El 11 de Septiembre y la lucha de los sexos
Por Mario Diament
La Nación
MIAMI.- Susan Faludi nunca ha sido ajena a la polémica. En su primer libro, Reacción: La guerra no declarada contra las mujeres norteamericanas , publicado en 1991, argumentaba que los medios norteamericanos distorsionaban la imagen de la mujer como reacción a los avances feministas.
El libro fue saludado como “la nueva Biblia feminista”, se convirtió en un best-seller y mereció el premio del Círculo Nacional de la Crítica.
Cuando su imagen de activista irredenta de la causa femenil la ponía por encima de toda sospecha, llegó Envarado: la traición del hombre norteamericano (1999), donde Faludi documentaba el progresivo achicamiento del rol masculino y concluía que la crisis del macho no es tanto el resultado de lo que hace sino de lo que se le hace.
Destacada periodista, ganadora del premio Pulitzer, Faludi acaba de atizar una nueva controversia con la publicación de El sueño del terror: Miedo y fantasía en la Norteamérica posterior al 11/9 , donde desarrolla la provocativa teoría de que los atentados infligieron un golpe tan humillante a la psiquis nacional norteamericana, que retrotrajo el reloj cultural a una era donde el hombre era el héroe protector y la mujer, la damisela indefensa necesitada de protección, en un remedo de las más convencionales películas del Oeste.
El caso Jessica Lynch
Como lo ha hecho en ocasiones anteriores, Faludi responsabiliza a los medios de acarrear esta distorsión fabricada por los expertos en acción psicológica de la administración Bush.
El ejemplo más flagrante es la historia de Jessica Lynch, la soldado herida en Irak cuando el convoy en que viajaba cayó en una emboscada y cuyo audaz rescate se convirtió en una sensación mediática, para pronto ser refutada por los hechos.
“La historia de la desvalida niña blanca arrancada de las fauces del mal por los heroicos soldados norteamericanos es la historia que todos querían escuchar”, escribe Faludi, que describe elocuentemente la manera en que la administración Bush, acompañada de una prensa complaciente, escenificó el “rescate” de la soldado de manera que se adecuase al mito forjado en los albores de la colonización norteamericana.
Los primeros colonos, argumenta Faludi, vivían en un estado de perpetua inseguridad. Una y otra vez, los intentos de proteger las fronteras de las incursiones indias, fracasaron. Muchas poblaciones, abandonadas a su suerte, fueron diezmadas por los nativos.
Este terror original dio nacimiento al mito del “hombre protector-mujer protegida” que las películas y novelas del oeste se encargaron de perpetuar y que a partir del 11 de Septiembre fue retomado por una prensa necesitada de audiencia y ansiosa de acomodarse al espíritu de patrioterismo que se había apoderado de la nación.
Bomberos y viudas
No es casual, sostiene Faludi, que los dos prototipos fundamentales que emergieron de las ruinas del World Trade Center fueran los heroicos bomberos y las compungidas viudas, aunque hubo mujeres entre los bomberos y muchos hombres perdieron a esposas y novias en los atentados.
Estos bomberos, macizos, musculosos, pronto se convirtieron en objetos sexuales, representaciones del poder varonil norteamericano que más adelante sería reemplazado por las imágenes de los soldados, no menos varoniles, partiendo a vindicar la afrenta a Afganistán e Irak, mientras las mujeres estoicas quedaban en la retaguardia, ocupadas en conservar la unidad familiar y hacerse cargo de los niños.
Faludi describe cómo el clima inmediatamente posterior al 11 de Septiembre fue aprovechado por la derecha cristiana, con la anuencia de la administración Bush, para reafirmar los “valores tradicionales” de la familia. Cita como ejemplo la afirmación del reverendo Jerry Falwell, quien culpó a “los paganos, los abortistas, los feministas, los gays y las lesbianas” de haber debilitado a los Estados Unidos, por lo que debió salir a disculparse.
Como es de esperar, no todos compraron el argumento, pero esa es la naturaleza de la polémica. Amy Wilentz, en la crítica del Los Angeles Times , considera a El sueño del terror un libro “brillante y poderoso”, que “ofrece una perturbadora y explosiva explicación de los mitos que sostienen la guerra en Irak”. En cambio, Michiko Kakutani, de The New York Times , opina que se trata de “un libro tendencioso, arrogante, torpemente razonado, que da al feminismo una mala imagen”.
Cualquiera sea la postura que se adopte, es incuestionable que Faludi ha introducido una perspectiva diferente para observar el comportamiento de la sociedad norteamericana bajo el efecto del miedo y del terror y una explicación audaz sobre las circunstancias que posibilitaron la inepta aventura en Irak.
En todo caso, concluye la autora, “vivir un mito nos lleva a hacer del mundo y de los Estados Unidos un sitio menos seguro”.
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