Capitalismo
Por Juan Diego Borbor
Instituto Ecuatoriano de Economía Política – IEEP
Para un número
considerable de personas, familiarizadas y no familiarizadas con las ideas de
libertad, los términos mercado libre y capitalismo son sinónimos (aunque más se
usa el primero ya que el segundo ha recibido connotaciones negativas a través
de la historia). Personalmente considero que aquello es incorrecto, no porque
me hayan preguntado alguna vez la diferencia, sino porque, precisamente, nunca
lo han hecho. Un caso a revisar puede ser el de China: el país comunista de
Asia ha estado aplicando reformas económicas en favor de la liberalización
económica desde hace tres décadas. Estos hechos han llevado a diversos autores
reconocidos (como Coase, ganador del premio Nobel de economía) a considerar que
China es un país capitalista.
Aclarando,
mercado libre es, básicamente,
intercambio libre. Esto no es nada nuevo; a través de la historia, desde los
tiempos prehistóricos hasta el día de hoy, se dieron y se siguen dando
intercambios libres. Ahora, una economía
de libre mercado es, entonces, un sistema económico
que provee a cada individuo la decisión sobre sus actividades económicas de
intercambio de bienes y servicios. Capitalismo, por otro lado, se refiere a un
sistema social basado en el
reconocimiento de los derechos individuales—esto implica, vale decir, posesión
privada de los medios de producción (Rand, 1967).
De entrada
debería entenderse que los términos no se definen igual. He hecho énfasis en
ciertas palabras que son clave: libre mercado se refiere a un sistema económico, mientras que el capitalismo
se refiere a un sistema social. El
motivo de usar ambos términos como sinónimos radica en la muy cercana relación
que tienen: en sí, el capitalismo ya contiene un libre mercado y, a su vez, un
mercado libre se beneficia de un capitalismo. Sin embargo, esta relación no
siempre es así: el libre mercado aún puede existir mientras que (1) se posea la
propiedad de lo que se esté intercambiando y (2) sea voluntario, ello no
descalifica la acción estatal.
El principio de
no agresión—o axioma de no agresión (para la escuela austríaca de economía)—,
consiste en que, en esencia, los derechos de cada individuo sólo pueden ser
violados mediante el uso de la fuerza física—asesinato, robo, fraude—, pero
dentro de un mercado libre aún puede ser distribuido sin contradicción. Esto
es, siguiendo lo que mencioné con anterioridad: posesión de los bienes a
intercambiar y que sea voluntario. El ganador del Nobel de economía y
reconocido defensor del libre mercado, Milton Friedman, para poner un caso, concebía
legítima la regulación estatal de la oferta monetaria y la creación de
impuestos cuyo propósito era el desincentivo de actos considerados negativos
(un impuesto verde, por ejemplo). Es decir, el Estado puede forzar ciertas consideraciones dentro del
mercado libre.
Así como China,
recuérdese a Chile durante la dictadura. Beneficioso o no, sí hay acuerdo en
que lo que hizo Pinochet fue establecer un mercado libre. ¿Esto quiere decir
que las teorías “capitalistas” son compatibles con dictaduras? Por supuesto que
no. El error está en pensar al libre mercado como un primario, cuando no es más
que una consecuencia de un sistema capitalista.
Capitalismo,
como se mencionó, es un sistema social basado en el reconocimiento de los
derechos individuales. Estos, es importante aclarar, no son compatibles con los
supuestos derechos a: trabajo, casa, salud, etc. Los derechos en cuestión son
el derecho a la vida (a mantener la propia vida en libertad) y el derecho al
producto del propio esfuerzo (propiedad: que es el medio para mantener la
propia vida), entre otros que tan sólo se derivan de estos. Derecho a la salud,
por ejemplo, implicaría que unos tienen la potestad de obligar a otros a
proveer un servicio, lo que es esclavitud.
Ahora, ¿qué
implica que el capitalismo se base exclusivamente en el reconocimiento de los
derechos? Algunas cosas: primero, el principio de no agresión. En la medida en
que los derechos sólo pueden ser violados por la fuerza física, la agresión
debe ser eliminada de la sociedad. Lo que se traduce a que el Estado es el
agente al que la ciudadanía delega su
derecho a la defensa. Segundo, no hay lugar para el gobierno de los caprichos:
todo acto estatal está sujeto a un control objetivo. Ahora, ¿cómo es que las
leyes puedan ser objetivas? Este Rule of
Law objetivo es resultado de la naturaleza. Si el hombre
naturalmente—objetivamente—tiene ciertos derechos, leyes basadas exclusivamente
en ellos serán, necesariamente, objetivas. Toda ley que no se refiera a un
derecho no puede ser legítima—puesto que el Estado sólo puede actuar en defensa
de ellos—y es, por simple razonamiento, un capricho de los gobernantes. Y
tercero, la aplicación de los derechos individuales implica un mercado capitalista (un mercado libre total, por ponerlo así). Es decir, muy
aparte del argumento utilitario de la eficiencia, yo defiendo al capitalismo
porque es un sistema moralmente correcto
para el ser humano.
“La justificación moral del
capitalismo yace en el hecho de que es el único sistema en consonancia con la
naturaleza racional del hombre, que protege la supervivencia del hombre qua hombre, y que su principio
gobernante es: justicia.” (Rand,
1967)
Por esta razón
es que me parece un excelente punto el que hace el economista Jesús Huerta de
Soto cuando habla de la etimología de la palabra capitalismo. Capitalismo, como sabrán muchos,
proviene de la palabra capital, y
esta procede del latín caput, palabra
que significa cabeza. Utilizada en
otras derivaciones en economía, por ejemplo, cuando se dice per cápita significa, ahora saben, por cabeza. Por lo tanto, es en el
mercado capitalista en donde, a través del proceso de estimación del valor de
los bienes de capital, se rigen las relaciones de forma libre, en donde el
hombre, para sobrevivir y poder desarrollarse, debe utilizar su cabeza, su mente—o como diría Ayn Rand, su razón. Así, concluyo citando a Huerta de
Soto:
“Y por eso, el nombre
científicamente más adecuado para ese sistema maravilloso que hace posible la
vida en sociedad y que permite la estimación de a precios de mercado en nuestra
cabeza (…), la denominación científicamente más precisa y correcta para ese
proceso de organización social es: capitalismo.”
(Díaz, 2009)
Referencias:
Rand, A. (1967). Capitalism: The Unknown Ideal. New York:
Signet.
Díaz, F. (2009, November 26). Huerta de Soto: Economía de Mercado o
Capitalismo [archivo de vídeo]. Retrieved from
https://www.youtube.com/watch?v=323hASobGh0.
El autor es
estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Casa Grande y pasante del
IEEP.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
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