Bolivia, ¿un mundo distinto?
Por Marcela Sánchez
Siglo XXI
Hasta hace poco, Bolivia dependía tanto de Washington como fuente de ingresos, que sus ministros hacían visitas frecuentes para solicitar préstamos que le permitieran al país pagar la nómina de su gobierno. Normalmente no tenían dificultades en obtenerlos, ya que había confianza de que seguiría al pie de la letra las recetas económicas de las instituciones financieras internacionales.
En 2006, Bolivia rompió con el Fondo Monetario Internacional e hizo evidente su deseo de independizarse. Y la semana anterior se convirtió en el primer país en retirarse del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), del Banco Mundial, que arbitra desacuerdos contractuales entre inversionistas extranjeros y países anfitriones.
Nuevas ganancias y un ambiente político transformado han alentado la confianza de Bolivia. Está obteniendo más dinero de sus recursos naturales que nunca antes. Los precios del petróleo han alcanzado los niveles más altos en un cuarto de siglo, mientras los del gas natural, el zinc y el estaño también han alcanzado niveles sin precedentes.
El cambio político que hizo posible la renegociación, la elección del presidente Evo Morales, también ha incitado el rompimiento de lazos tradicionales con el FMI y CIADI. Morales asumió el cargo convencido de que tenía un mandato popular de revertir años de experimentos con reformas pro mercado, diseñadas para responder a la crisis de la deuda y la hiperinflación de los años 80.
El país sigue los pasos de Brasil y Argentina, que pagaron sus deudas a la institución a fines de 2005 y no han mirado atrás desde entonces. De hecho, algunos ex funcionarios del FMI ven la independencia de América Latina con orgullo. El auge fiscal de los países de la región es el resultado de haber “adoptado la filosofía del Fondo”, afirmó Claudio Loser, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI hasta el año 2002.
Sea como sea, Bolivia ha entrado en nuevo territorio al retirarse del CIADI. Pero en los ojos de inversionistas extranjeros esa acción es equivalente a eliminar garantías de que sus contratos serán respetados.
Aun así, funcionarios bolivianos están sorprendentemente optimistas de que existen otras formas de construir confianza en Washington. El embajador boliviano Gustavo Guzmán dijo en una entrevista que están encontrando nuevos aliados que sirven como “llaves para abrir puertas en esta ciudad”.
Esta “Washington alternativa” ha rendido frutos reales e inesperados. Bolivia ha recibido asistencia gratuita de firmas liberales de relaciones públicas para facilitar una atmósfera más cordial durante las visitas de funcionarios bolivianos a la capital de Estados Unidos.
Estas organizaciones tal vez ayuden a proveer cierto grado de legitimidad al nuevo experimento boliviano, pero si llega el día en que el gobierno en La Paz tenga que obtener fondos para nuevo desarrollo, para expandir su producción de gas o, peor, para contener una caída económica, ¿a quién acudirá si ha sacrificado la confianza de los inversionistas? “Si la inversión no llega, hay otras fuentes”, dijo Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research, un centro liberal de pensamiento con sede en Washington. “La inversión privada puede ser reemplazada por inversión estatal; existen otros países: Venezuela, China… Es un nuevo mundo.”
Si Bolivia y sus nuevos aliados resultan estar en lo correcto, ciertamente será un mundo distinto.
(c) 2007, Washington Post Writers Group
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