El muro de los lamentos

MADRID. – Entrar al consulado de Paraguay en Madrid es algo parecido al Muro de los Lamentos. Solo que ante el que está en Jerusalén los que acuden lo hacen en voz baja, imperceptiblemente. En este nuevo “muro” todo se hace en voz alta con lo que todos nos enteremos de sus problemas. Luego, la gente se toma el trabajo de trasladarlos a Asunción y pedir el consecuente apoyo, o recomendación, o la búsqueda del compadre que pueda agilizar los trámites. Pero esto ya no funciona.
Hace un tiempo, la cónsul general, María Angélica Vega Ketterer, logró separar el consulado de la embajada, puesto que ambos ocupaban el mismo piso y con frecuencia hasta las mismas oficinas. Hoy, la embajada permanece donde siempre, en las proximidades del mítico estadio “Santiago Bernabeu” y el consulado se trasladó no lejos de allí, con la ventaja de que existe una estación de metro en la esquina. Por lo que hay que caminar, a lo sumo, unos cien metros.
El problema principal con que se enfrentan los funcionarios del consulado, es la expedición de pasaportes. Si en Asunción hay carencia de libretas, es fácil hacerse una idea del tamaño de las carencias que se experimentan aquí.
El enojo principal de los paraguayos es por el tiempo que el consulado tarda en entregarles el documento. Si hay que extender la fecha de caducidad no es problema, la gestión es rápida. Pero si se tiene que hacer un nuevo documento, las cosas se complican ya que los pasaportes ahora se hacen en Asunción. Quien va al consulado siempre tiene apuro: apuro por lograr el documento pues faltan pocos días para que expire su vigencia; en muchos casos ya se ha vencido. O bien, la “pérdida” del documento. Lo pongo entre comillas ya que la pérdida no es otra cosa que la ocultación del pasaporte y con este recurso intentan que las autoridades españolas les otorguen los documentos de residencia. No sé muy bien cuál es el truco, pero al parecer dio resultados en ciertos casos.
Mientras tramitaba un certificado de vida y residencia, escuchaba las conversaciones más allá de la ventanilla que separa a los funcionarios del público. Eran pedidos de auxilio de otros consulados. En Barcelona necesitan unas cuatrocientas libretas y de Bruselas llaman para ver qué pueden hacer pues necesitan unas seiscientas. La cónsul, habiendo sido profesora de Derecho Consular en la Escuela de Diplomacia, de donde es egresada y, por lo tanto, de carrera, es un punto obligado de consulta sobre problemas que se presentan no sólo en España sino también en otros consulados de la Unión Europea. La tarea no es fácil. O, por lo menos, no es liviana. La responsabilidad es mucha y los medios son pocos.
Días pasados leí un artículo en este mismo periódico haciéndose eco de las quejas de los paraguayos sobre los servicios que brinda el consulado. Creo que tales quejas son injustas porque fui testigo de cómo se trabaja y el empeño que se pone en dar el gusto a todos. Esto hay que comprenderlo también desde el punto de vista de gente que viene desde otras ciudades, viajes en tren o autobús de cuatro, cinco o más horas. Por motivos económicos quieren hacerlo todo en un día para evitar el tener que quedarse a dormir en Madrid.
Se dice que vendrá desde Asunción un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores para “arreglar” el desaguisado. Viaje, hotel, viático, de nuevo el despilfarro del dinero del Estado ya que es evidente que las quejas han surgido de gente descontenta por no haber logrado lo que buscaban. El objetivo oculto y la causa del nerviosismo es el intento de lograr el documento español que les permita trabajar libremente, legalmente y con toda tranquilidad, cobrando los salarios justos, en lugar de contentarse en recibir lo que les quieran dar porque son trabajadores ilegales.
En todos estos años que he vivido en España voy al consulado por lo menos tres veces al año en busca de tal certificado de vida y residencia y hay que reconocerle sus méritos a la cónsul general y el excelente trabajo que hizo, primero con el cambio de oficinas y, segundo, con el que sigue haciendo de modo que el trabajo sea efectivo y los connacionales salgan aliviados de este muro de los lamentos.
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