¿Nos llevará la IA al Florecimiento humano o al nihilismo digital?
El verdadero riesgo que enfrentamos con la expansión de la inteligencia artificial no es que las máquinas piensen por nosotros, sino que dejemos de pensar con las herramientas que durante siglos nos permitieron comprender quiénes somos. Si nuevas generaciones crecen sin una educación humanística sólida —sin filosofía, sin historia, sin una noción de dignidad humana— corremos el peligro de olvidar el pasado y actuar contra nuestra propia humanidad.
El año pasado traté sobre este tema, pero sigo en el camino de aprendizaje del uso de esta herramienta. No me considero un usuario avanzado, ni de lejos, pero no dejo de maravillarme de las cosas que se pueden hacer con esta herramienta. No se preocupe estimado lector que estos comentarios son aún hechos por un Inteligencia humana, requieren una gran cantidad de tiempo divagando sobre los temas que trato, y recolectando notas hechas a mano o ideas y esquemas mentales que surgen después de leer o escuchar algo interesante sobre lo que escribo.
Ciertamente mi uso de la IA se ha intensificado, es el asistente de investigación para verificar los datos que plasme en estos comentarios, o para encontrar la ubicación exacta de una fuente que olvidé, ya hace algún tiempo. Es casi mágico cuando le preguntas a la IA sobre un fragmento de una canción o fuente y da con lo que solo es, en un principio, un fragmento de una memoria difusa en mi cabeza, pero que obstinadamente recuerdo. Puede ser la edad pero encuentro maravilloso poder recordar precisamente lo que busco y que ya por cosas de la vida comienza a verse borroso en la mente.
Esto ha sido un círculo virtuoso, pues esa conexión mental perdida, una vez revisada la fuente original, después de tantos años me lleva a recordar cosas o momentos que ignoraba haber olvidado, pero que al descubrirse comienza a reaparecer mentalmente. En mi caso particular más que atrofiar el cerebro y volverlo perezoso, la IA es una fuente o ayuda para recuperar memorias e ideas perdidas.
Las noticias destacan solo lo negativo y nuestros peores temores, el fin de nuestra existencia, el futuro negro y sombrío que supuestamente se avecina si es que no controlamos y regulamos la IA. Hay gran ansiedad sobre el supuesto fin de nuestra especie y el reemplazo de los seres humanos por trabajadores virtuales o robóticos. Esto no es distinto a revoluciones tecnológicas anteriores.
La invención de la rueda, libró a la humanidad de tener que vivir llevando pesadas cargas a sus espaldas, muchas veces contra su voluntad, esclavizados. Seguramente hubo mucha ansiedad por parte de los porteadores que ofrecían sus servicios cuando se empezaron a usar acémilas para llevar pesadas cargas. Más tarde, otro grupo que también vio como su trabajo desaparecía de la noche a la mañana, fueron aquellos quienes conducían a estas bestias de carga o para transporte, que fueron desplazados por los automóviles. En tiempos más cercanos la invención de las computadoras fue lo que permitió que en el mundo moderno desapareciera la necesidad de tener una asistente personal que supiera mecanografía, taquigrafía y hacer un buen café. Muchas mujeres estoy seguro que se habrán preocupado por la rápida desaparición de sus fuentes de trabajo ante la aparición de los máquinas de escribir eléctricas, los crudos procesadores de texto, y luego las computadoras.
En estos ejemplos ofrecidos, nadie se acuerda de lo feliz que han de haber estado los porteadores una vez que se dieron cuenta que podían llevar más carga, en mejores condiciones físicas para su salud personal al no tener que llevar una vida dura, sacrificada y casi de esclavitud. En el caso de aquellos quienes usaban bestias de cargas si bien es cierto han de haber estado preocupados por la pérdida de sus fuentes de trabajo, descubrieron que manejar un vehículo como choferes, o llevando carga con camiones en cantidades superiores, sin tener que lidiar con animales, era infinitamente mejor que andar pendiente del animal y con límites en la carga acarreada. En el caso de las secretarias, que han desaparecido casi por completo en el ámbito de trabajo corporativo, le permitió a las mujeres incursionar en otras áreas del mundo laboral y competir directamente con los hombres, en un ambiente más igualitario y con mejores oportunidades.
Alguno argumentará que aún hay mucho por hacer, pero las perspectivas para el trabajo de las mujeres con el uso de la tecnología hoy en día son muchísimo mejores, que el de una oficina en los años cincuenta, donde las responsabilidades de trabajo estaban estrictamente segregados según el sexo de la persona. No es un logro del feminismo o de una mayor conciencia sobre el rol de la igualdad en el mundo laboral, más bien son fruto del uso de la tecnología. Ya no se necesitaba ser varón para hacer trabajo pesado o físico, y ya no se necesitaba motricidad fina y atención al detalle para escribir cartas, preparar documentos, campo en el cual las mujeres han sido infinitamente superiores a los hombres.
Con el uso de la IA, hoy más que nunca hay que esforzarse en tener una educación clásica, filosofía, ética, Aristóteles, Platón, el cristianismo, y aprender a aprender continuamente. Entender, en vez de memorizar, evitar hacer uso de herramientas para tener respuestas fáciles y no entender o aprender cual es el proceso de razonamiento, asimilar la información de manera más inteligente.
El uso de la IA no es solo hacer preguntas sobre cual es la respuesta a un problema, pero aprender a razonar y discernir sobre la información que se nos presenta y evaluar su fiabilidad o no, aprender a hacer las preguntas correctas. Hemos visto cómo la IA tiene tendencia, gracias a su programación orientada a prestarnos una respuesta satisfactoria, a alucinar o inventarse respuestas que sean de nuestro agrado. Evidentemente si no aprendemos a pensar o no entendemos que es lo que se nos está presentando, será muy difícil darse cuenta si la respuesta es correcta, o es una alucinación de la IA, o un prejuicio de sus programadores.
El peligro que si corre la humanidad es que, conforme adoptamos la IA y nuevas generaciones crecen sin la educación clásica o la lectura de textos tradicionales, largos que eduquen y entrenen nuestra comprensión, o si no tomamos una actitud responsable y estamos conscientes de aprender el mecanismo o la razón de las cosas, correremos el riesgo de olvidar el pasado y actuar en detrimento de nuestra humanidad.
Si bien ya no necesitamos para el uso diario aprender a usar un ábaco para hacer operaciones matemáticas o una calculadora, aún tenemos que comprender y aprender cual es el proceso para las operaciones matemáticas. Así en todas las ciencias humanas, aprender y entender desde lo más simple a lo más complejo. Esto se vio durante la ilustración, con el descubrimiento o redescubrimiento de la razón, nos fuimos olvidando de otras áreas del saber, como el uso y aprendizaje de manera generalizada de la filosofía o de la teología, que pasaron a ser reservadas o de interés solo para los clérigos o filósofos.
Esto se vio como un triunfo de la razón y la liberación de la religión, sin embargo hemos visto que la ausencia de una teología humana o un conocimiento de la filosofía, ha llevado a que se cometan los peores atropellos contra la humanidad y su dignidad. Lo que antes estaba anclado en la religión y la moral ahora está sujeto a los abusos de la razón sin teología o la moral. La primera mitad del siglo XX es un ejemplo de cómo hizo falta el entender esas disciplinas para frenar el crecimiento de ideologías anti humanistas.
Ahi tenemos las teorías de la superioridad racial o el socialismo y su insidiosa fantasía del hombre nuevo, donde todos viviríamos en el paraíso terrenal, todos serían iguales, sin necesidad de la propiedad privada. La libertad, la voluntad y la agencia personal, son obstáculos para alcanzar este estado que solo se puede imponer a la fuerza y con violencia. Nadie en su sano juicio o voluntariamente es capaz de someterse a estos regímenes, más allá de ciertos fanáticos o de quienes serían los encargados de imponer esas fantasías.
En tiempos más recientes estamos también perdiendo y hemos dejado de entender ciertos conceptos básicos como, qué es una mujer o qué es un hombre. Actualmente hay un absoluto nihilismo sobre lo que somos y la dignidad que tenemos como seres humanos y que somos parte de algo más trascendental. Muchos, arrastrados por modas, viralizadas en redes y en ausencia real de educación filosófica, humanística y teológica, comienzan a alucinar con ser animales e incluso máquinas. Hemos dejado de entender, qué es el ser humano, en un mal entendido concepto de libertad y en una total ausencia de una sólida concepción teológica o filosófica.
Si entendemos la necesidad de seguirnos formando y entendiendo las preguntas que hay que hacer, la IA será la mejor herramienta que la humanidad ha creado para potenciar sus capacidades y alcanzar el florecimiento humano. Acercarnos a la IA sin continuar nuestro peregrinaje por el aprendizaje filosófico, moral y ético, e incluso religioso, es un peligro y muy seguramente, de ser así hará que la IA sea la peor pesadilla que la humanidad haya inventado.
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