Números, celebraciones y revolución en Ecuador

Quito. – Con la misma actitud exultante que mantuvo a lo largo de la campaña, el presidente Correa festejó los resultados del plebiscito-referendo realizado el sábado. Su discurso estuvo centrado en lo que él interpretó como un triunfo arrollador. Hizo anuncios de radicalización de la “revolución ciudadana”, se burló de los opositores, volvió a llamar traidores y oportunistas a quienes abandonaron las filas de Alianza País y, colocando nuevamente la situación en los términos absolutos de la lógica amigo-enemigo, repitió la enigmática frase acuñada por Chespirito, el personaje cómico mexicano: “Antes muerto que perder la vida”.
La celebración la hizo tomando como referencia a los sondeos a boca de urna (exit poll) realizados por la firma encuestadora que ha trabajado con él desde su primera campaña electoral. Según esas previsiones, la distancia entre el Sí y el No era de veinte puntos porcentuales en el promedio de las diez preguntas, lo que fue interpretado por el mandatario como un holgado triunfo. Ciertamente, no hizo referencia a sus propias expectativas que al inicio de la campaña llegaban a una diferencia de siete a uno o, por lo menos a las de su ministra del Interior, que en la semana previa aseguró que sería de dos a uno.
Hasta ese momento no se conocía ningún resultado oficial, a pesar de que el Consejo Nacional Electoral se había comprometido a difundir el conteo rápido (sobre la base de una muestra) no más tarde de las nueve de la noche. Recién a la medianoche se conocieron estas cifras y se pudo ver que la situación no era exactamente la que provocó la euforia presidencial.
En primer lugar, la diferencia promedio en el conjunto de las preguntas es de 6,9 puntos y no los veinte de la encuesta, lo que marca el resultado más apretado obtenido por el Presidente desde que triunfó en la segunda vuelta en el año 2007. Además, hay varias preguntas en las que esa distancia es menor a cinco puntos y en algunas provincias perdió en todas las preguntas. En segundo lugar, la votación promedio por el Sí se situó en 53,4%, lo que es prácticamente la misma que obtuvo en su reelección en el año 2009. Pero, a diferencia de esta última ocasión, ahora la oposición aparece fortalecida, con un 46,6% de promedio. Incluso, se advierte un descenso del apoyo al Presidente si se comparan estos resultados con los que obtuvo en los plebiscitos y referendos realizados antes. En efecto, en el de aprobación de la convocatoria a la Asamblea Constituyente obtuvo el 81,6% y en el de aprobación de la Constitución el 64,4%, lo que quiere decir que habría un descenso de 28 puntos con respecto al primero y de 11 con respecto al segundo.
Con estos números es poco probable que el Presidente mantenga la interpretación de un triunfo arrollador. Posiblemente ese será el discurso hacia afuera y será también la justificación para apresurar el paso en las medidas que debe tomar para aplicar el mandato de la consulta. Pero, será inevitable una revisión de lo que viene haciendo su gobierno, su organización política y su bancada legislativa. Algo está fallando en esos tres campos, y eso no puede ocultarse detrás de la una celebración hecha sobre bases poco firmes y confiables. Se ha hablado ya, en este sentido, que el Presidente podría acudir al procedimiento conocido como la “muerte cruzada”, consistente en la disolución de la Asamblea legislativa y el fin de su propio mandato para convocar a elecciones anticipadas. Sin embargo, los resultados obtenidos este sábado no dan buenas pistas para caminar hacia esa aventura.
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