La OEA y la democracia
Por Juan Larraín
A raíz de las críticas que ha recibido la OEA por su pasividad ante lo que está sucediendo en Venezuela, el Secretario General salió en defensa de la Organización señalando que “la democracia no se puede imponer desde afuera”.
Resulta curiosa esta declaración cuando se recuerda el énfasis, rayando en el ensañamiento, con que se manifestó en la crisis de Honduras y lideró la dura reacción del organismo regional. Todo esto, en momentos que se le abrían las puertas a Cuba para su eventual regreso a él, pero haciendo tabla rasa de lo que ocurre en la isla con respecto a la penosa situación de los derechos humanos.
En el caso de Chávez, cuyo régimen se parece cada día mas a una dictadura y la libertad de expresión extinguiéndose, bien podría el Secretario General de la OEA expresar por lo menos su preocupación -a título personal- por el acoso sistemático que sufre en Venezuela lo que aun queda de prensa independiente y la libertad de emprender. Sin embargo, ha optado por lavarse las manos y excusar su inacción en el hecho que ningún país miembro ha planteado el asunto.
Es efectivo que la democracia no se puede imponer desde afuera, pero también es cierto que la comunidad internacional o sus representantes pueden perfectamente presionar de diversas formas para que aquella se respete. Así fue el caso de los gobiernos autoritarios de hace dos décadas que existían en nuestro continente; ellos fueron objeto de una enorme presión internacional para que restauraran la democracia y las libertades fundamentales de sus pueblos. La pequeña pero importante diferencia era que ellos eran identificados como regímenes de derecha…
En estas circunstancias, en que el líder bolivariano ejerce un control casi total de las instituciones y los medios de comunicación venezolanos, será difícil celebrar en debida forma las próximas elecciones parlamentarias. Estas son cruciales para la oposición al régimen, que cree que todavía es posible revertir el aparente inexorable curso de la historia y se juega en ellas tal vez una de sus últimas cartas. Por su parte, para Chávez, de ganar estos comicios, se consolida aun más en el país y le entregan todo el poder que necesita para profundizar su proyecto socialista. ¿Qué dice la OEA y su Secretario General al respecto? Hasta ahora, que se sepa, nada… porque la democracia no se puede imponer desde afuera.
Este doble estándar y el sesgo que le ha impreso a sus decisiones es el que ha desprestigiado nuestro organismo hemisférico y lo muestra inoperante. Ningún país latinoamericano ha movido un dedo para proteger a quienes luchan por alguna libertad en Cuba y empujar a la dictadura castrista a que por lo menos inicie un genuino proceso de cambio. Al contrario, nuestros Jefes de Estado han hecho cola para viajar a La Habana a rendirle pleitesía a Fidel y su hermano y destacar los logros de pacotilla que puede exhibir la revolución, a costa de sojuzgar por más de cincuenta años al sufrido pueblo cubano.
Es de esperar que las nuevas brisas que soplan en nuestra América, especialmente luego de la resonante victoria electoral de Juan Manuel Santos en Colombia, ayuden a cambiar el rumbo de los acontecimientos y de nuestro órgano regional, para que este encauce la defensa de los derechos humanos y la democracia que se le ha encomendado.
El autor es profesor de la Universidad de Miami y ex Embajador de Chile en la Organización de las Naciones Unidas (ONU)y la OEA..
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