El país de las oportunidades
Palin se hizo famosa entonces por la torpeza que demostró en los debates públicos que mantuvo con otros políticos durante la campaña proselitista; sus desaciertos fueron motivo de mofa por un sector de la población que sentía vergüenza ajena de tenerla como candidata a la vicepresidencia y sus ideas eran tan retrógradas y reaccionarias que hasta la propia gente de su partido, el Republicano, deseaba verla de nuevo en su antiguo puesto: la gobernación de Alaska. Es decir, bien lejos.
No lograron recluirla en la región de los hielos y el cisma amenaza a los republicanos, ya de por sí conservadores, pues el ala de la derecha –o, mejor, la ultraderecha– se está alineando detrás de esta mujer sin carisma, sin preparación política, sin ningún otro atractivo que el de la audacia que solo otorga la ignorancia.
Hace unos días, la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, entrevistada por TVE (Televisión Española) declaró su admiración por la Palin. “El Tea Party –dijo– pide menos impuestos, menos intervención del Gobierno y más nación americana. Son tres cosas que no están mal. Con estas tres ideas tan alocadas estoy bastante de acuerdo”. No hay lugar a dudas que Dios las cría… Quienes le exigen a Obama menos intervención del Estado desconocen su propia historia. El “Plan Marshall”, que dio tan buenos resultados en España, era un plan norteamericano para desarrollar no tanto algunas regiones deprimidas, sino su propia economía. El plan exigía la compra de productos agrícolas a los Estados Unidos, lo que hizo que sus exportaciones, en este rubro, pasaran del diez por ciento, antes de la guerra, a más del cincuenta por ciento al término del conflicto. Esta medida intervencionista hizo que muchos países agrícolas latinoamericanos vieran hundirse sus economías. Obama, por dar asistencia médica a más de treinta millones de personas carentes de ayuda o seguro médico, es acusado de “intervencionista” por algunos, y por otros, de “comunista”.
En cuanto al pedido de “más nación americana”, no es otra cosa que el germen de un nacionalismo de signo equivocado, el que denunció un par de semanas atrás Mario Vargas Llosa poco después de ser galardonado con el Nobel de Literatura. El poeta cubano-mexicano José María Heredia (1803-1839) profundizaba en el mismo tema a mediados del siglo XIX diciendo que el “patriotismo es una virtud divina cuyo carácter distintivo es el desinterés”, pero que por su carácter afectivo y pasional se convertía “en un engañoso pretexto aprovechado por facciones y demagogos para cometer crímenes y desaciertos” (“El Conservador”, México, 1831. Citado por Rafael Rojas en “Las Repúblicas de Aire”, Santillana, Madrid, 2009).
Dicen que la historia se repite. Otros, creo que con más razón, dicen que no; lo cierto es que hay situaciones que se parecen enormemente y que se podrían evitar con solo conocerlas.
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