Mujica, la delincuencia y la marihuana

Por Hana Fischer
De los gobiernos populistas de la
región se han dicho muchas cosas, y han sido ampliamente analizados. Se podría
afirmar que ya existe una “tipología” del actual caudillo latinoamericano.
Entre los rasgos principales, se señalan
una marcada tendencia hacia un autoritarismo creciente, el culto a la
personalidad, el ser un movimiento de masas basado en los “dádivas”
gubernamentales, el control casi total de la economía, el centralismo que raya
con el absolutismo, y el control de la información y de la opinión por medios
directos o indirectos.
Consideramos interesante destacar, que
ése es el perfil que ha caracterizado a todos los comunismos y fascismos a lo
largo de la historia. Porque hay que tener en cuenta que estos populismos
latinoamericanos actuales, son un híbrido entre ambos totalitarismos: su discurso
es de “izquierda” (comunista) pero su accionar es de “derecha” (fascista).
No obstante, nos parece que hay una peculiaridad
de estos gobiernos que ha pasado desapercibida, y que lo diferencia de los
autoritarismos anteriores. Nos estamos refiriendo al desborde de la
delincuencia.
Tanto en el comunismo (soviético,
norcoreano o cubano), como en el fascismo (ya sea de Mussolini, Hitler o Perón),
o las dictaduras militares, la delincuencia en las calles estaba controlada
hasta tal punto, que casi se podría decir que no existía. La única amenaza
contra la integridad física y los bienes de las personas, provenía del propio
gobierno, pero no de gente actuando por “cuenta propia”.
El raro mix que caracteriza a los
regímenes populistas actuales, es el de un totalitarismo creciente junto con la
“jungla” en las calles. Dado todo el poder que han acumulado estos gobernantes,
creemos que ése no puede ser un hecho fortuito. Nos da la impresión, que hay un
objetivo político que se encubre detrás de ese fenómeno.
Nos vamos a referir concretamente a lo
que está ocurriendo en Uruguay, porque es uno de los casos menos conocidos a
nivel internacional. En nuestro país, la inseguridad ha aumentado a grados
alarmantes desde que la izquierda está en el gobierno, tanto con respecto a la
asiduidad de los delitos como por la violencia con la que son realizados. Las
modalidades delictivas son cada vez más osadas: ya no se puede caminar con tranquilidad por las calles por temor a los
frecuentes robos; se copan violentamente hogares; uno de los últimos casos que
conmocionó a Montevideo, fue el asalto masivo en el estacionamiento de un
popular supermercado en la hora pico, que causó pánico entre los concurrentes.
A pesar de los años de bonanza
excepcionales que hemos tenido -gracias a los precios inusualmente elevados de
los commodities- ocurrió hace poco que
cuando se llamó a la policía en el preciso momento en que estaban robando una
casa, desde la Seccional Policial se afirmó,” que no podían ir porque no había
vehículos disponibles”. Lo peor de todo es, que unos meses antes vecinos de esa
zona habían ofrecido la donación de vehículos para patrullaje, que fueron
rechazados por el Ministerio. La razón aducida por el gobierno para rehusar el
ofrecimiento fue, que consideraba “el planteo como una presión inapropiada”.
Hace un tiempo, cuando el malestar
popular debido a este asunto estaba llegando a un climax, el presidente José
Mujica largó el “bolazo” de la “liberalización” del mercado de la marihuana.
Se le llama “bolazo”, a la estrategia
política de lanzar una idea extravagante, con el fin de desviar la atención
pública de un tema candente. También, cuando alguien expresa algo que no tiene
ningún asidero. Lo afirmado por Mujica con respecto a la liberalización de la
marihuana, se ajusta a ambas acepciones. Tanto es así, que hasta los propios
legisladores de su partido quedaron asombrados, porque nunca les había
transmitido tal posibilidad.
Fuera de fronteras, la idea de Mujica
de “liberalizar” el cultivo de marihuana causó sensación; dentro del país no
tanto, porque ya estamos acostumbrados a que frecuentemente el presidente
largue “bolazos”. Ideas, que se esfuman como el aire de sus palabras.
Atrapado por sus propias afirmaciones,
dado que la noticia dio la vuelta al mundo, Mujica se vio obligado a materializar
sus dichos. Ellos se concretaron en el proyecto de ley, que el Ejecutivo envió
al Parlamento en agosto de 2012. El artículo 2 de la citada norma, expresa que
“el Estado, directamente o a
través de las instituciones a las cuáles otorgue mandato legal, asumirá el
control y la regulación de las actividades de importación, exportación,
plantación, cultivo, cosecha, producción, adquisición a cualquier título,
almacenamiento, comercialización, y distribución de cannabis o sus derivados”. En
pocas palabras, la intención de Mujica es que el Estado centralice la
producción y la venta de la droga.
Por
cierto, una postura bastante alejada de la idea que uno suele hacerse, cuando
se habla de “liberalización”.
Como no
hubo consensos para aprobar el proyecto del Ejecutivo –ni siquiera convencía a algunos legisladores
de su propio partido- los parlamentarios oficialistas decidieron modificar el
texto. En la nueva redacción se observa una postura más
liberal, ya que se permitirá el autocultivo, la producción en clubes de cannabis, y el uso
medicinal de la hierba. A pesar de que se autorizaría el autocultivo, la idea
es que el Estado regule y controle el mercado. Habrá un registro de
productores, aunque no de consumidores.Se especifica especialmente,
que el rol del Estado será fiscalizar y controlar el mercado de marihuana, pero
no producir.
Sin embargo, a pesar de que
Mujica había manifestado a destacados periodistas extranjeros que pensaba
“liberalizar” el mercado de la marihuana,
frente al hecho concreto de la discusión de la ley, se
manifestó en contra de que la misma incluya el autocultivo.
El
corolario de esta situación tragicómica con seguridad será, que los medios
internacionales concentrarán su atención en otras noticias vistosas; Mujica
quedará con la “etiqueta” de ser uno de
los pocos mandatarios que se atrevió a “liberar” el mercado de las drogas; y
los uruguayos nos quedaremos con el problema de la delincuencia desbordada… sin
solucionar.
- 28 de septiembre, 2026
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