Orden, prosperidad y arduo trabajo – Reconocimiento a James Buchanan (1919-2013)
Por Art Carden
Uno
de los pensadores más importantes de nuestra época falleció ayer. El economista
James M. Buchanan ganó el Premio Nobel en 1986 y fue, entre otras cosas, un
pionero intelectual y una inspiración para generaciones de estudiosos. También
ayudó a desarrollar un riguroso cuerpo de teoría y evidencia que nos permite
entender por qué agradables fantasías políticas a menudo generan verdaderas
pesadillas sociales. Específicamente, la agenda de investigación de Buchanan
consistía en una “política
sin romance”, como señaló
Donald J. Boudreaux en el Wall Street Journal de hoy.
Sintetizando,
Buchanan, junto con autores como Gordon Tullock, Geoffrey Brennan, Richard
Wagner y otros, ayudó a desarrollar una rama de investigación que nos permite
entender la política y los mercados al considerar a las personas como realmente
son y no como nos podemos imaginar que son en nuestra visión de un mundo
perfecto. Fue un ejemplo de lo que el economista Thomas Sowell denominó “la
visión restringida”. La naturaleza humana nos viene dada, no es algo que deba
ser modificado. Los actores políticos exhiben esta misma naturaleza humana, y
cualquier discusión de las instituciones políticas debe contemplar muy en serio
nuestras limitaciones morales y cognitivas, así como el hecho de que la gente
responde a incentivos.
Las
implicancias para el gobierno son claras. Como destaca Boudreaux en su
apreciación en el Wall Street Journal, Buchanan veía a los problemas
fundamentales de la cooperación social como problemas de identificación e
implementación de las limitaciones que canalizan el interés propio hacia
resultados socialmente beneficiosos más que como partes de un proyecto para
rehacer la naturaleza humana. Recuerdo al economista Michael Munger afirmando
en un seminario hace varios años (y al que parafraseo), que la pregunta que
deberíamos hacer acerca de una política no es “¿qué es lo que harían dirigentes
ideales y llenos de espíritu cívico”, sino “qué harían los políticos reales que
realmente resultan elegidos?”. Estas preguntas son parte del formidable legado
intelectual de Buchanan.
Buchanan
fue extremadamente prolífico, y el lector interesado puede leer
sus obras online cortesía de la Library of Economics and Liberty. A pesar
de sus muchos tratamientos de cuestiones fundamentales de la economía política
a los que dedica libros enteros, mi trabajo favorito de las obras de Buchanan
es su excepcional y excepcionalmente corto ensayo “Order
Defined in the Process of Its Emergence” (“El orden definido en el proceso
de su surgimiento”. En él, Buchanan explica cómo del proceso de intercambio
voluntario surge el orden social. Demuele el método de muchos analistas que
evalúan los resultados sociales con referencia a lo que un planificador
benevolente podría hacer si él o ella contasen con toda la información
relevante:
Deseo
argumentar que el “orden” del mercado surge sólo del proceso de
intercambio voluntario entre los individuos participantes. El “orden” es, en sí
mismo, definido como el resultado del proceso que lo genera. “El”, el
resultado de la asignación y distribución, no existe, ni puede existir
independientemente del proceso de intercambio. En ausencia de este proceso, no
hay ni puede haber “orden” alguno.Los
individuos no actúan tanto para maximizar utilidades descritas en funciones
existentes de forma independiente. Se enfrentan a verdaderas opciones, y la
secuencia de las decisiones tomadas puede ser conceptualizada, ex post
(tras las opciones), en términos de funciones “como si” que son maximizadas.
Pero estas funciones “como si” son, ellas mismas, generadas en el proceso de
elección, no de manera separada de dicho proceso. Visto desde esta perspectiva,
no existen medios por los cuales incluso el más idealizado de los diseñadores
omniscientes pudiese duplicar los resultados del intercambio voluntario. Los
potenciales participantes no saben hasta que ingresan en el proceso
cuáles serán sus propias decisiones. De esto se deduce que es lógicamente
imposible que un diseñador omnisciente lo sepa, a menos que, por supuesto,
prescindamos del libre albedrío.
Como
señala Buchanan, los economistas y otros se equivocan cuando ven al proceso de
mercado como una de las muchas rutas posibles hacia fines sociales eficientes.
Enseña una gran lección: que, literalmente, no sabemos lo que estamos haciendo
cuando empleamos la fuerza para restringir las opciones de los demás.
Las
ideas Buchanan han sido relativamente bien recibidas: después de todo, tenía un
Premio Nobel. Sin embargo, sus ideas siguen estando muy por fuera de la
corriente intelectual mayoritaria. Buchanan, sin embargo, fue el modelo de un
académico paciente e ilustrado. Escribía de manera perenne, y he oído que les
hacía a los jóvenes académicos preguntas como “¿en qué estás trabajando que
vaya a ser leído dentro de 100 años?” He recibido preguntas como éstas de los
estudiantes que encuentro, y trato de hacérmela mí mismo periódicamente para
asegurarme de no perder de vista lo que realmente importa. Buchanan tuvo éxito:
los estudiosos todavía seguirán leyendo su obra dentro de un siglo. Y lo harán
en un mundo mucho mejor del que habría existido si Buchanan no hubiera pasado
por aquí.
Traducido
por Gabriel Gasave
Art
Carden es Asociado Adjunto en el Independent Institute en
Oakland, California, y profesor asistente en el Departamento de Economía y
Negocios del Rhodes College.
- 28 de septiembre, 2026
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- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
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