Otra vez el techo de la deuda en Estados Unidos
Por
Alberto Benegas Lynch (h)
La
telenovela es recurrente. Cada vez que el gobierno federal estadounidense se
aproxima al tope de la deuda pública autorizada por el Congreso, se arma una
batahola de proporciones mayúsculas donde los dos partidos tradicionales se
pasan facturas de distinto tenor. El techo de la deuda se estableció para que
el Ejecutivo no se extralimitara en el uso de este canal para obtener ingresos
con lo que se restringe el Leviatán y,
por consiguiente, se protegen mejor los derechos de las personas. Ahora hay
quienes sostienen que como se amplía el techo de la deuda cada vez que se
aproxima a lo estipulado, sería mejor eliminar el tope en cuestión al efecto de
facilitar el endeudamiento al infinito sin trabas parlamentarias ni los
reiterados escándalos públicos y amenazas recíprocas que todos conocemos.
Es
de interés recordar que cuando Thomas Jefferson recibió en su embajada en París
copia de la flamante Constitución de su país señaló (en carta al Juez John
Tyler) que si pudiera introducir una corrección a ese documento sería la
prohibición de contraer deuda por parte del gobierno. Ese procedimiento de
endeudarse es incompatible con la democracia puesto que compromete patrimonios
de futuras generaciones que no participaron en el proceso electoral para elegir
al gobernante que contrajo la deuda.
En
esta oportunidad no repetiré lo que he escrito a raíz de las falacias varias que pretenden contradecir el mencionado
aserto.
Si
la deuda pudiera ampliarse al infinito sin que nunca deba pagarse el principal,
significaría más bien un obsequio que un pasivo real, regalo por el que solo
deberían pagarse los intereses y renovarse los vencimientos con volúmenes netos
mayores de la deuda.
El
tema tras este análisis es el grotesco engrosamiento del aparato estatal que se
financia en gran media con la monetización de la deuda y con impuestos
crecientes en un cuadro de situación en el que está presente un déficit fiscal todavía enorme (por otra parte
la deuda norteamericana significa el 105% del producto nacional bruto).
¿Qué
es lo que pretenden los partidarios del endeudamiento gubernamental ilimitado?
¿que el Leviatán lo abarque todo a ritmos inauditos? ¿acaso no ven el correlato
con la disminución galopante de los derechos de la gente? ¿no ven la
contradicción con las recetas de los Padres Fundadores y el consiguiente
hundimiento del país que fue el baluarte de la libertad? ¿los administradores
de carteras quieren seguir haciendo arbitrajes hasta que se hunda el barco?
Puede
ilustrarse esta tendencia macabra con lo que ocurre en una familia: no es para
nada la solución a los problemas financieros el solicitar repetidamente
aumentos en los límites de las tarjetas de crédito y el tomar deuda por todos
los canales posibles. Es sabido como termina una familia que adopte ese
criterio y en el caso del gobierno estadounidense, además, debe uno imaginarse
que ocurriría si los acreedores quisieran cobrar y los barquinazos que tendrían
lugar si subiera la tasa de interés.
Desafortunadamente
muchos son los que se quejan porque los osos pandas no se podrán alimentar si
se ordenaran las finanzas y otros cortes en reparticiones públicas, sin atender
la fenomenal transferencia coactiva de recursos del fruto del trabajo de
quienes no tienen poder de lobby.
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