Apple: ¿se justifica el pánico?

Los inversores han pasado de la euforia al pánico en lo que atañe a
Apple. Han decidido que tiene lepra. La empresa ha perdido más de $50
mil millones de su valor en Bolsa en pocos días. ¿La razón? Una psicosis típica de quienes invierten con poco sentido de lo que importa y mucho instinto de rebaño.
Como a algunos analistas influyentes se les ocurrió que los resultados
del último trimestre comprobaban que Apple está pasando de moda, medio
mundo vendió sus acciones. Lo cual (je, je) es una pera en dulce para
quien crea en Apple: ahora te la puedes comprar más barata.
No tengo acciones de Apple y no sé si las compraría porque en lo
personal no me interesa ser copropietario de una empresa que no crea que
puede proteger su posición en el mercado contra la competencia a largo
plazo. No la he estudiado lo suficiente y no sé si seguirá siendo una
empresa tan exitosa dentro de dos lustros. Pero una cosa afirmo con
rotundidad: no hay nada en los resultados trimestrales que justifique el pánico.
Para estos analistas, un resultado decepcionante es aquel que se
aleja de sus previsiones. Como Wall Street había decidido con olímpica
arbitrariedad que Apple tendía que vender 50 millones de iPhones y cinco
millones de Macs en los últimos tres meses y vendió casi 48 millones de
lo primero y cuatro millones de lo segundo, ha decretado que el negocio
es un fracaso. Ha confirmado que Samsung está acabando con ella.
¿Cuál es la realidad? Que las ventas generadas por el iPhone
aumentaron un 28 % en un año. ¿Y los iPads? Pues lo mismo: sus ventas
subieron un 22 %. Atención: nunca en su historia Apple ha vendido más iPhones y iPads,
que juntos significan dos terceras partes de sus ventas totales. Si
esto pasa por un mal negocio en Wall Street, no me extraña que pasen por
buenos negocios los papeles basura que arruinaron a la humanidad (menos
a ciertos fuleros de las finanzas ) hace cinco años.
¿Y qué hay de la predicción de que Samsung se comerá a Apple? No hay
pruebas de ello todavía. En un año la cuota de mercado del iPhone ha
pasado de 18 a 25 %. Es cierto que Samsung ha alcanzado una mayor cuota,
pero si la de Apple sigue creciendo y esta empresa la saca un mayor
partido a lo que vende del que le saca su (excelente) competidor, ¿cuál
es el problema? Digo que le saca más partido porque para alcanzar su
superior cuota de mercado Samsung Electronics ha tenido que producir muchísimos tipos de teléfonos diferentes a un alto costo y ha ganado menos dinero que Apple.
Los fúnebres analistas han reparado en que este último trimestre las
ganancias de Apple son iguales a las del año pasado. La única razón por
la que no han crecido es que Apple no pudo vender aun más aparatos
porque, ante la demanda exorbitante del público, no los pudo fabricar a tiempo.
También está el hecho de que el mini iPad se vende por ahora a bajo
precio para contrarrestar las tabletas que Amazon y compañía venden sin
cubrir costos. Aun así Apple genera un retorno sobre el patrimonio de 33
%.
La caída dramática de las acciones por obra del pánico ovejuno con el
que tantos se han dejado llevar por unos cuantos pastores desnortados
ha creado una oportunidad dorada. Comprar una acción de Apple en este
momento implica ganar en un año un 12 % de lo que cuesta adquirirla. Eso
es lo que las ganancias reales de la empresa (lo que queda en dinero
contante y sonante al final del año) implican para quien sea
dueño.
Es muy respetable que un inversor decida que Apple no tiene futuro a
medio-largo plazo porque el magín de Tim Cook está seco. O porque la
tecnología hará que el iPhone y el iPad sean el periódico de ayer muy
pronto. O porque Samsung acabará, de aquí a unos años, acaparando el
cien por ciento del mercado. O porque un meteorito nos ahorrará el esfuerzo de pensar.
Pero lo que carece del más mínimo sentido es, si uno compró acciones de
Apple porque decidió que era una gran empresa, venderlas como si fuesen
tóxicas sólo porque los resultados del último trimestre, los mejores de
su historia, no fueron del agrado de tres o cuatro relamidos arúspices de Wall Street.
- 28 de septiembre, 2026
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