Ley de Hierro de la Oligarquía
Existe una ley de carácter universal, que diferencia entre las formas
de gobierno y las formas de régimen y que, en palabras del catedrático Dalmacio Negro [1],
indica como: “los gobiernos son siempre
oligárquicos con independencia de las circunstancias, el talante y las
intenciones de los escritores políticos y de los políticos”.
En otras palabras, los regímenes son materialmente oligárquicos aunque
no lo sean formalmente las formas de gobierno. Las familias que acceden a la
oligarquía forman un grupo más o menos reducido de la sociedad política. La estructura
institucional del régimen político determina que sea más cerrada o más abierta
la sociedad política, de modo que haya más o menos personas que influyan en la
población como “think makers”
y que accedan con mayor o menor facilidad a los puestos públicos de “decisión maker”. Se trata de
una regularidad de la clase política o, si se prefiere, de una ley de la
naturaleza humana que es inmanente a todas las formas de gobierno, cuyo
descubrimiento formal fue realizado por Robert Michels [2].
Grado de
oligarquización de la sociedad
Existen dos conceptos que permiten analizar el grado de oligarquización
de una sociedad. Hay que diferenciar entre la “potestas” (o poder formal) y la “autoritas” (o influencia o poder informal). Por un lado, las formas de gobierno constituyen una
estructura formal que determina el número de responsables del mando en la
sociedad y su grado de poder sobre los ciudadanos. Y, por otro lado, las formas
de régimen constituyen el funcionamiento efectivo del orden político que
determina el número de personas influyentes y su grado de influencia sobre los
individuos.
De hecho, las disputas políticas en el medio y largo plazo giran
entorno al grado de oligarquización de los regímenes. Así, por ejemplo, se
puede tener una democracia multipartidista que formalmente establezca una
sociedad abierta pero, en función del grado de involución institucional, seguir
manteniéndose la casta política, heredada de una dictadura previa. Es decir, una cosa es la estructura formal y otra cosa es el régimen
político.
El régimen puede seguir siendo cerrado y, de hecho, sin financiación
transparente y sin democracia interna, prevalecer el inmovilismo y el sometimiento
a la autoridad en el seno de las instituciones, sobre el mérito y la capacidad
de las personas.
De ahí, la importancia del marco institucional
de cada país y de las características institucionales que lo definen porque el
grado de oligarquización de la sociedad depende mucho de la dispersión pluralista del poder:
la separación “real” de poderes, la independencia judicial “efectiva”, el
cumplimiento “estricto” de la Ley, el principio de consentimiento de los
ciudadanos ante las decisiones políticas trascendentales,…
Sin embargo, en última instancia, como señalaban Montesquieu o
Tocqueville, la religión y las virtudes del “êthos” son las que moderan la oligarquía. Por ello, desde su
agnosticismo, Friedrich A. Hayek llegó a la conclusión de que las religiones
eran los “guardianes de la tradición” porque la existencia de un orden extenso,
complejo y abierto de colaboración humana que es los que constituye una
sociedad civilizada depende de que estén arraigados, entre la mayoría de los
ciudadanos, ciertas instituciones morales como el respeto por la vida, la
familia, la propiedad privada, el cumplimiento de los contratos, el
dinero,…
Las instituciones morales que arraigan en la población por medio de la “autoritas” de las religiones
(y, últimamente, de las ideologías) son el contrapeso que controla la evolución
o involución institucional de la “potestas”
un país y, por tanto, también el grado de oligarquización de la sociedad.
Ideologías Colectivistas
Por ello, las ideologías colectivistas intentan imponer la democracia
formal como religión civil e intentan controlar la educación y los medios de
comunicación en aquellos territorios donde logran el poder político.
Sin excepción, todas los gobiernos colectivistas instrumentalizan el Estado de Derecho,
intentan cambiar las virtudes del “êthos”
por medio de legislación “al servicio de la política y no de los
ciudadanos” pero, significativamente, extienden el incumplimiento de la Ley
(“rule of Law”) y la impunidad ante los delitos de la oligarquía.
Y, sin excepción, la sucesión en el poder de los gobiernos
colectivistas se puede observar en la “híper-legislación”
del Parlamento con una permanente acción legislativa “destructiva” del “êthos” o del conjunto de
valores morales mayoritario entre los ciudadanos.
Regímenes
Colectivistas
Con el paso de las décadas, se puede identificar la imposición de un
régimen colectivista sobre la población de un territorio porque se
observan cinco hechos concretos de caracterización:
- 1)el aumento constante del tamaño del Estado –actualmente en
Europa el sector público rebasa el 50% del PIB en muchos países— hasta
niveles económica ineficientes, - 2)la cristalización de una casta política ,
- 3) la tiranía del consenso de los valores colectivistas
con todos los partidos políticos partiendo de presupuestos idénticos como,
por ejemplo, el culto y endiosamiento del Estado,
el ateísmo antirreligioso,
las bioideologías,
el socialismo de Mercado
o, si se prefiere, el capitalismo de Estado, - 4) el deterioro institucional con legislación
intervencionista y, - 5) la generalización de la corrupción.
Se puede observar cómo, reiteradamente, cuando detentan cargos
públicos, los “socialistas de todos
los partidos” actúan a favor de los privilegios de la casta política y
sus redes clientelares y en contra de los derechos individuales y de las
soluciones de libre mercado. Así, al alcanzar el poder, los sucesivos “gobiernos intervencionistas”
intentan expandir el poder político para abarcar los últimos rincones de la
sociedad, entrando a legislar e imponer normas sobre los aspectos más íntimos
de la libertad del individuo como la vida, la familia, el idioma, la educación,
la propiedad, la información libre o la libertad de empresa.
En definitiva, son las ideologías
colectivistas las que, permanentemente, intentan aumentar el grado de “oligarquización”
de la sociedad. Y la observación de la realidad política nos permite
constatar que se cumple la ley de hierro de la oligarquía.
la Oligarquía. Pleno del 15 de enero de 2013. Real Academia de Ciencias
Morales y Políticas. Madrid. [*] [2] (Michels, R.: 1962 [1910]). Political Parties. A Sociological Study f the
Oligarchical Tendencies of Modern Democracy. Library of Congress. Transaction
Publishers. New Jersey. USA. [**]
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