La guerra es inmoral por ineficaz
Por Alejandro
A. Tagliavini
"Estamos
cansados, un bombardeo es lo último que necesitamos, ya hemos visto mucha
guerra", dijo Zaina, una joven a la que una anciana interrumpe a gritos:
"¡díganle a Obama que si bombardea Siria solo perjudicará a gente que ya
ha perdido todo!", cuenta Mariela Rubio desde Jaramane. Lo cierto es que
con armas químicas fueron asesinadas 1.429 personas, contra las 100.000 víctimas
de armas convencionales que ya lleva la guerra civil siria.
Pero los
organismos políticos internacionales han calificado a las nucleares, químicas y
bacteriológicas como armas de destrucción masiva regulando su tenencia,
proliferación y prohibiendo su uso. Ahora, por caso, la mayor parte de las
800.000 víctimas del genocidio ruandés murieron a golpe de machetes sin que dijeran
nada. Es que la guerra es, digámoslo sin eufemismos, parte del negocio de los
políticos cuyo poder se basa, precisamente, en el monopolio de la violencia en
determinados territorios, lo que no están dispuestos a ceder.
La prohibición
de las químicas es la excusa de hoy, para los partidarios de la guerra, que
argumentan que trivializar el uso de estas armas no solo nos degradaría
moralmente sino que, precisamente, porque habría regímenes dispuestos a
usarlas, se abren posibilidades futuras que no deberían alentarse ¡como si los
machetes de Ruanda fueran tolerables! Así, la intervención militar estaría
justificada para sancionar su uso con el objetivo final de que no vuelvan a
emplearse.
Dejemos de lado
el hecho de que los documentos desclasificados de la CIA revelan que facilitó
gas sarín a Iraq para emplearlo contra los iraníes y que, en 2012, Reino Unido
vendió este gas a El Assad. Dejemos de lado, también, el que los enemigos de
Assad, que se favorecerían con un ataque de EEUU, son verdaderos terroristas
islámicos al estilo Al Qaeda. Por caso, en Maalula, corazón del cristianismo
oriental donde todavía se habla arameo, el idioma de Jesús, los rebeldes
islámicos profanan los templos y monasterios cristianos y los sacerdotes son
blanco de asesinatos, secuestros y otros atentados.
Sin duda es
irónico y llamativo que la "derecha", los conservadores británicos,
Alemania, etc., no apoyen esta aventura de un Obama premio Nobel de la Paz que,
al recibir este galardón, dijo en su discurso que creía firmemente en que, en
determinadas circunstancias, el uso de la fuerza estaba justificado demostrando
que al fin de cuentas la paz tiene límite -según su criterio- o sea que
el premio Nobel es una farsa. Para justificar esto Obama aseveró que "el
mal también existe" adhiriendo así al "maniqueísmo", herejía
condenada por la Iglesia católica que asegura que el mal no existe de suyo,
sino que es ausencia de Bien.
En fin, dejando
estos "detalles" de lado, lo cierto es que la guerra es inmoral no
por capricho de algún iluminado, sino porque es ineficaz. A ver, el cosmos
tiene un orden para el desarrollo de la vida: sale el Sol todos los días a la
misma hora y llena de energía a la vida, llueve para regar, etc. La violencia,
ya lo sabían los griegos como Aristóteles es, precisamente, aquello que
contraría este orden de la naturaleza, en consecuencia, mal puede ser eficaz
(para desarrollar la vida). De hecho, todas las guerras que ha encarado EEUU
han sido un rotundo fracaso: no han conseguido los objetivos declarados y si
demasiada destrucción inútil.
El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity en
el Independent Institute, de Oakland, California.
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