Por el derecho a la risa
Por Luis Christian Rivas Salazar
En la monumental obra “La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad” el filósofo Henri Bergson se pregunta: ¿Cómo es posible que algo tan importante, en su sencillez, no haya llamado más la atención de los filósofos?, un tema muy serio, es tomado hasta el presente sin la merecida importancia.
Más bien la risa es tomada como elemento peligroso para el gobierno. En “La República” de Platón, este filósofo advierte el peligro de que los guardianes sean gente pronta para reírse (philógelos), ya que, por lo común, dice, cuando alguien se abandona a una risa violenta, esto provoca a su vez una reacción violenta (III, 388d-389), la risa parece no permitirse porque puede ser origen de descontrol.
En la conversación popular se suele decir: “en la boca del tonto abunda la risa”, pero con Bergson, tomamos a la risa como atributo de inteligencia: “Parece que la comicidad sólo puede producir su estremecimiento cayendo en una superficie de alma bien tranquila, bien llana. La indiferencia es su entorno natural. El mayor enemigo de la risa es la emoción… En una sociedad de inteligencias puras es probable que ya no se llorase, pero tal vez se seguiría riendo; mientras que unas almas invariablemente sensibles, en perfecta sintonía con la vida, en las que todo acontecimiento se prolongaría en resonancia sentimental, ni conocerían ni comprenderían la risa”, podríamos decir figurativamente que la tristeza es del corazón y la risa es de la mente.
En “El Nombre de la rosa” de Umberto Eco, el anciano monje Jorge de Burgos impide a Guillermo de Baskerville descubrir la verdad sobre una serie de acontecimientos extraños y asesinatos en una Abadía en la Edad Media, se prohíbe la lectura de la segunda parte desaparecida de la Poética, que trataba sobre la comedia, del filósofo Aristóteles, porque esto traería un relajamiento de los frailes y de la sociedad entera. Como Platón, las instituciones tradicionales como la Iglesia y el Estado, suelen tomar a la risa como enemiga del orden.
Los gobernantes contrarios a la sociedad abierta intentan por todos los medios reducir los canales de nuestra risa, intentan censurar la comicidad que se transmite por los diferentes medios de comunicación, desde la televisión hasta las redes sociales, nos estamos riendo de los políticos cuando vemos “memes” jocosos. Los medios tecnológicos han puesto a nuestro alcance las herramientas necesarias para ver la representación de ciertos bufones en el poder, esto suele molestar demasiado, pero cuando se está en la oposición se ríe mucho, mientras que en el poder, los políticos se ponen severos. Entonces la risa cumple una función liberadora.
Para Bergson, la risa es un canal de escape de la rigidez, el automatismo, lo pesado, lo mecánico, el movimiento sin vida; entonces, la corrección es la risa, es la flexibilidad, pura vida, lo etéreo, la gracia del alma, simpatía, socialización, sentido y verdad del ser humano, por eso, no podemos retroceder ni un solo paso en la conquista y nuestro derecho a reírnos, reírnos de los políticos. Como el mejor ejemplo de la comicidad en la rigidez, está la burocracia, dice Bergson: “No bien olvidamos el grave objeto de una solemnidad o de una ceremonia, los que en ella toman parte nos dan la impresión de fantoches que se mueven. Su movilidad se ajusta a la inmovilidad de una fórmula. Tenemos un puro automatismo. Pero el automatismo perfecto será, por ejemplo, el de un funcionario que funciona como una simple máquina, o también la inconsciencia de un reglamento administrativo que se aplica con fatalidad inexorable, tomándosele por una ley de la Naturaleza. Hace unos años naufragó en los alrededores de Dieppe un gran paquebote. Algunos pasajeros lograron salvarse en una embarcación después de muchos trabajos. Unos aduaneros que habían acudido valerosamente a socorrerles, empezaron por preguntarles “si no tenían algo que declarar”. Algo análogo se encuentra, aunque la idea sea más sutil, en aquella frase de un diputado que interpelaba a un ministro al día siguiente de un resonante crimen cometido en un tren: “El asesino, después de haber rematado a su víctima, debió apearse a contravía, violando los reglamentos administrativos.”
En las arenas del circo político encontramos situaciones que nos provocan humor todos los días: mentiras, torpezas, equívocos, reducción al absurdo, imitaciones, contrastes, imprevistos, asociaciones, desconciertos, distracciones, dobles sentidos, interferencias, y en general, cualquier situación que encaje con “el mundo al revés”, entonces, frente a esta realidad, debemos los espectadores fomentar la expansión de nuestra risa, la risa es crítica y liberadora, contiene duda, y puede corregir la situación. Además de ser expansiva, asociativa y contagiosa.
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