Los países se quiebran
El País, Montevideo
Mali es un vasto territorio en medio del desierto de Sahara, creado hace medio siglo a partir del desmembramiento del imperio colonial francés. Nadie hablaba de Mali hasta el 22 de marzo de este año, cuando un golpe de Estado militar derrocó al gobierno y desató un enfrentamiento con fuerzas rebeldes, que se aliaron a las tribus touareg del desierto. Esos grupos conquistaron la mitad norte del país y acaban de fundar allí una república islámica independiente, que se llama Azawad, con centro en la antigua ciudad de Tombuctú, un baluarte con nueve siglos de historia cuyas fantásticas torres y murallas de arcilla forman parte del Patrimonio de la Humanidad instituido por la Unesco. Cabe desear que ese tesoro no sea bombardeado, aunque la guerra civil es un peligro latente.
La división de Mali en dos mitades demuestra la inestabilidad política que agita a una parte del mundo y la precaria unidad sobre la que reposa la vida de unos cuantos países. Las guerras mundiales han hecho pedazos a varias naciones, a pesar de su larga historia, y así en 1919 nacieron del pulverizado Imperio Austro-Húngaro nuevos países como Checoslovaquia (que 70 años después se partiría en dos) o Yugoslavia (que se dividiría en seis retazos hacia 1995). En la propia Alemania convivieron dos Estados opuestos durante cuatro décadas de guerra fría y Corea quedó partida en dos países rivales desde el acuerdo de 1953. La unidad de los pueblos no está garantizada por su identidad ni por la antigüedad de su arraigo, y tampoco la integridad de su territorio histórico. Todo ello está sujeto en cambio a los azares políticos, a los barquinazos bélicos o a los planes no siempre sensatos de las potencias dominantes.
Bangladesh se originó al separarse de Pakistán y hace unos meses el vapuleado Sudán terminó dividido en dos. Pero la mayor atomización la ocasionó hace doce años el desmembramiento de la URSS, que produjo cinco repúblicas de Asia central, tres del Cáucaso y otras seis de Europa oriental. Sin embargo, no sólo los países periféricos corren esos peligros, porque también las naciones centrales deben hacer frente a impulsos secesionistas. En Francia hay sectores que trabajan para la independencia de Córcega y hasta de Bretaña, el Reino Unido podría desunirse si prospera el movimiento emancipador de Escocia, y en España son notorios los nacionalismos separatistas de Cataluña y Euskadi, lo cual revela que esos grandes países europeos no son monolíticos sino mosaicos, cuya diversidad interna explica muchas discordias y algunas violencias.
Ahora en Mali (1.240.000 kilómetros cuadrados y unos 9.000.000 de habitantes) se produce el nuevo episodio en esa lista de desintegraciones y ya se anuncian las normas que regirán en el flamante Azawad. Allí el Islam será la religión oficial y el Corán servirá como base única del derecho. Los cambios en Mali reflejan otros cimbronazos de la Primavera Árabe que comenzó hace un año y medio, afectando a Túnez, Yemen, Egipto, Libia y Siria, por lo menos, pero los nuevos hechos muestran más ampliamente las turbulencias de toda el área musulmana, esa cultura que abarca desde Indonesia hasta Marruecos. Ahora se le suman las tensiones en Mali, porque las autoridades de Azawad están afiliadas al radicalismo integrista y agregan así otro foco al combustible panorama de la agitación internacional.
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