Las hipotecas de alto riesgo
Por Robert Samuelson
Siglo XXI
Desde 1980, el sistema financiero de Estados Unidos ha cambiado drásticamente, despertando ahora una ansiedad generalizada. Muchos préstamos, que en un momento eran otorgados directamente por los bancos, son ahora “securitizados”; es decir, empaquetados en títulos parecidos a los bonos y vendidos a inversores (fondos de pensión, instituciones de inversiones, fondos de alto riesgo y a los mismos bancos).
Hasta hace poco, la transformación parecía tener un éxito espléndido.
Los mercados crediticios se habían ampliado; el riesgo se había extendido a un espectro mayor de inversores. Eso es lo que se decía. Pero era un engaño. Los valores que contenían las hipotecas de alto riesgo —préstamos otorgados a prestatarios menos sólidos— han experimentado incumplimientos inesperados, rebajas de la calificación crediticia y pérdidas.
Los mercados financieros y de crédito se basan en la confianza. La crisis de las hipotecas de alto riesgo ha corroído esa confianza. Se estima que las pérdidas son de 50 mil millones de dólares para arriba.
La debacle sugiere la siguiente pregunta: ¿Qué pasa si este no es el único problema? Consideremos las “permutas de moras de créditos” (CDS, siglas en inglés) como una posible secuela. Las CDS son, en efecto, contratos de seguro sobre préstamos o bonos: El vendedor recibe un pago y, a cambio, se aviene a pagar al comprador parte o toda la cantidad de un préstamo o bono designado, si la empresa prestataria (digamos, General Motors o IBM) entra en mora. Pero observen: ninguna de las partes de una CDS tiene que ser el que otorgó el préstamo o el que lo recibió. En general, son extraños. Están simplemente apostando a la solvencia crediticia de los diversos prestatarios.
Desde 2004, el volumen de las CDS ha aumentado alrededor de siete veces. Dado el volumen de las pérdidas potenciales, las de las hipotecas de alto riesgo podrían parecer pequeñas. En una economía fuerte, las moras en bonos corporativos y préstamos de empresas han sido bajas.
Se produce un efecto piramidal; la economía se ha vuelto más vulnerable a los reveses crediticios. En teoría, las pérdidas en CDS de un inversor deberían compensarse por las ganancias de otro. En la práctica, se espera que algunos de los mismos inversores de CDS entren en mora. Las reservas de capital y pérdidas de los bancos y de las instituciones de inversiones sufrirían, limitando la capacidad de las empresas y de los consumidores.
A pesar de todos los bramidos, las pruebas de una crisis crediticia aún son escasas. Aunque las normas crediticias se han apretado, los préstamos bancarios aún están creciendo. El peligro obvio es otra ola de pérdidas grandes que perjudique a los inversores, particularmente a los bancos.
La Reserva Federal actuó, la semana pasada, para anticiparse a esa posibilidad, creando un nuevo procedimiento de préstamo, por el que los bancos pueden pedir préstamos de la Reserva, la cual busca mantener la confianza sin rescatar a los acreedores crediticios de sus decisiones equivocadas y evitar una recesión, mientras reduce la inflación. La dificultad de reconciliar todos estos valiosos objetivos puede explicar la gran brecha de percepción.
(c) 2007, Washington Post Writers Group, publicado en Newsweek
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