Argentina: Farsantes en el escenario político nacional
Por Gabriela Pousa
Por un instante, repaso los temas que hacen a la coyuntura y advierto que
escribir sobre ellos es, sin eufemismos, hacerle el juego al gobierno. Me
pregunto, aún a riesgo de caer en un análisis en exceso autoreferencial, si realmente
la gente quiere escuchar los vericuetos de una interna peronista que tras el 27
de octubre próximo signará el quehacer político nacional…
Sergio Massa y Daniel Scioli renacerán de sus cenizas como dos grandes enigmas.
El primero porque tendrá un triunfo a préstamo, y sentirá el aplauso de
quienes lo han votado sin conocerlo, y el otro, porque no hay forma de explicar
que las balas repiquen tan cerca sin hacerle mella. Ambos de todos modos
son más parecidos a esos personajes de Pirandello que andaban en busca de un
autor que a políticos en serio. Es muy pobre su libreto.
A ese binomio se suman las declaraciones de la Presidente y una
puesta en escena que se vende como “entrevista” cuando en definitiva no es sino
una burda comedia, con una más o menos prolija escenografía. ¿Puede hacerse
una exégesis válida de ello? Creo que el mero intento por poner en renglones
todo aquello es una falta de respeto al lector, y ya están siendo castigados a
diario por aquellos que dirigen el teatro.
En idéntico escenario están los alumnos del
Nacional Buenos Aires y demás colegios tomados. En ese sentido, el análisis es
más simple de lo que parece y en general se ha visto. “La caridad bien
entendida empieza por casa” dice un conocido refrán popular. ¿Qué agregar? Pues de eso se trata.
Tomar un edificio estatal ha sido desde tiempos inmemoriales un delito.
Desconozco si hay algún decreto del kirchnerismo que lo haya abolido. De no ser
así, y retomando ese vocabulario, arcaico para algunos quizás pero auténtico
para los demás, a los delincuentes atrincherados sólo cabe penalizarlos. Si
son menores, la caridad ha de buscarse en casa. Eso es más popular que el
mismísimo refrán. Y que caiga quien caiga. Las consecuencias se pagan.
En algunos casos no hay matiz, es negro o es blanco. Buscar castaños aquí es
engañar y engañarnos.
Plantear en este espacio el caso Botnia es
otro dislate por cuanto el conflicto es un invento del actual gobierno. Fue
Nestor Kirchner quien insitó los cortes de ruta, y fomentó una polémica sin
coherencia y sin reglas. Lo cierto es que gracias a esta política externa, en
menos de 60 días nos peleamos con Estados Unidos por los fondos buitres, con
Chile por un hangar de una línea aérea, y ahora vamos por Uruguay. ¿Para qué la
paz si puede haber guerra?, razonamiento de populismo sin barreras.
En Argentina se vive así, en conflicto permanente, sin más ley que la de la
conveniencia; despotricando contra la paja en el ojo ajeno pero evitando ver
la viga en el propio. Uruguay contamina, pero las papeleras de este lado de la
frontera tiran a los ríos pétalos de rosas apenas. Por eso tal vez, pueda ver peces
en el Riachuelo, Juan Cabandié.
Estamos ciegos, tanto que nos desgarramos las vestiduras por una ecologista
detenida en Rusia pero no se nos mueve un pelo por la calidad ambiental puertas
adentro. Y no entendemos, claro. Pasa que Rusia tiene leyes y tiene normas,
y tiene otra cosa que se llama “Justicia” contra la cual nada puede hacer el
Presidente y su séquito. Por eso aunque el mismo Putin haya dicho que no fue un
caso de piratería no se modifica el tablero, es indistinto, la división de
poderes es algo concreto. Pero es casi lógico que no lo entendamos y nos
violentemos.
Entiéndase que brego por la liberación de la activista argentina. No es
un país donde pueda darse nada por sentado. Ese es otro fracaso.
Acá una situación similar muy probablemente la resolvería el Ejecutivo o
un amigo de Cristina, no un código ni un juez con martillo… Digamos pues que
este sí es un problema derivado del contexto. Editamos la realidad ‘al uso
nostro’, cada uno por separado o mancomunados sin embargo, ahí tampoco la
culpa es de Magnetto o de los medios.
Finalmente como el pacto con Irán resultó ser lo que parecía ser: un
error gravísimo, y Malvinas es un tema doloroso en demasía para ser utilizado
como telón de fondo, Botnia acude a su reemplazo. A distraerse en el “mientras
tanto”, es decir a no estar atentos a otros acuerdos como pueden ser los de
impunidad tan necesarios para cuando llegue el verdadero final.
Es el “modus operandi” del cerebro que escribe los libretos en Balcarce
50. Todos tontos menos ellos. Y hay que admitir que durante un largo tiempo no
se confundieron.
Ahora hay cambio de elenco y sin embargo hay
poca fe en “los nuevos” por una sencilla razón: huelen rancio, no hay
maquillaje que valga. Apenas se rasca, se corre el rímel y la base se sale. La metáfora no es
original ni es mía: volveremos a comprar el cajón de frutillas solo porque
arriba hay unas que se ven lindas… Después es tarde. Ya pagué y ya pagaste.
De todos modos, el intento siempre vale,
máxime en un país donde se ha dejado de intentar durante casi una eternidad.
En este teatro donde los Farsantes de TV son más creíbles que lo que está
sucediendo, la derrota de Cristina en las legislativas será leída como la
derrota de Insaurralde. Y los votos prestados – por desesperación más que
por convicción – a Sergio Massa serán interpretados como el triunfo de un
“joven intendente del conurbano” que demostró que el aparato es un mito, y que
la obra pública no compra más una elección. No importa si Massa tuvo antes otros
cargos…
Ya lo decía Borges: “la memoria es porosa para el olvido” y el
olvido es redentor más aún si nos asumimos Narcisos engolosinados con nuestro
propio ombligo.
En definitiva, es posible que llegue al punto
final adeudando un análisis real de este ‘aquí y ahora’ pero de suceder así, no
será no por tedio ni por estar ajena a los hechos sino por respeto.
De lo contrario, debería escribir sin titubeos que nos están
adelantando el 2015, que este Octubre está siendo vivido como un desafío
personal para las ambiciones mezquinas de un par de vivillos que únicamente
se miran al espejo para ver qué tal les queda la banda y el cetro.
Y entretanto, Cristina Fernández les sirve un
vermuth, y les compite con las calzas como si el país pudiera redimirse con un
“nuevo look”
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