nosotros mientras la revolución y sus compinches viven en la absoluta iluminación. ¡Qué sorpresa se van a dar cuando sean ellos los que sufran el apagón y la luz regrese al resto del país! Entonces las risas desaparecerán y verán nuestros rostros transidos de furia. Por eso decía que este corte de energía tenía un halo a metáfora que no la brinca un venado. Y en la oscuridad yo también me río soñando con el momento en el que la revolución se quede verdaderamente sin luz.
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