El hombre que atrapó a Silicon Valley en su telaraña (II)
Por Robert A. Guth y Justin Scheck
(Pude verse también la primera parte de este trabajo)
Andrew Michaelson estaba sepultado bajo millones de hojas de papel. Montaña tras montaña de archivos de Galleon Group lo rodeaban en una sobria oficina gubernamental. Michaelson, un abogado de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) había estado revisando los documentos desde que fueron sacados de la oficina principal del fondo de cobertura meses atrás. El multimillonario fundador de Galleon, Raj Rajaratnam, se los había entregado voluntariamente a principios de 2007 en cooperación con una investigación que la SEC adelantaba sobre su hermano menor, la cual no ha generado acusaciones formales.
En cambio, cuando el equipo de Michaelson encontró la aguja en el pajar de documentos —un sencillo mensaje de texto—, este los dirigió hacia el propio Raj Rajaratnam. La persona que envió el mensaje le pedía que no compara acciones de la firma de videoconferencias Polycom Inc. "hasta que reciba orientación; quiero estar segura de que la orientación está bien".
El enigmático mensaje fue enviado por Roomy Khan, una ex empleada de Intel Corp. de quien las autoridades sospechaban que había enviado información privilegiada a Rajaratnam en el pasado. Fuentes al tanto dicen que esas escasas palabras escondidas entre millones de otras se convirtieron en el punto de giro de lo que sería el mayor caso de uso indebido de información privilegiada en veinte años.
En noviembre de 2007, los investigadores le mostraron a Khan el mensaje de texto y esta accedió a cooperar y grabar sus llamadas con el magnate de fondos de cobertura. Tales grabaciones dieron paso a una interceptación del teléfono de Rajaratnam y, según los fiscales, allí es donde empezó a delinearse una serie de tramas de múltiples grupos que negociaban con información privilegiada. Como piezas de un dominó que van cayendo, un inversionista sospechoso de negociar con información privilegiada condujo a otro, cada uno con su propia red de fuentes. Algunas se solapaban, otras se deslindaban entre órbitas separadas con participantes sin nexos a las demás tramas.
"Hay motivos para temer que existe una cultura, no sólo en los fondos de cobertura sino también en las grandes firmas del sector financiero, que no tiene ningún problema con intercambiar de manera informal material que no es público", dijo Preet Bharara, fiscal de Manhattan, que rehusó hablar específicamente sobre el caso Galleon.
Durante dos años y medio, un grupo de agentes federales y fiscales presionaron a testigos para traicionar a sus amigos, grabaron miles de llamadas telefónicas y revisaron pilas ingentes de documentos. Entonces, en octubre, arrestaron a Rajaratnam. Poco después, 20 personas más también fueron acusadas.
Rajaratnam, de 52 años, se ha declarado inocente y está libre bajo fianza. "A lo largo de su carrera, Rajaratnam ha trabajado de manera incansable y según lo permitido por las leyes de valores para construir un mosaico de información pública sobre las compañías a las que sigue", declaró John Dowd, su abogado. "Rajaratnam es inocente de los cargos que se le imputan y espera su juicio para que un jurado de conciudadanos pueda examinar y evaluar todas las pruebas".
Las acusaciones de uso indebido de información privilegiada son notoriamente difíciles de probar. Eso se debe a que Wall Street está lleno de información y todo inversionista astuto trata de ser el primero en hacerse con los detalles importantes. Para conseguir una declaración de culpabilidad, los fiscales tienen que convencer a un jurado de que alguien negoció usando información que sabía que no sólo era confidencial sino también lo suficientemente importante como para afectar los precios de las acciones de una compañía.
Un análisis de documentos llevado a cabo por The Wall Street Journal, basado en casi 1.000 páginas de documentos de la corte y decenas de entrevistas con abogados, corredores y demás personas involucradas, muestra por primera vez cómo los fiscales construyeron un caso que ha marcado un hito generacional y ha silenciado el parloteo fácil en el mundo cerrado de los fondos de cobertura y cómo ha alcanzado las filas de algunas de las mayores compañías de Estados Unidos.
Amigos jóvenes
En julio de 2007, los reguladores notaron negociaciones sospechosas de acciones de Hilton Hotels Corp. y luego de Google Inc. Fiscales en la oficina del Fiscal Federal hallaron un denominador común: Roomy Khan, una consultora de fondos de cobertura de 51 años.
Khan usó un grupo de familiares y amigos para hacerse amiga de gente joven que tenía acceso a información sensible sobre firmas tecnológicas, según fuentes al tanto. Una de ellos era Deep Shah, un analista de Moody's Investors Service Inc. Khan lo conoció a través de su sobrino cuando ambos estudiaban en la Universidad de Wittenberg en Ohio. Mientras Shah iniciaba su carrera, Khan le asesoraba sobre bienes raíces, inversiones tecnológicas y el mercado bursátil de la India.
Los fiscales creen que Shah informó a su amigo del acuerdo de Blackstone Group para comprar Hilton. El 3 de julio, un día antes de que fuera anunciado el acuerdo, dice el gobierno, Shah le dijo a Khan que Blackstone pagaría US$47,50 por cada acción de la cadena hotelera. Khan compró acciones de Hilton, dice el gobierno, y acordó pagarle a Shah US$10.000 por la información.
Shah, de 27 años, afronta cargos de conspiración y rehusó realizar comentarios al tratar de hablar con él.
Menos de dos semanas después del anuncio de Hilton, dicen los fiscales, otro de los protegidos de Khan le proporcionó información aún más lucrativa.
Khan conoció a Shammara Hussain en una conferencia de tecnología en 2007, según fuentes al tanto. Khan le dijo que conocía a un familiar suyo; Hussain, que trabajaba en un fondo de cobertura, quedó impresionada por cuánta gente Khan parecía conocer en la reunión. Khan empezó pronto a ofrecerle a su joven amiga consejos sobre cómo vestir y le dio un teléfono con accesorios como regalo. Le dijo a Hussain que era como una hija para ella.
Hussain, de 23 años, no ha sido acusada. "Creo que Khan tenía planes al hacerse amiga de Shammara que Shammara desconocía, debido a su edad", dice su abogada, Julia Jayne.
Los fiscales aseguran que Khan dio la información sobre Hilton y Google a Rajaratnam, el cual obtuvo ganancias de US$13 millones gracias a esos datos. Para llegar a Rajaratnam, y al caso general detrás de él, todos los caminos pasaban por Khan.
La informante: Segunda parte
La suya fue una relación larga y complicada. Khan dejó su empleo en Intel, después de que una cámara enfocada en un fax en la sede de la compañía en Santa Clara, California, captó imágenes de ella mandando datos confidenciales de la compañía a Rajaratnam en 1998. Luego trabajó para Rajaratnam por un año. En abril de 2001, acordó declararse culpable de un cargo de fraude electrónico en conexión con el incidente de Intel, y cooperar en la investigación contra Rajaratnam. Khan cumplió seis meses de arresto domiciliario, pero los fiscales abandonaron la investigación al no poder probar que Rajaratnam hizo uso indebido de información privilegiada.
En noviembre de 2007, agentes federales consiguieron convencer a Khan de actuar como informante de nuevo. Lidiar con Khan no fue siempre fácil: los fiscales la advirtieron después de que destruyó un correo electrónico incriminatorio que recibió e informó a Shah y otra persona sobre la investigación, según gente familiarizada con la cuestión. Shah posteriormente se fue a la India.
Khan, que posteriormente se declaró culpable de conspiración, uso de información privilegiada y obstrucción a la justicia en conexión con la negociación de acciones de Polycom, Hilton y Google, acordó grabar llamadas telefónicas entre ella y Rajaratnam. Antes de que Khan le llamara el 14 de enero de 2008, el agente del FBI B.J. Kang le explicó cómo debía interrogar a su viejo amigo.
"¿Qué está pasando con las ganancias esta temporada? ¿Te has enterado de algo sobre Intel? Le preguntó, según una fuente al tanto. Rajaratnam contestó que las ganancias de Intel subirían entre 9% y 10% y que los márgenes de beneficios serían "buenos", según la persona.
Rajaratnam tenía razón: al día siguiente, Intel reportó un aumento de ganancias de 10,5% para el período y márgenes por encima de la predicción previa de la compañía.
Eso les bastó a los fiscales. Usando pruebas de la llamada sobre Intel y otras grabaciones que realizó Khan, pidieron permiso a un juez federal de Manhattan en marzo para interceptar las llamadas de Rajaratnam.
Poco después de que el juez aprobara la intervención de llamadas, empezó a llegar un alud de nuevas pistas a la sala de fraude electrónico del FBI, ubicada en un rascacielos cercano a Wall Street.
En las primeras semanas, escucharon a Rajiv Goel, de 51 años, un director gerente del grupo de tesorería de Intel, diciéndole a Rajaratnam que pronto se anunciaría un acuerdo para una empresa conjunta de Internet inalámbrico entre Clearwire Corp. y Sprint Nextel Corp., de la que se habían escuchado rumores. Un abogado de Goel, que está acusado de conspiración y uso de información privilegiada, rehusó realizar comentarios. Goel está libre bajo fianza.
El hallazgo de una veta de información
Para julio de 2008, los agentes habían dado con su mayor fuente de información: Danielle Chiesi, una consultora de New Castle Partners, un fondo de cobertura.
Una ex reina de la belleza criada en Binghamton, Nueva York, Chiesi era conocida por sus impecables contactos en la industria tecnológica. En conferencias, se la podía encontrar vestida con camisas escotadas y faldas cortas, hablando con ejecutivos en el bar del hotel.
En una conversación pinchada el 19 de agosto, dicen los fiscales, Chiesi y Rajaratnam discutían si el fabricante de semiconductores Advanced Micro Devices Inc. estaba a punto de deslindarse de su negocio de manufactura. Chiesi había trabajado sus fuentes en AMD y en International Business Machines Corp. para enterarse, y temían que podría ser descubierta.
"Si esto se filtra, estoy fuera de juego", le dijo a Rajaratnam según las notas del gobierno. "…porque… ¿quién conoce IBM?.. ¿y quién está en la cama con AMD? Pon el nombre de Danielle en el tiquete (los corredores llaman a las órdenes para comprar o vender "tiquetes")
Chiesi, de 44 años, se ha declarado inocente de conspiración y uso de información privilegiada y está libre bajo fianza. Su abogado, Alan Kaufman dice que "vamos a luchar contra esto con vigor".
A partir de agosto de 2008, el FBI ya no estaba sólo escuchando las llamadas de Rajaratnam: había conseguido suficientes pruebas para intervenir también las llamadas de Chiesi. Poco después, Kang y otra agente del FBI, Diane Wehner, estaban en la sala de fraude electrónico juntando una larga lista de contactos de Chiesi tras escuchar sus frecuentemente picantes llamadas con su red de corredores. Uno de ellos era Steven Fortuna, un corredor de fondos de cobertura de Boston con un fuerte acento de Nueva Inglaterra y propensión a usar sacos al estilo de Bill Cosby.
Cerrando el cerco
En septiembre, los fiscales se empezaron a preocupar de que los detalles de la investigación se estuvieran filtrando a Rajaratnam. Mientras escuchaban una llamada que Fortuna grabó con Chiesi, un agente del FBI se alarmó cuando la escuchó decir que Rajaratnam creía que un ex empleado de Galleon llevaba un micrófono escondido, según fuentes al tanto.
El FBI decidió actuar el 15 de octubre cuando un agente de aduanas les alertó de que Rajaratnam había comprado un billete de avión destino a Londres para el día siguiente.
Justo antes del amanecer, la policía acordonó parte de la lujosa calle Sutton Place, cerca del East River en Manhattan. Autos de la policía, tanto oficiales como encubiertos, se apostaron en la calle en frente al edificio donde Rajaratnam y su familia vivían en un dúplex. A las 6 de la mañana, agentes del FBI con chaquetas impermeables llamaron a la puerta y anunciaron que tenían una orden de arresto contra él. Tras un registro rápido, lo arrestaron y se lo llevaron del edificio a uno de los autos.
Esa mañana, el día de negociaciones empezó como cualquier otro en las oficinas de Galleon en Madison Avenue. Luego, un inversionista que vivía en el edificio de Rajaratnam llamó para decir que había visto al FBI arrestar a Rajaratnam. Empleados de Galleon empezaron a mandarse mensajes de texto unos a otros con la noticia. Un corredor rompió en llanto.
A mediodía, se reunieron para ver en silencio la televisión en la pantalla plana de 50 pulgadas encima de las mesas de negociación. Rajaratnam, en jeans, una chaqueta azul sobre un jersey verde y una camisa de cuello abierto, era llevado a la corte por Kang y otros agentes del FBI. Poco después se repitió la misma escena con Chiesi y Fortuna.
En cuestión de semanas, Galleon, que otrora gestionaba activos por US$7.000 millones, vendió sus activos. Ningún inversionista perdió dinero. La convulsión generó cierto humor negro y los empleados bromeaban sobre cuánto podrían recaudar vendiendo sus botellas de agua con el logo de Galleon en eBay.
Hace un par de semanas, cuando Rajaratnam y Chiesi se personaron en la corte federal en Manhattan para declararse inocentes, se parecían más a ellos mismos que la mañana de su arresto: él lucía un traje oscuro con una corbata azul y Chiesi, bien peinada, llevaba un elegante traje negro con una capa marrón, botas de taco alto y un sencillo collar de perlas.
Mientras los fiscales se preparaban para la siempre difícil tarea de probar sus acusaciones de uso indebido de información privilegiada, Bharara, el fiscal federal de Manhattan, tuvo una advertencia para Wall Street: "Todavía no hemos acabado".
—Shefali Anand contribuyó a este artículo
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