La Revolución Naranja de Ucrania, Parte 2
Por Álvaro Vargas Llosa
El Presidente ruso Vladimir Putin ha obtenido una victoria pírrica al obligar a Ucrania a rechazar un tratado con la Unión Europea que habría eliminado el 95% de los aranceles a sus exportaciones a esos países e institucionalizado sus lazos con el mundo occidental. La decisión ha desencadenado protestas que han crecido vertiginosamente desde que el Presidente Viktor Yanukovich ordenó una represión brutal contra quienes pedían su dimisión en Kiev. La crisis ha ahondado el rencor que la región occidental de Ucrania siente por el mandón ruso y fortalecido la determinación de otros países que aun resisten contra la presión de Moscú para que rechacen una asociación con la UE. Me refiero a Georgia, Moldavia y Armenia.
Lo que está en juego no admite duda: Putin trata de resucitar el imperio soviético, incorporando a seis repúblicas a una eufemística Unión Económica Euroasiática que los volvería satélites suyos. Dos de ellas, Bielorrusia y Kazajstán, ya tiraron la toalla al formar una unión aduanera con Moscú que automáticamente los convertirá en miembros del “sistema” de Putin en 2015. Las otras cuatro llevan tiempo bajo un chantaje que incluye la imposición de aranceles prohibitivos a sus exportaciones a Rusia, drásticos controles fronterizos, la limitación de la oferta de gas a quienes dependen de él y la interferencia abierta en su política interna.
Lo que está en juego es simplemente esto – Putin está tratando de restablecer el imperio soviético trayendo seis repúblicas en una Unión Económica Euroasiática que los convierten en satélites. Dos de ellos , Bielorrusia y Kazajstán, ya han cedido mediante la formación de una unión aduanera con Moscú que les convertirá automáticamente en miembros del sistema de Putin en 2015. Los otros cuatro han estado bajo gran chantaje económico y político para hacer lo mismo, incluyendo la imposición de elevados aranceles sobre sus exportaciones a Rusia , los controles fronterizos drásticas, limitados suministros de gas natural a los países que dependen de ellos y de injerencia abierta con su hogar política.
Ucrania es la presa más codiciada por Putin. La Revolución Naranja de 2004 fue una derrota para él, que apoyó el fraude electoral en favor del mismo hombre que actualmente ejerce la Presidencia de Ucrania. Desde entonces, Putin ha hecho lo posible para poner a ese país de rodillas. Dada la división entre la región occidental de Ucrania y la región oriental, que tiende hacia Moscú, Putin se ha apoyado en una porción significativa del “establishment” y la opinión pública ucranianas para someter al país. Los votantes, que perdieron la paciencia con los líderes de la Revolución Naranja (parecían más interesados en reñir que en gobernar), volvieron a elegir a Yanukovich en 2010. El nuevo Presidente encarceló pronto a quienes habían jugado un rol en la revolución, incluida la ex primera ministra Yulia Timoshenko, mediante juicios amañados y concentró el poder. La economía se desplomó: las reservas se han evaporado y sólo cubren dos meses de importaciones.
Inicialmente, Yanukovich usó a Bruselas contra Moscú y viceversa, enviando señales contradictorias. Parecía interesado en la Asociación Oriental de la Unión Europea, la iniciativa originalmente propugnada por Polonia, también ex satélite soviético, para incorporar a algunos países que fueron en su día controlados por la URSS a un acuerdo que los ligaría firmemente a las democracias occidentales. Con el paso del tiempo fue quedando claro que Yanukovich sólo quería extraer más concesiones de Putin y fortalecer su posición de cara al objetivo real: ser reelecto en 2015. Ahora ha decidido que su ambición está mejor servida rindiéndose ante Rusia.
Durante un tiempo, Yanukovich jugó Bruselas y Moscú contra la otra, enviando señales contradictorias acerca de sus intenciones. Parecía interesado en la búsqueda de Asociación de la UE del Este, una iniciativa originalmente impulsada por Polonia, en sí mismo un ex títere soviético , que trajese de los antiguos satélites de Moscú en una asociación con las democracias liberales occidentales. A medida que pasaba el tiempo , se hizo cada vez más evidente que él sólo estaba tratando de extraer más promesas de Putin y para fortalecer su posición vis -à-vis su objetivo de ser reelegido en 2015 real. Ahora ha decidido que los intereses personales están mejor servidos por ceder a Rusia.
O eso pensaba… hasta que las masas salieron a las calles de Kiev, en lo que parece la segunda parte de la inconclusa Revolución Naranja. Está por verse si Yanukovich logrará aferrarse al poder mediante la represión. Por lo pronto, ha desencadenado una ira popular que hará extremadamente difícil su reelección en 2015 y que está alimentando el sentimiento rusofóbico no sólo en Ucrania sino en otras repúblicas que sufren el abrazo del oso ruso. Su movida puede incluso acabar fortaleciendo a la Unión Europea en futuras negociaciones con los países que todavía dan señales de estar interesados en asociarse al bloque europeo.
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