¿Asilo para julian Assange?
Editorial -
Rafael Correa, un reciente autócrata sudamericano, puede estar oliendo una oportunidad política. Hugo Chávez, el populista venezolano que ha sido su mentor, parece estar muriendo de cáncer. Esto significa que el rol de jefe de los enemigos de los yankis, y amigo de los pícaros, que el señor Chávez ha modelado en los últimos años, muy pronto podría quedar vacante. El señor Correa, quien ha sido presidente de Ecuador desde el 2007, ha estado siguiendo sus consejos lo mejor que puede: en enero, por ejemplo, hospedó al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad en Quito.
El mes pasado, la campaña de Correa obtuvo un impulso del fundador de Wikileaks Julian Assange, quien abrió una entrevista aduladora para un medio propagandístico del gobierno ruso, anunciando que “Con Chavez…fuera de la mirada pública, una nueva generación de líderes latinoamericanos ha surgido”. Llegó a regocijarse en calumnias anti-estadounidenses y en la paranoia del Sr. Correa, que llegó a proclamar: “¡Bienvenido al club de los perseguidos!”.
Ahora el hacker australiano ha llamado la atención de Rafael Correa. Buscando asilo en la embajada ecuatoriana en Londres, el martes, Assange llevó al gobierno de Correa a concluir que Suecia, que está buscando la extradición de Assange por crímenes sexuales, y que el Reino Unido -que le permitió oponerse a la extradición en sus cortes- , están violando sus derechos humanos o sometiéndolo a persecución política.
El Señor Assange quizá tenga poco que ganar con esta maniobra. Obtenga o no el asilo, va a ser arrestado cuando abandone el edificio de la embajada en Londres. Correa, por otro lado, podría hacerse a sí mismo un héroe con la izquierda global anti-americana abrazando la causa de Assange. El hombre de Wikileaks reclama, después de todo, que está resistiéndose a la extradición a Suecia porque cree que va a ser llevado a Estados Unidos y expuesto a la pena de muerte. Que no haya cargos norteamericanos o casos de extradición abiertos contra él es irrelevante para esa fantasía.
Assange también se manifiesta indiferente, si no completamente de acuerdo, con el propio récord de Correa respecto a la libertad de expresión. Desde el principio de este año, el gobierno ecuatoriano ha clausurado 14 estaciones de radio y televisión, incluyendo ocho desde el comienzo de junio. Las demandas personales del presidente ecuatoriano contra uno de los principales periódicos del país y contra varios periodistas de investigación han sido condenadas por todos los grandes grupos de derechos humanos y monitores internacionales de libertad de prensa. En respuesta, el señor Correa ha lanzado una campaña en la Organización de Estados Americanos para debilitar los organismos regionales que protegen a la prensa.
Hay un dato potencial en las ambiciones del señor Correa. El “imperio” norteamericano que proclama despreciar, le garantiza a Ecuador (que usa el dólar como moneda) preferencias especiales de comercio que le permiten exportar muchos bienes sin impuestos. Un tercio de las ventas extranjeras ecuatorianas ($10 billones en 2011) van a los Estados Unidos, proporcionando aproximadamente 400,000 trabajos en un país de 14 millones de habitantes. Estas preferencias podrían renovarse en el Congreso el próximo año. Si el Sr. Correa busca apuntarse a sí mismo como el jefe de los enemigos latinoamericanos de los Estados Unidos, y protector de Julian Assange, entre ahora y ese entonces, no es difícil imaginar el resultado.
El texto ha sido publicado en The Washington Post, el 20 de junio de 2012.
Tomado de La República
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