El tema de la cultura cubana
Por Angel Cuadra
Hace justamente un año se celebró en La Habana un seminario con motivo del 50 aniversario de la mal llamada revolución cubana.
Las revistas que el régimen castrocomunista hace circular por el Internet, como son Cubadebate y la Jiribilla, se dieron a publicar informes y ponencias presentados en ese seminario, entre ellas una larga y cansona ponencia sobre la “cultura revolucionaria”, cuyo autor –que no merece la pena mencionar- con una enrevesada y pedante dialéctica marxista, trata de presentar la cultura oficializada en este período castrocomunista, como recipiente, continuadora y enriquecedora de la tradición cultural cubana, incurriendo en una insolente profanación de la nacionalidad y la historia cubana, cuando relaciona las figuras y valores de los iniciadores de nuestro espíritu nacional, como Varela, Luz y Caballero, Mendive y Martí, altos exponentes de la intelectualidad cubana, apuntando en ellos el “rasgo distintivo”, desde el siglo XIX al presente, de “ponerse humildemente al servicio de la nación”, para concluir en que todo eso está armonizado con las ideas de Carlos Marx, “como ocurre –agrega_ con casi todo en lo que hoy pensamos y que nos rodea, desde los días del Manifiesto Comunista y las palabras de Fidel Castro en años iniciales del proceso revolucionario, con sus “ideas sobre la tarea de la cultura revolucionaria”.
De discursos como ese, en un amasijo de contradicciones y retruécanos dialécticos, para justificar que el marxismo y su versión castrocomunista son la plasmación y continuación de los valores y anhelos de los próceres fundadores de la nacionalidad cubana, podrá comprenderse la confusión y la deformación que presenta gran parte de las generaciones cubanas formadas en la mal llamada revolución cubana, y el daño que ésta ha hecho en la idiosincrasia nacional.
Pero como al hablar de la cultura ya no pueden soslayar –a su pesar- la que han continuado y han creado en el exterior los exiliados cubanos, el complicado disertante en dicho viscoso seminario, recurre a la táctica castrocomunista de tratar de descalificar y minimizar lo que ha hecho, y significa en ese aspecto, el exilio cubano; por lo que así expone que “la contrarrevolución cubana ha confrontado problemas para construirse un “pedigree” intelectual medianamente decente…” y que sólo eso lo están logrando en el exilio los intelectuales “formados por la revolución”.
¿Habrase visto mayor descaro y perversión intelectual? Así que los intelectuales que vinieron al exilio histórico (llamados la “contrarrevolución” por este cantor de ditirambos a Fidel Castro) no tenían abolengo intelectual, no obstante que estos han sido los más altos exponentes de la cultura nacional cubana. Basta citar algunos de esos nombres ilustres: Agustín Acosta (nuestro poeta nacional), Eugenio Florit, Lidia Cabrera, Enrique Labrador Ruiz, Justo Rodríguez Santos, Carlos Montenegro, Lino Novas Calvo, Guillermo Cabrera Infante (Premio Cervantes y uno de los más grandes novelistas cubanos de todos los tiempos), Gastón Baquero (gran poeta), Lorenzo García Vega, Hilda Perera, Eduardo Manet, entre otros.
Junto a esos nombres mayores de la cultura nacional cubana, una pléyade sucesora de escritores e intelectuales ha continuado la obra creadora en el exilio o iniciándola en el mismo, enriqueciendo nuestra cultura nacional.
Ahí están en el campo del teatro por ejemplo, figuras como Raúl de Cárdenas, José Triana, Pedro Monge, Matías Montes Huidobro, Héctor Santiago, José Corrales, Iván Acosta, María Irene Fornés y el joven Nilo Cruz (ganador del Premio Pulitzer de Teatro), entre otros. Novelistas surgidas en el exilio como Cristina García y Teresa Dovalpage, novelas en el exilio con temáticas cubanas. Ensayistas como Carlos Alberto Montaner, Octavio Costa, Elio Alba Bufill, Rafael Rojas, y la gran figura de Leví Marrero, que, entre otras, culminó en el exilio su formidable historia económica de Cuba, texto imprescindible para la cultura de nuestro país.
Aquellos antes citados y los continuadores después señalados, sí tienen un abolengo cubano sólido (no un “pedigree”, como burda e inadecuadamente lo califica el ponente del seminario de marras en La Habana), abolengo que les viene como la continuación de la cultura y el espíritu tradicional genuinamente cubano que, en el exilio (o sea, la nación cultural cubana en el exterior) han mantenido esa cultura sin adulterarla en una simbiosis turbia y diabólica con el marxismo leninismo, de índole foránea, como allá en la Cuba actual hacen los pregoneros de la cultura oficial.
Malvadamente, para negarle a esa intelectualidad cubana pionera en el exilio, su calidad, ese vocero del régimen castrocomunista trata de utilizar a las nuevas figuras literarias e intelectuales que se han ido –o sea, desertado- al exilio, llamándoles “ala ilustrada”, como préstamo a dicho exilio para el vuelo de posible valía; y eso porque, como dice dicho vocero, son “intelectuales formados por la revolución”, a quienes, por otra parte, junto a la forzada alabanza, los descalifica al final, diciendo de ellos que “se disfrazan de liberales, conservadores, filo-fascistas o cínicos”.
Con todo el veneno y la avieza intención con los que actúa el comunismo castrista, con esa alabanza retorcida a los escritores de esas nuevas generaciones, se intenta ahondar en la división de esas nuevas figuras y los escritores de los primeros momentos del exilio. Trampa en la que no van a caer las promociones intelectuales más jóvenes que, al cabo, encontrarán aquí en el exilio el eslabón de la tradicional y consecuente cultura cubana en su histórico abolengo.
A enriquecer y sumarse al exilio global, figuran nombres ya célebres como Benítez Rojo, Zoé Valdés, Daína Chaviano, José Lorenzo Fuentes, Reinaldo Arenas, Carlos Victoria, Antonio José Ponte, y otros muchos, desde el éxodo del Mariel y sucesivas migraciones, lo mejor que ha surgido en Cuba bajo la dictadura actual, no por ser formados por la revolución, sino a pesar de ella, debido al genio cubano que afloró siempre bajo cualquiera de los gobiernos de la Cuba republicana o bajo la Colonia en el Siglo XIX. Y el mismo hecho de que estos nuevos creadores se han desvinculado de aquel sistema político, escapando al exilio, es un fracaso, en lo cultural, de ese régimen.
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