Egoísmo racional

República, Guatemala
El egoísmo no es una virtud. Tampoco es un vicio. Una virtud es la acción habitual para conseguir y/o conservar un valor que fomenta la vida. Un vicio es la acción habitual para conseguir y/o conservar un valor que perjudica la vida. Un valor es aquello que mediante la acción uno pretende conseguir y/o conservar. El egoísmo es el concepto ético que expresa el principio fundamental de la vida. La vida es acción autogenerada y auto-sustentante, es decir que un organismo para mantenerse con vida, debe actuar para conseguir y/o conservar aquellos valores que fomenten su sustento y por tanto, su existencia. El principio fundamental es que el organismo se valore a sí mismo, valore su vida y por tanto, adecúe su conducta al propósito de mantenerse en existencia y conservar su vida, consiguiendo y/o conservando aquellos valores que lo beneficien. Si el organismo no se estima a sí mismo, si no valora su vida y por tanto no actúa para sustentarla, muere, deja de existir. El principio de auto-preservación es pues, el principio fundamental establecido por la naturaleza misma de la vida. Este principio establece el fin natural, el propósito último de la acción del organismo: mantenerse con vida. Es decir, es de su interés personal, por su naturaleza misma, el perseguir aquellos valores que favorezcan su vida.
Las plantas no tienen elección en esto. Este principio las lleva a automáticamente a succionar su nutrición del suelo y atrapar los rayos solares para su fotosíntesis. Los animales no cuestionan si merecen o no vivir –su autoestima se da incondicionalmente por su naturaleza– y por ende actúan para auto-sustentarse. El ganado consume el pasto, sin detenerse a considerar cómo afecta su conducta al ecosistema. El león devora al antílope, sin detenerse a considerar si está dejando huérfanos o no a sus crías. El mono, del parque Tikal en la selva, roba los comestibles del turista, sin detenerse a considerar si le causa o no un perjuicio económico. Las bestias salvajes actúan como lo que son: animales irracionales. Las limitaciones de sus consciencias no les permiten comprender la causalidad ni vislumbrar un mejor método de supervivencia.
Los hombres primitivos, más bestias que humanos, también acomodaban su conducta a este sistema depredador. Veían en los otros primates a sus enemigos y competidores por los escasos recursos que la naturaleza brindaba. Las luchas entre ellos fueron guerras de exterminio sin piedad, donde las hordas y tribus primitivas se disputaban los aguaderos, los lugares de pesca, los terrenos de caza, los pastos y el botín. Conforme fueron evolucionando y desarrollando su razón, hasta inventar el lenguaje –ese instrumento cognitivo que les permitió clasificar, conceptualizar, construir conocimiento y luego diseminarlo por medio de la comunicación–, comprendieron la causalidad o relaciones causales, pudiendo imaginar conductas que los llevarían de una condición insatisfactoria a otra más satisfactoria en el futuro. Advirtieron entonces, que mediante la cooperación con otros hombres podían servir mejor su interés personal de auto-sustentarse. Advirtieron también, que para ello, debían acomodar su conducta a las exigencias de la vida en sociedad, a respetar los derechos y libertades de sus semejantes y a reemplazar la enemistad y el conflicto por la colaboración pacífica. Así mismo advirtieron que la producción de bienes y servicios era una actividad más fecunda y segura que el pillaje y el robo. Sustituyeron su egoísmo irracional, propio de las bestias, por el egoísmo racional, propio del ser que razona y por tanto comprende que es de su interés personal la cooperación social, mediante la división del trabajo y el comercio. El egoísmo ético, el concepto que expresa que uno debe tener auto estima y por tanto actuar en busca de su beneficio propio, al ser racional generó la cooperación social y la civilización.
No obstante, existen algunos hombres, más cercanos a las bestias que al humano, que rigen su conducta por un egoísmo irracional, sin advertir las consecuencias futuras, provocando daños a otros y eventualmente a sí mismos. A este egoísmo irracional es al que Aristóteles llama egoísmo vulgar.
El egoísmo racional consiste en adecuar uno su conducta, con el fin del provecho propio, a la dirección de la razón. Consiste en identificar lo que realmente es de interés propio, a corto y largo plazo: es de interés propio razonar bien; es de interés propio ser productivo y laborioso; es de interés propio cuidar la salud física y mental; es de interés propio no falsear la realidad; es de interés propio cuidar y proteger a los seres queridos; es de interés propio proveer para el futuro; es de interés propio juzgar objetivamente el carácter de los semejantes; es de interés propio ser justo; es de interés propio ser honrado; es de interés propio ser sincero y confiable; es de interés propio ser cortes y amable con aquellos que pueden ser socios potenciales en la sociedad; es de interés propio ser benevolente, pues es de interés propio fomentar un ambiente benevolente para todos.
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