¿Cuánto vale un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU?
Por Ricardo Medina Macías
El Iberoamericano
¿Votos por dinero? Un bien sustentado análisis de Ilyana Kuziemko y Eric Werker de la Universidad de Harvard demuestra que hay una correlación positiva y significativa entre ocupar uno de los puestos no permanentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y recibir más ayuda externa de los Estados Unidos y de la propia ONU durante el tiempo del encargo.
Más allá de la retórica, para un país en desarrollo obtener uno de los puestos rotatorios en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas significa recibir más fondos de Estados Unidos y de la propia ONU durante el tiempo que dure el encargo.
Un bien sustentado análisis de Ilyana Kuziemko y Eric Werker de la Universidad de Harvard demuestra que hay una correlación positiva y significativa entre ocupar uno de los puestos no permanentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y recibir más ayuda externa de los Estados Unidos y de la propia ONU durante el tiempo del encargo. El trabajo de investigación tiene el contundente título de “¿Cuánto vale un asiento en el Consejo de Seguridad? Ayuda exterior y sobornos en las Naciones Unidas”.
Dicho sin circunloquios, la investigación demuestra que hay un comercio entre votos y ayuda externa cuando se trata de que un país en desarrollo ocupe uno de los sitios rotatorios en el Consejo de Seguridad. Como apuntan los autores, estas conclusiones – sustentadas empíricamente – revelan no sólo la existencia de sobornos en las Naciones Unidas (a cambio de votos estratégicos), sino que también la imperiosa y urgente necesidad de reformar la ONU. Incidentalmente, y hablando de corrupción en ese organismo mundial, cabe recordar las acusaciones en contra del saliente Secretario General, Kofi Annan, por los beneficios que –se presume- habría obtenido su hijo, gracias a sobornos, dentro del programa de petróleo por alimentos de la ONU en Irak.
Actualmente se vota en las Naciones Unidas la renovación de cinco de los diez puestos no-permanentes del Consejo de Seguridad. Ya se definieron cuatro de los cinco sitios. El sitio restante, que corresponde a la región de América Latina y el Caribe, permanece en disputa, a pesar de que Guatemala ha obtenido consistentemente más votos que Venezuela para ocupar el asiento, pero sin lograr los requeridos dos tercios del total de votos.
Ahora el gobierno venezolano, caracterizado por la inflamada retórica antiyanqui de Hugo Chávez (a pesar de que Estados Unidos es el principal comprador del petróleo que exporta Venezuela), ofreció retirar su candidatura para promover la de Bolivia, cuyo gobierno “indigenista” de extrema izquierda encabeza Evo Morales.
La lectura habitual de estas disputas en los medios suele estar intoxicada de presunciones ideológicas. En este caso, la “lectura” es simple: Venezuela representa la oposición a Estados Unidos, en tanto que la candidatura de Guatemala sería apoyada por los países de la región alineados con el gobierno estadounidense.
Este trabajo de investigación le quita el halo romántico a tales lecturas y demuestra con solidez científica que, como en muchos otros casos, y más allá de la retórica, los políticos –también en el terreno internacional- luchan por apropiarse de mayores rentas o de porciones más grandes del dinero de los contribuyentes.
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