El mundo arrebatado del Teniente San Porfirio
Acabo de terminar de leer esta magnífica novela sobre
Venezuela escrita por Joel Hirst. Fue originalmente redactada en
inglés, así que he leído la traducción al castellano. Me tomó algún
tiempo por la enorme lista de compromisos que tenía (y tengo), pero lo
que comenzó con el limitado interés que generan los libros que te
obsequian inesperadamente, se convirtió en una apasionante experiencia
literaria. La obra está bien escrita y bien pensada. Te atrapa muy
rápidamente. La lanzó Grito Sagrado, los editores de Ayn Rand, una fiable empresa argentina comprometida con la libertad y la calidad. Eso siempre es una garantía.
¿Qué cuenta El teniente de San Porfirio? El propio autor lo describe y resume en una reveladora entrevista que le hizo La voz de América:
“Es una historia de cuatro personajes que se confrontan en la Venezuela
socialista, durante un foro social mundial. Se trata de cómo los
intereses de estos personajes, que son mutuamente excluyentes, traen el
conflicto y conllevan a la violencia. Como una buena novela sobre un
dictador, cuenta con realismo mágico y múltiples puntos de vista. Es una
novela honesta y, por lo tanto, no es una novela fácil”.
Hirst es un joven norteamericano que vivió varios
años en ese país, habla español estupendamente bien y posee una notable
capacidad para entender a otras culturas. Es graduado de la Universidad
de Brandeis, una pequeña y (quizás por ello), excelente institución
cercana a Boston, dedicada a lo que llaman en Estados Unidos “estudios
liberales”. Hirst, además de su larga estancia en Venezuela, ha visitado
y trabajado en Pakistán, Uganda, Kosovo, Honduras, Chad, República
Democrática del Congo, Nicaragua y República Dominicana. Supongo que su
vida un tanto errabunda y aventurera le ha dado una buena distancia
crítica para captar lo que a veces no consigues percibir cuando vives
totalmente inmerso dentro de las cuatro paredes del manicomio.
De la misma manera que hay países fallidos, como
Haití o Sierra Leona, tenemos que admitir que hay países-manicomios.
Naciones en los que los líderes parecen escapados de una novela de
Isabel Allende. Creo que no es disputable que Venezuela es uno de esos
países-manicomios. Eso nada tiene que ver con una nación seria y bien
gobernada. Se parece más a una casa de locos que a un país normal. El
difunto presidente Hugo Chávez creía ser la reencarnación de Simón
Bolívar y adoraba los huesos del Libertador al extremo de desenterrarlos
ante las cámaras de televisión y experimentar en ese momento un éxtasis
místico. Pero peor ha sido su sucesor, que habla con Chávez por medio
de los pájaros y ve su rostro en las paredes del Metro.
Ese es el telón de fondo en que se desenvuelve la novela
El teniente de San Porfirio.
Mientras la leía, la televisión traía las imágenes de los saqueos, las
noticias de los crímenes y las marchas espontáneas de una población que
pide libertad. A cualquiera que se asome a este libro le viene a la
mente la expresión “realismo mágico”. Sí, hay mucho de eso, pero sucede
que en Venezuela cualquier relación con la realidad es pura
coincidencia. Ahí se vive en una atmósfera extraña y turbia. Joel Hirst
la ha captado fabulosamente bien.
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