Una oportunidad…y un reto para el Partido Republicano
Por Cal Thomas
Dado todo lo que los miembros del Congreso se las arreglan para hacer en estos tiempos, hace falta mucho para romper las reglas de ética de la Cámara de Representantes. Pero de esto es que un subcomité de ética de la Cámara ha acusado al veterano congresista Charles Rangel (Demócrata por N.Y.). Rangel pudiera haber evitado un juicio si hubiese admitido algunos de los cargos que se le hicieron, pero después de cuarenta años en el Congreso es como si se considerase invencible. Rangel se enfrentará a un jurado de sus correligionarios, algo que para algunos pudiera parecerse mucho a miembros del crimen organizado juzgando a uno de los suyos.
Según el Washington Post, la investigación de ética se enfoca en que Rangel “no declaró $239,000 a $831,000 en activos en sus modelos de información, y en sus esfuerzos por recaudar fondos para un centro privado que lleva su nombre en City College de New York usando papel con membrete de su oficina”. Los votantes pudieran considerar esto como una tontería comparada con haber llevado la deuda nacional a miles de millones de dólares, pero el público se pronunciará sobre esto en noviembre.
La Presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, prometió parar el comportamiento falto de ética si los demócratas ganaban la mayoría. La ganaron y ella no hizo nada. Ella dijo que “secaría el pantano”. En cambio, el pantano cada vez más se parece a una bañera de agua caliente.
Repetimos, no es lo que no es ético, sino aparentemente lo que algunos miembros del congreso consideran como ético lo que debe airar a los contribuyentes. Por ejemplo, ¿Están ustedes de acuerdo con que los representantes hayan gastado $604,000 en agua embotellada durante nueve meses entre finales del 2009 y principios del 2010? La compra es parte de una larga lista de dudosos gastos descubiertos en una auditoria por la no partidista Fundación Sunlight. Los contribuyentes pudieran preguntarse por qué los representantes que tengan sed no pueden tomar agua de la pila al igual que lo hacen muchos en Washington D.C. Si los congresistas opinan que el agua de la pila no se ajusta a sus estándares, pudieran comprar filtros económicos.
Algunos republicanos están haciéndose la boca agua por los gastos de los demócratas y sus fallos de ética, pero antes de que empiecen a basar sus postulaciones en limitaciones fiscales y moral personal, deben recordar a algunos de sus antiguos y actuales colegas de nombre DeLay, Cunningham, Ney, Foley, Lewis, Burns, Stevens, Craig, Vitter, Miller y Renzi. Estos – y otros – fueron manchados por el escándalo cuando los republicanos controlaban ambas cámaras del Congreso. Los republicanos habían prometido limpiar la “corrupción” de cuarenta años de control de la Cámara de Representantes por los Demócratas. Pero, en lugar de hacerlo, muchos de ellos entraron a la bañera de agua caliente.
Hay una antigua enfermedad en Washington que se llama Fiebre del Potomac (Potomac Fever). Esta no discrimina entre partidos. Cuando los votantes sacan a un partido infectado y lo reemplazan con otro que promete no adquirir la enfermedad, los nuevos también se contagian.
El reto para los republicanos, que están a la cabeza en las encuestas para la elección de noviembre, es prometerles a los votantes que ellos no repetirán sus errores del pasado reciente. Esto pudiera ser como llegar a un pueblo que está afectado por una enfermedad contagiosa y jurar que no se contagiarán. Debidamente vacunados, los republicanos pueden resistir la Fiebre del Potomac. La cuestión es cómo.
Límites a los años de servicio parece ser la mejor medicina, pero a menos que los demócratas estén de acuerdo en limitarlos, los republicanos ciertamente verían esto como una rendición unilateral. Controlar el flujo de dinero y la influencia de los cabilderos sería otra forma de protección y los comités de ética de la Cámara y el Senado han probado esto hasta cierto punto, pero los faltos de ética siempre encuentran la forma de burlar las reglas.
Todos los viajes costeados por corporaciones y cabilderos deben prohibirse. Cualquier congresista que desea viajar deberá solicitar autorización de un comité de vigilancia específicamente designado para aprobar estas cosas. Esto incluiría los viajes en aviones militares, que cuestan más caros que los aviones comerciales. Los contribuyentes sólo deberán pagar por viajes que sean necesarios para el trabajo del congresista. Los cónyuges deben viajar por su propia cuenta. Todos los gastos de viajes, junto con el propósito del viaje y el programa del congresista, deberán publicarse en una página especial del Internet para ser vistos por el público. En mayo pasado, la Cámara de Representantes ajustó sus reglas para viajes, pero no lo suficiente. Las reglas para viajes del Senado se parecen a las antiguas y más flojas reglas de la Cámara.
Si los republicanos han de beneficiarse de las alegadas violaciones de ética de Rangel, deben probar que hablan en serio sobre limpiar su propia Cámara (y el Senado). “El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”. Esta advertencia no les da permiso a los republicanos en estos momentos para coger ni siquiera una piedrecita.
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