Sobre el control de las armas y la prensa

El
hecho de que ninguna dictadura se haya instaurado en los Estados Unidos tiene
mucho que ver con la prohibición constitucional que tiene su gobierno de
regular o limitar en cualquier manera la libertad de expresión y la posesión de
armas a los ciudadanos. La constitución norteamericana establece en su primera
enmienda la libertad de prensa y en su segunda enmienda el derecho de portar
armas, precisamente para proteger a sus ciudadanos y para que sus ciudadanos
puedan proteger al sistema democrático si éste se ve amenazado. Es que para
instaurar una tiranía, es indispensable que los gobernantes controlen la prensa
y las armas de fuego.
Pero
es raro que un aspirante a tirano declare abiertamente sus verdaderas
intenciones. Lo normal es que disfrace sus aspiraciones de poder irrestricto
con motivos nobles. Por ejemplo el control de medios de prensa es justificado
por los tiranos como una forma de “democratizar” la información.
Mario Vargas
Llosa ha dicho al respecto que “cada vez que los gobernantes han hablado de
democratizar los medios, la libertad de expresión ha entrado en receso y ha
desaparecido.” Igualmente, el control de armas es justificado como una medida
de seguridad para reducir los crímenes comunes y la violencia. En 1935 Hitler
dijo: “Este año marcará un hito en la historia. Por primera vez una nación
civilizada tiene un completo registro de las armas. Nuestras calles serán más
seguras, nuestra policía más eficiente…”.
No es casualidad que Fidel Castro,
Hugo Chávez o Evo Morales adopten políticas parecidas a las de Adolfo Hitler y
utilicen los mismos justificativos. Por supuesto prohibir la posesión de armas
tiene el efecto contrario, ya que los ciudadanos decentes obedecen la
prohibición, pero los criminales no. Es decir, con estas medidas se logra
desarmar y desproteger a las personas honestas y dar más bríos a los criminales
para que puedan actuar sin miedo.
Tanto las leyes para “democratizar
los medios” como aquellas para controlar las armas, tienen como consecuencia
concentrar el poder en manos de los gobernantes. Estas leyes ni democratizan
los medios, ni reducen la criminalidad, de hecho la aumentan. Hoy en
Sudamérica, gobiernos con tintes totalitarios como los de Venezuela, Bolivia,
Ecuador o Argentina han implementado medidas contra la prensa y la posesión de
armas de fuego. Venezuela, a pesar de tener estas imposiciones durante años, es
una de los países más peligrosos del mundo en cuanto a criminalidad. En Bolivia
el gobierno prohibió las armas el 2008 y la criminalidad ha empeorado. Pero eso
no preocupa a los gobernantes porque su propósito no es mejorar la libertad de
expresión ni la seguridad ciudadana, sino neutralizar cualquier elemento que
pueda interponerse en su proyecto de perpetuación del poder.
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