Los esfuerzos de las compañías europeas para contrarrestar la debilidad del dólar
Por Alistair MacDonald
The Wall Street Journal
En un viaje de negocios a Estados Unidos hace dos años, el empresario británico Graham Murphy pasó por un centro comercial para comprar unas camisetas y unos jeans. Mientras se maravillaba de cómo la debilidad del dólar hacía que todo pareciera tan barato en comparación con los precios de su país, tuvo una revelación inquietante.
“Ahí fue que me di cuenta”, recuerda Murphy, quien dirige Remote Diagnostic Technologies Ltd., un pequeño fabricante de equipos médicos. “Esto no es bueno porque 60% de las ventas de mi compañía son en dólares”.
La empresa de Murphy es una entre el creciente número de firmas europeas que sufren por mantenerse competitivas en los mercados globales, a medida que el euro y la libra esterlina alcanzan nuevos récords frente al dólar. Murphy está haciendo de todo para amortiguar el golpe. Está intentando incrementar los ingresos de la compañía fuera de EE.UU., elevando su porcentaje de costos en dólares al comprar más de proveedores estadounidenses y reubicando vendedores a EE.UU.
Otras compañías están optando por EE.UU., en vez de Asia o sus mercados locales, para la fabricación de sus productos, o se han vuelto más sofisticadas a la hora de proteger sus riesgos en los mercados cambiarios.
Estos giros pueden resultar en efectos más amplios tanto como para EE.UU. como para las economías europeas. En EE.UU., nuevos trabajos creados por empresas europeas y un incremento en los pedidos de partes u otros suministros hechos en EE.UU. pueden ofrecer un colchón para su desaceleración económica.
El esfuerzo de las compañías europeas para responder al impacto de una fuerte moneda las ha empujado a nuevos mercados y las ha vuelto más confiables y productivas, lo que podría hacerlas más fuertes en el futuro.
Encontrar maneras de contrarrestar los efectos de una moneda fuerte “va a ser cada vez más importante, a medida que el dólar alcance niveles cada vez más extremos y las empresas europeas empiecen a ver los efectos en sus ganancias”, advierte Nick Nelson, un estratega de valores para Europa de USB AG, en Londres.
El euro constantemente se anota nuevos récords frente al dólar, con un alza de 11,5% en lo que va del año. Ayer, cotizaba en US$1,465 mientras que la libra esterlina compraba US$2,0368.
Craftsman Tools Ltd., un fabricante de maquinaría británico, está peinando la zona medio oeste de EE.UU. para comprar una fábrica. Por su parte, Airbus y su casa matriz, European Aeronautic Defence & Space Co., están considerando reubicar parte de su producción en economías que se basan en el dólar, incluyendo a EE.UU. El Salvador y Ecuador también usan el dólar, mientras que países como Arabia Saudita y China relacionan su moneda a la estadounidense formal o informalmente.
El año pasado, el fabricante alemán de neumáticos y proveedor de autopartes Continental AG expandió su planta en Illinois, animado por la debilidad del dólar.
Los exportadores europeos también están mirando hacia el Este, con la esperanza de diversificar sus ingresos más allá del dólar y aprovechar los florecientes mercados emergentes. La porción estadounidense de exportaciones de la zona euro cayó a 12,7% en junio, en comparación con el 16,1% registrado en enero de 1999. En el mismo lapso, la porción de Europa del Este subió de 10% a 15%. Las exportaciones a Asia, excluyendo Japón, han subido de 14,3% a 17,5%.
Sin embargo, pese a sus esfuerzos, las compañías europeas no han logrado salir ilesas de las fluctuaciones de divisas; algunas muestran arañazos. El efecto del fuerte euro es evidente en sus ganancias del tercer trimestre, las cuales fueron las que menos sorpresas positivas aportaron desde 2005. Los sectores más sensibles a los mercados cambiarios, tales como la tecnología de la información, los bienes capitales y las farmacéuticas, registraron peores resultados que sus pares estadounidenses.
Una robusta economía global ha ayudado a aminorar los daños, elevando la demanda de productos europeos y haciendo a los consumidores menos sensibles a los precios. Los fabricantes en el Reino Unido y la zona euro se anotaron un alza en los pedidos de noviembre, a pesar de que se preveía un descenso.
Pero, a largo plazo, las empresas europeas podrían beneficiarse más de una reducción de los costos y una mayor producción por cada hora trabajada.
La historia sugiere que una fuerte moneda puede ser beneficiosa para la productividad: la mayoría de los expertos dice que la sobrevaloración del dólar a principios de la década de los 80 allanó el camino para la vitalidad económica de EE.UU. durante los años 90, a medida que muchas industrias manufactureras se vieron obligadas a adoptar nuevas tecnologías para elevar la productividad y así sobrevivir.
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