El costo del analfabetismo económico
En septiembre se publicaron los resultados de las pruebas PISA 2025 y, aunque nuevamente nuestro desempeño fue decepcionante, eso es solo la punta del iceberg. Hay un problema todavía más profundo en nuestro país, uno que ayuda a explicar nuestro atraso relativo y nuestra incapacidad a la hora de realizar reformas para romper el círculo vicioso de la falta de crecimiento económico.
Se trata de nuestro elevadísimo grado de analfabetismo económico. Situación que hace implosionar toda oportunidad que se nos presenta para cambiar la situación de nuestro país. De manera tal que, a la hora de impulsar una reforma, la respuesta de la ciudadanía activa una suerte de chip ideológico que desdibuja para ellos la realidad y los compele a mostrarse contrarios a los cambios necesarios, aunque toda la evidencia muestre lo contrario.
Podemos poner como ejemplo que, en materia energética, nos quedamos sin luz hasta 14 horas y, sin embargo, no aceptamos el fracaso de la noción de “sectores estratégicos”, motivo por el cual terminamos dependiendo del clima, y no de mecanismos reales de solución al problema; no hay empleo, y nos negamos a realizar una reforma en materia laboral para introducir cambios que permitan modificar esa realidad, nuevamente por motivos mito-ideológicos, y, como último ejemplo, el sistema de pensiones va a volar por los aires, pero volteamos la espalda a la realidad, pensando que, al obrar de esa manera, no va a pasar nada.
Entender el problema es condición necesaria para encontrar soluciones. Pero eso exige superar el elevadísimo analfabetismo económico que padecemos en Ecuador. En términos simples, si no comprendemos las causas de nuestros problemas, no solo no podremos resolverlos, sino que incluso corremos el riesgo de agravarlos.
Para muestra, un botón: tenemos déficits crónicos en las finanzas públicas y, al mismo tiempo, votamos por quitarle ingresos al fisco al respaldar la suspensión de la explotación petrolera en el bloque 43-ITT del Yasuní. Es decir, ayudamos a complicar las cosas, en lugar de contribuir a solucionarlas. Al final del día, la ignorancia (analfabetismo en materia económica) nos pasa una elevadísima factura, que no solo complica nuestro presente, sino que también condiciona nuestro futuro.
Y así, finalmente, es como la libertad económica no encuentra puerto en tierra ecuatoriana, y, en lugar de ello, navegamos en un mar de regulaciones e impedimentos, que evitan curiosamente lograr aquello que tanto anhelamos, convertirnos en un país libre y próspero.
Seguimos conversando.
El autor es economista, PhD (c) en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, España y máster en Economía de la Escuela Austriaca. Es liberal, vive en Guayaquil y es director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP).
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