El nombre no hace la cosa
La Vanguardia, Barcelona
"Al principio fue el Verbo", reza una de las máximas más profundas –e inusualmente más literarias– de nuestra cultura judeocristiana. Ciertamente, antes del verbo no hay nada, ni tan solo existe el sustantivo. Pero después del verbo, el sustantivo y la oración completa, lo más definitorio para el ser humano es, sin ninguna duda, el nombre. "Perdona a tus enemigos, pero jamás olvides su nombre", habría dicho John Fitzgerald Kennedy. Y un anónimo aseveró: "Dura el nombre más que el hombre".
Lo cierto es que el nombre que nos cae encima al nacer, sin otra posibilidad que berrear nada más oírlo, nos identifica desde el primer aliento y casi siempre nos acompaña por la vida. Pienso en ello desde que leí la desternillante noticia que publicaba el lunes El País, y que aún me troncha, cada vez que la recuerdo. Son las hazañas de un buen hombre pakistaní, de largo y muy significado currículum diplomático –entre otros destinos, Canadá–, cuya carrera diplomática acaba de tener un severo tropiezo. His Excellency Akbar Zeb, según reza en la biografía, acaba de ser rechazado como diplomático por tres países árabes, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y, ahora, Arabia Saudí. En su caso no hay ningún boicot religioso-ideológico, ni presenta credenciales sospechosas, ni se le considera una mala opción para el cargo.
Muy al contrario, lo tiene todo a favor. Todo a favor menos… el nombre.
Se llama Akbar, que en árabe, y en otros idiomas de países islámicos, significa "grande". Alahu Akbar, "Alá es el más Grande", reza la salmodia más famosa de la religión musulmana. La cuestión es lo que viene después, el Zeb, apellido muy común, según parece, en la lengua urdu del señor Akbar. Pero lo que en urdu debe ser algo así como García –o Martínez, para poner mi segundo apellido–, en árabe es la forma popular de nombrar el miembro masculino por excelencia. La combinación, pues, del grande y el Zeb, en los países de lengua árabe, es exactamente como ahora mismo se la están imaginando. Con lógico criterio, y con notable susto, los saudíes y el resto de países del Golfo han rechazado rubricar las credenciales del embajador. Algunos han escrito que sería impensable leer esa vistosa e hilarante combinación de palabras en el titular de un periódico.
La verdad es que resulta comprensible. Tampoco es fácil imaginarse que el embajador en España de algún exótico país presentara sus credenciales al jefe de Estado con dos palabras que, en nítido y claro castellano, significaran lo mismo. Señor Gran P…, como que no… Lo cual retorna al inicio del artículo. Puede que para la humanidad, el principio fuera el Verbo. Pero para cada uno de los pobrecitos que la conforman, el principio es el nombre que te ponen. Así que habrá que ir con cuidado: en la era de la globalización, no se podrá bautizar a nadie sin diccionario…
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Por Carolina Barros Analítica Si Cristina Elisabet Fernández de Kirchner es tan afecta...
22 de junio, 2008- 5 de julio, 2008
El Remesero Las mujeres, que emigran hacia otros países en busca de oportunidades...
14 de junio, 2008Por Carlos Goedder 2001 Dedicado a D. Carlos Hernández Delfino, gentil estudioso de...
17 de marzo, 2008











