Después de Chávez
Editorial –
Si en algo están de acuerdo los venezolanos partidarios del gobierno y
los de la oposición, es en que la vida cotidiana en Venezuela es una
seguidilla interminable de frustraciones innecesarias.
Algunos ejemplos recientes: deficiencias
portuarias retrasaron varias semanas la llegada de pinos navideños
importados de Canadá esta temporada, encareciéndolos al punto de que
ahora vale cientos de dólares cada uno. Casi no hay repuestos para
automóviles en el mercado. Las viviendas de bajo precio que entrega el
gobierno se fabrican tan rápido que no hay control de calidad y sus
tuberías gotean por todas partes.
¿Cómo se explica entonces que el enfermo Hugo Chávez haya sido reelecto con amplio margen en octubre pasado?
La respuesta está en la personalidad
de Chávez y su capacidad de seducción y en el dinero que ha sabido
regalar con iguales dosis de generosidad e irresponsabilidad.
Como todos los caudillos de la historia -ejemplos hay muchos y de todos
hay que sospechar-, logró convencer a la mayoría de sus ciudadanos de
que no hay jefe como él. Los ha convencido de que su revolución
bolivariana es buena, y que él, Chávez, es sinónimo de esa revolución. Y
si la realidad no calza con esa convicción, pues no es culpa de él,
sino del imperialismo norteamericano. O de la oposición. O de los mandos
medios en el gobierno que no supieron llevar a la práctica sus ideas.
Hay otras causas que llevaron al chavismo,
como la corrupción, la decadencia de los partidos políticos
tradicionales y la falta de instituciones sólidas. Chávez y el chavismo son un prodcuto de la historia de Venezuela.
Pero ahora que Chávez se enfrenta a su propia muerte, enfrenta también la muerte de su propio proyecto político. Tal como ha sucedido con todos los caudillos en la historia.
Un gobernante que desprecia las estructuras
de gobierno puede desmantelarlas solo si construye otras en su
reemplazo. Pero los autócratas desconfían de las estructuras porque
ellas requieren confiar en el criterio de otras personas, y los
autócratas por definición desconfían de los demás y quieren tomar todas
las decisiones y dar todas las órdenes.
La responsabilidad del gobernante, más que
dar todas las órdenes y tomar todas las decisiones, consiste en liderar a
un grupo de personas para que lleven a cabo un programa de gobierno
colectivo. Gobernar un país, más que cualquier otra cosa, es un trabajo de equipo.
Chávez nunca entendió esto. Al aferrarse a tomar todas las decisiones y rodearse de yes men,
debilitó las instituciones políticas, económicas y administrativas de
Venezuela, y su actitud de “después de mí el diluvio” se convierte en
una profecía autocumplida.
Oncólogos que han seguido las cirugías,
radioterapias y quimioterapias de Chávez concuerdan en que su
sintomatología, recurrencia y tratamiento son consistentes con
un diagnóstico de sarcoma, una rara forma de cáncer muy difícil de
extirpar que ataca músculos y ligamentos de la zona pélvica. El
gobierno venezolano ha guardado estricto silencio sobre los detalles
clínicos de la salud del caudillo, pero un par de médicos
estadounidenses expertos en sarcoma, entrevistados por The Wall
Street Journal, le han dado a Chavéz 50% de probabilidad de morir antes
de seis meses.
Venezuela se prepara entonces para un Chávez
muerto en los próximos meses, si es que llega a asumir su tercer período
el 10 de enero. Eso significa, según la Constitución venezolana, elecciones presidenciales 30 días después de su muerte.
Chávez ha nombrado como sucesor a su leal vicepresidente, Nicolás Maduro,
quien precisamente por su lealtad, es incapaz de reemplazarlo como
gobernante ni como candidato. Maduro representa al “ala civil”, más
socialista, del chavismo. Otro sector del oficialismo, vinculado
a las fuerzas armadas, es más nacionalista que socialista, se ha
distanciado de La Habana y ya tiene como potencial candidato al ex
militar, diputado y presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado
Cabello.
La oposición, dividida en innumerables
facciones desde el comienzo del gobierno de Chávez en 1999, se unió
finalmente en torno a Henrique Capriles para las elecciones
presidenciales de octubre pasado y obtuvo el 45% de los votos. Esa
unidad probablemente se mantendrá si Capriles vuelve a ser candidato
presidencial, cosa probable tras haber sido reelecto gobernador del
estado de Miranda.
La tragedia para Venezuela es que en
cualquiera de los escenarios probables, los vacíos de poder y la
debilidad institucional tenderán a traducirse en batallas y rencillas en
el aparato de gobierno, debilitado por Chávez al gobernar como caudillo
en lugar de hacerlo como presidente. El gobierno tenderá a la
atomización y las fuerzas armadas se atrincherarán en los bastiones de
poder económico donde se han enquistado. Los militares hoy día
controlan empresas y negocios como no ocurre en ningún otro país
latinoamericano, y esa es una variable política que tendrá peso en
cualquiera de los futuros escenarios políticos de Venezuela.
Todo esto sucede cuando empieza un año que todos pronostican difícil en lo económico después del despilfarro de 2012, con devaluación del bolívar, mayor inflación y una tasa de crecimiento mucho menor que la el expansivo 2012.
Incluso si la oposición se mantiene unida y
logra llevar a Henrique Capriles a la presidencia en 2013 ó 2014,
convertir a Venezuela en una verdadera democracia no será tarea fácil.
- 28 de septiembre, 2026
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