Venezuela: Patrioteros y containers
Por Freddy Núñez
La denuncia de Colombia ante la OEA, o ante cualquier otro organismo internacional, tendrá pertinencia, hasta que el gobierno del teniente coronel deje de apoyar a los narcoterroristas de las FARC y el ELN.
Estos delincuentes violan la soberanía del país y asuelan los estados fronterizos con la práctica del sicariato, el secuestro y la vacuna. Así como sobran testimonios de la solidaridad y apoyo de Chávez a estos grupos, así sobran evidencias de las acciones que éstos impunemente realizan dentro de Venezuela.
Basta leer los relatos de Sebastiana Barráez en el semanario Quinto Día, o leer el libro Pasión Guerrilla, de Roberto Giusti, para darse cuenta de cuán profunda es la complicidad de este régimen con estos delincuentes.
Emplazado públicamente a aceptar la designación de una comisión que verifique in situ si es cierta o no la denuncia colombiana, y plenamente consciente de que la denuncia es cierta, reacciona cual vestal ofendida y rompe relaciones.
Todo vale para evitar que sea evidente ante el mundo lo que sólo requiere constatación internacional. En la OEA, el embajador de Venezuela pronuncia uno de los discursos más pobres y mediocres que yo recuerde. Y es que no hay cómo negar lo evidente. Su intervención recordaba las peores actuaciones de Sara García, la célebre viejecita del cine mexicano.
Hasta un cierto rubor, y coquetos mohines, acompañaron su negativa a divulgar su edad. Durante los gobiernos anteriores este tipo se gozó la vida en el extranjero, y por seguir viviendo sabroso, en Europa o en el “imperio” -bien lejos de este mierdero- es capaz de lo que sea.
Creo sin embargo que le haría menos daño al país, si ejerciera de nuevo en Londres, donde al decir de Boris Izaguirre, disfruta mucho del ambiente liberal de la capital inglesa.
La ruptura de relaciones, el bochornoso espectáculo de la profanación en el Panteón, haber sentido “la llamarada” del Libertador, el pleito con el Cardenal Urosa, el último intento de magnicidio, y una catarata de bolserías más que irán apareciendo (Bolívar fue asesinado, etc.) ponen al descubierto -una vez más- la turbia condición del personaje que funge de Presidente.
No es normal que alguien se pretenda Bolívar redivivo. Chávez es hoy minoría en el país, necesita con urgencia intentar parar la caída de una popularidad que se derrite. Para ello inventará enemigos, invasiones, tratará de convertir el patrioterismo en trampa cazabobos.
El telón de fondo es la pestilencia de los miles de containers de comida podrida que continúan apareciendo en toda Venezuela como un monumento a una corrupción sin precedentes. Y el miedo. Miedo de quien sabe que se le acaban los trucos para seguir mintiéndole al país impunemente.
El 26 de septiembre los venezolanos que de buena fe creyeron en él, expresarán su descontento, y elegirán diputados que no ejercerán arrodillados. A Chávez sólo le quedará la corte de sinvergüenzas que le rodea, aquellos a quienes el poder y el dinero les mataron la decencia y la dignidad.
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