La dama de la libertad

Cuando
Margaret Thatcher asumió como primer ministra en 1979, Gran Bretaña estaba en
declive político, económico y moral. La economía era altamente estatizada e
ineficiente y el país estaba secuestrado por sindicatos capaces de torcer al
poder político para adquirir mayores rentas y privilegios. Como indica la
edición digital de The Economist, “Ella creía que las naciones podían hacerse
grandes solo si se permitía a los individuos ser libres. Sus luchas tenían un
lema: el derecho de los individuos de dirigir sus propias vidas, tan libres
como sea posible de la micro-administración del Estado”.
Thatcher
tenía algo que normalmente adolecen los políticos: principios. Ella tenía
principios y no estaba dispuesta a sacrificarlos por popularidad, por lo que
diga la opinión pública o lo que señalen las encuestas. Incluso estuvo
dispuesta a enfrentarse a su propio partido por defenderlos. Afortunadamente (y
esto no es poca cosa) creía en los principios acertados. Creía en la protección
de la libertad individual como fin supremo del Estado, creía que la libertad
creaba las condiciones propicias para generar desarrollo económico y reducir la
pobreza y creía que el Estado al involucrarse en la actividad económica se
convertía en un obstáculo a la prosperidad. El tiempo le dio la razón:
Inglaterra pasó de la decadencia que algunos veían como inevitable a
convertirse nuevamente en una de las naciones más prósperas del planeta.
Una
de las mayores influencias de Thatcher fue el premio Nobel de economía
Friedrich Hayek quien, luego de experimentar los horrores del nazismo, escribió
Camino a la Servidumbre para advertir a las sociedades libres sobre los
peligros de las políticas colectivistas. Citando nuevamente a The Economist,
“hoy en día, el péndulo se está alejando peligrosamente de los principios que
la Sra. Thatcher defendió. En gran parte del primer mundo, el tamaño del Estado
en la economía ha crecido bastante en años recientes. Las regulaciones –
excesivas, tanto como necesarias – están enredando al sector privado. Las
empresas están bajo tal escrutinio como no lo han estado en 30 años. Los
manifestantes protestan contra la existencia misma de la industria bancaria. Y
con el auge de China, el control estatal, y no el liberalismo económico, está
siendo alabado como modelo para países emergentes. Para un mundo en desesperada
necesidad de crecimiento, esta es la dirección equivocada… Lo que el mundo
necesita ahora es más thatcherismo y no menos.”
- 28 de septiembre, 2026
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