Lula: nada personal o ¿el ladrón juzga por su condición?
La semana anterior, en vísperas del inútil ritual de asistir a la aun más inútil Unasur para denunciar la antigua y acomodada estancia de miembros de las Farc y del ELN en la Cuba continental, el presidente Lula da Silva se atrevió a decir que el problema que Colombia estaba planteando era solamente "un asunto personal" entre Uribe y Chávez.
Si no fue algo que se le escapó "sin querer" al presidente Lula, o que su ignorancia sobre la realidad de la situación colombo venezolana es abrumadora, entonces quedan dos alternativas. Una es que el presidente que en pocos meses termina su segundo período, aunque se rumora que si no consigue un puesto de relevancia mundial aspira a un tercer período luego de que su heredera lo releve en el mando del gobierno, no encontró una forma menos torpe de parecer imparcial y de evitar darle la espalda a su camarada bolivariano del Foro de Sao Pablo, al que ya ha calificado en el pasado como un "aliado excepcional, tanto en lo político como en lo energético y comercial".
La otra alternativa es que si también es cierto que "el ladrón juzga por su condición", entonces calificar la decisión y actuación del gobierno colombiano como un asunto personal, pone en evidencia la forma de gobernar del presidente da Silva. ¿Será entonces que Brasil está regido por alguien que no actúa en representación de su pueblo sino que responde a lo que sus tripas o sus deseos personales le imponen? Terrible. El pueblo brasileño no se merece esa suerte. ¿Será entonces que el apoyo de Lula a tiranos y asesinos como Fidel Castro y su consanguíneo, ahora supuestamente al mando de la cárcel más grande del Caribe, o a opresores como Chávez y el cada vez más enriquecido de uranio presidente iraní, es la manifestación de las creencias personales que guían las acciones del presidente del Brasil?
Estas salidas en falso, aunque más bien parecen revelaciones de la verdad, como sus sospechosos silencios y sus posturas de supuesta imparcialidad, que ante ciertos hechos es más perversa que tomar partido, son las que terminan dejando a la vista la hipocresía que anida en el corazón de un exponente destacado del travestismo político y confirma las aseveraciones del lúcido Moisés Naím que ha calificado a Lula como un gigante político pero un enano moral que "pasará a la historia como un buen presidente para su pueblo y un mal vecino para los amantes de la libertad".
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