Tiempos revueltos
Por Juan Larraín
No hay duda que vivimos en tiempos tumultuosos, no solo en materia de cambios políticos y desorden, sino también en cuanto a valores y principios. Es así como instituciones y sociedades se ven hoy remecidas por una ola de descontento y protestas que desean cortar con el pasado y ciertas tradiciones, para abrir nuevos caminos hacia el futuro.
Ello no es nuevo y tampoco significa el descalabro de la humanidad. Si echamos una mirada a la historia, nos encontraremos con situaciones muy similares e igualmente preocupantes para sus contemporáneos, pero ellas fueron superadas y volvieron la estabilidad y la esperanza que se habían dado por perdidas. Lo que ocurre es que las observamos hoy con ojos actuales o nos olvidamos a situarlas en el contexto histórico del momento.
Esto es precisamente lo que se vive en varios países árabes y que amenaza extenderse por toda la región, que es estratégicamente vital para el mundo. Es comprensible que la juventud de esas sociedades aspire a un ordenamiento político más participativo, sino totalmente democrático, donde las autoridades respondan directamente al pueblo. Los líderes de Egipto y Túnez entendieron lo que estaba en juego y se hicieron a un lado para permitir una salida tranquila a la crisis mediante elecciones libres. Libia es, lamentablemente, el ejemplo contrario, donde un dictador brutal con más de cuarenta en el poder se aferra a él aunque sea a costa de masacrar a sus opositores.
En nuestra región también hay situaciones que merecen ser cambiadas y drásticamente. Este es el caso de la dictadura comunista en Cuba, la que no solo oprime a su pueblo por más de medio siglo sino que, además, produjo y sigue produciendo uno de los mayores desplazamientos de poblacion que registra la historia. Mucho se ha especulado acerca de la aparente pasividad de los cubanos para levantarse contra el sistema, pero se conoce solo de manera muy parcial la capacidad represiva de la tiranía castrista y no hay que olvidar que la principal angustia de la gente allí es poder sobrevivir cada día.
Después de improbos esfuerzos de parte de la Iglesia Católica y presiones de la comunidad internacional, se logró luego de nueve meses que se liberara a aquellos 75 infortunados que languidecían en las mazmorras de la isla por el crimen de disentir. Sin embargo, el régimen ha desatado desde hace unas semanas una nueva ola represiva para acabar con cualquier atisbo de oposición, seguramente atemorizado que pase algo parecido al fenómeno que sacude el norte de Africa y el Medio Oriente. Hombres y mujeres han sido arrestados y golpeados por efectivos de la policía política y allanadas sus casas, incluyendo entre ellos al heroico Guillermo Fariñas que al menos por tercera vez “visita” los cuarteles policiales… De esta forma se compensa con creces la salida de aquellos 75.
Sin llegar todavía a los extremos de Cuba, en la patria del libertador la situación política no deja de ser preocupante. Las elecciones presidenciales del próximo año, sobre las que la oposición ha cifrado tantas esperanzas, se desarrollaran en condiciones aun más anormales de las que rodearon los recientes comicios parlamentarios. En primer lugar, Chávez controla todo incluyendo por cierto el poder electoral, encargado de garantizar la legitimidad de la votación; si a esto se agrega su dominio casi total de los medios de comunicación es difícil imaginar un medio ambiente más negativo para calificar la futura elección como democrática.
El estado del poder judicial en la Venezuela bolivariana es patético y está completamente al servicio de los caprichos del líder. Se ha prestado para procesar y encarcelar a cuanto opositor Chávez le ha puesto al frente y hay del juez que no lo haga. Tal es el caso de la magistrada Lourdes Afiuni, encarcelada por orden del líder durante más de catorce meses sin ser formalizada, por el solo delito de otorgar la libertad a un opositor al que se le había privado de ella sin mérito alguno y que luego se asiló en el extranjero. Eso bastó para que Chávez indignado la emprendiera contra su decisión y pidiera pena de treinta años de prisión para ella. Su juicio, que se iniciará recién el primero de abril, ha provocado conmoción en los organismos de defensa de los derechos humanos y la Unión Europea, pues se descarta que el procedimiento será una pantomima y su condena está asegurada. Actualmente, que cumple arresto domiciliario por sus precarias condiciones de salud, no puede recibir visitas ni hacer declaraciones a la prensa.
Otros muchachos del ALBA y amigos solidarios de Gadafi, tampoco andan muy lejos de su mentor y financista, como son Ortega y Evo. El primero, se las ingenio para que un grupo de jueces afines de la Corte Suprema emitiera un fallo espureo que lo autoriza a buscar la reelección, no obstante que la Constitución nicaragüense se lo impide. El pintoresco líder cocalero está convencido que el país le pertenece y que él gobierna por derecho divino; para él, la oposición tiene sólo dos posibilidades: la cárcel o el exilio… mientras cumple con la misión de imponer en Bolivia el socialismo del siglo XXI.
En política es difícil hacer predicciones, pero nadie es eterno. Quizás si estamos sin darnos cuenta más cerca que lejos de ver caer a estos pajarracos que tanto daño le han hecho a sus países y que, en el caso de varios de ellos, son también el hazmerreír de la opinión pública internacional.
El autor es profesor de la Universidad de Miami y ex Embajador de Chile en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la OEA..
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