Licencias profesionales
Ed Timmons comenta en Substack un libro sobre Licencias y Regulación del American Enterprise Institute, publicado hace casi 50 años sobre los requerimientos de licencias profesionales para poder operar “legalmente”, y cuenta una anécdota graciosa sobre uno de los artículos que incluye la publicación.
El epilogo, incluye la conferencia de George Stigler, donde ironiza que para ser economista se debería de tener licencia. Personajes como Milton Friedman o Adam Smith no pasarían los requerimientos de licencia profesional de estos tiempos, ni podrían haber escrito sus libros o haber influenciado la profesión de la manera que lo hicieron, si hubieran necesitado tener “licencia” profesional. Curiosamente lo que fue una simple broma académica en un journal de Estados Unidos, es la realidad Hispanoamericana. Ed comenta 3 casos al respecto y en muchos casos los requerimientos son engorrosos y poco ayudan a certificar si el profesional legalizado es o no competente.
Luego de haber tratado de “legalizar” mi título profesional en mi país de origen, donde viví después de graduarme en el extranjero, puedo señalar que los requerimientos son ridículos y meramente formalistas. La ley ha cambiado a lo largo de los últimos 30 años, desde 1995 y los requerimientos son diferentes y tras dos constituciones de por medio en Ecuador. Si tratara de reiniciar el proceso, ya ha pasado demasiado tiempo como para hacerlo de nuevo y ni siquiera vivo en mi país de origen. Tal vez los nuevos requerimientos incluirían cosas que ya ni se estudian o que ni conozco después de 30 años de estar fuera de las aulas. Lo cual tampoco es garantía de nada, pues muchos profesionales “licenciados” tampoco han asistido a las aulas o actualizado sus títulos en el mismo periodo, solo cuentan con la ventaja de haber estudiado localmente en la universidad “oficial”.
Muchos profesionales terminan abandonando cualquier intento de “legalizar” sus títulos en sus países de origen, o simplemente dejando que sus credenciales profesionales sean reconocidas por sus habilidades y profesionalismo a pesar de no estar “legalizados”. La demostración de la ridiculez de las licencias profesionales, en el mercado de trabajo, es que en tiempos de la inteligencia artificial y el acelerado avance de la tecnología, ya no se busca profesionales “licenciados” a menos que esté prohibido hacerlo.
Como ocurre en muchos casos, profesionales reconocidos por su experiencia y capacidad para resolver problemas y dar soluciones innovadoras, el título pesa cada vez menos, e importa solo en tanto y cuanto provenga de una universidad de reconocidos prestigio internacional, poco importa que esta no sea una universidad “oficial” del país donde se vive. El que sean profesionales con licencia importa poco o nada y se convierte en una barrera de entrada sin sentido. Lo único logrado es espantar a los mejores, la licencia no es ninguna garantía que el profesional en cuestión sea el mejor. En muchos casos los títulos profesionales generados por universidades oficiales son muy deficientes e inferiores a la oferta internacional.
En nuestros países iberoamericanos, profesionales licenciados terminan operando como taxistas, comerciantes, u otras labores que poco tienen que ver con lo estudiado. En muchos casos, el campo de estudio que se siguió en la universidad sirve poco más que para cumplir con el requerimiento formal de muchos trabajos de tener grado de licenciado o profesional, para ser aceptado en algún puesto de trabajo que se postule. Esto demuestra que tampoco el título es garantía de que el profesional en cuestión sea el más adecuado para el puesto.
La tendencia de muchas empresas americanas con altísimo rendimiento económico (e.g. IBM, Google, Accenture), sobre todo en las tecnológicas, es a ni siquiera buscar profesionales graduados en la Universidad sino adoptar la contratación basada en habilidades. A duras penas se solicita que hayan terminado el bachillerato, prefiriendo, chicos aún adolescentes que no han sido “educados”, para formarlos internamente en la empresa a través de modelos de aprendizaje corporativo (aprendices), de acuerdo a los valores, cultura y necesidades que realmente demandan dichas empresas, de sus profesionales.
Un estudio de la Harvard Business School y el Burning Glass Institute reveló que la mitad de los anuncios de empleos en las grandes empresas han eliminado por completo el requisito de título universitario de cuatro años y se han enfocado más en una evaluación directa de las habilidades de los aspirantes.
La pregunta que vale la pena hacerse, ¿es realmente necesario tener licencia para ser un profesional o más bien dejar que el mercado y la capacidad de la persona que se ha formado determinen si es el adecuado o no?
El uso de licencia profesional se convierte en una barrera o en una herramienta de captura regulatoria que busca limitar el número de profesionales en un mercado, donde la universidad local trata de proteger a sus graduados de la competencia “desleal” de otros profesionales que han estudiado fuera del país, en un ambiente más exigente y profesional, o profesionales que por experiencia y formación autodidacta conocen mejor su especialidad que profesionales formados en la universidad.
En un mundo donde más y más hay alternativas para educarse vía herramientas digitales “gratis”, en los mejores cursos ofrecidos por las universidades más prestigiosas del planeta via YouTube, Zoom, u otras plataformas, eliminar esta barrera sería fundamental para abrir las puertas a todos los profesionales autodidactas o preparados por las Universidades fuera del área regulada. Por otro lado, exigiría más a las universidades locales que si quieren destacar con sus graduados en el mercado laboral tienen que ser más innovadores en su malla curricular, en la formación de sus estudiantes y más allá de dar un título “reconocido”, deberían destacar por los resultados de sus graduados, y capacidad de lograr empleos por parte de sus graduados y no por una licencia otorgada por ser universidades “oficiales”.
¿Cuántos profesionales “no licenciados”, pero altamente capacitados con gran experiencia práctica y teórica, hemos bloqueado de participar en el mercado y cuántos “licenciados” poco preparados acceden a puestos de trabajo que no se lo merecen o que son unos perfectos incompetentes para el trabajo contratado? Frenar mediante licencias profesionales a verdaderos expertos lo único que logra es bloquear o ralentizar el florecimiento humano.
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