En Dallas, cuidado con el idioma
Por Rubén Navarrette Jr.
SAN DIEGO. - ¿Qué será lo siguiente? ¿Un resurgimiento de las piscinas segregadas, donde sólo dejan nadar a los mexicano-americanos los viernes, porque vacían la piscina los sábados? ¿La vuelta a los cines segregados, donde los latinos se sientan en la platea alta?
Por supuesto, eso no sucedería nunca. Somos un país mejor del que solíamos ser. Ahora, la mayor minoría de Estados Unidos es cortejada por las compañías Fortune 500, reseñada en las redes de televisión y adulada por políticos. En la actualidad, para muchos latinos, Estados Unidos es realmente “una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos”.
¿Realmente? Hace cincuenta años, a menudo se castigaba a los latinos por no hablar inglés, en el trabajo o en las escuelas públicas.
Hoy, por lo menos 20 oficiales de patrulla del Departamento de Policía de Dallas —desde un novato hasta un veterano de 13 años— están en apuros tras levantar infracciones a 38 motoristas por no hablar inglés. El problema es que eso no es un delito. Ni en Dallas ni en ningún otro lugar de Estados Unidos.
Los oficiales de policía están aún investigando documentos y podrían encontrar más gente involucrada, tanto oficiales como motoristas.
Dicen que los oficiales aplicaron equivocadamente una ley federal dirigida específicamente a conductores de camiones y otros individuos con licencias de conducir comerciales. Aparentemente, la opción se les presentó erróneamente en un menú computarizado de infracciones posibles.
¿Y los oficiales no tuvieron el sentido común de cuestionarla? ¿Pueden imaginar un oficial de policía que piense que no hablar inglés es un delito? ¿Dónde estaban los supervisores? EL Departamento de Policía requiere que un sargento firme todas las citaciones. ¿No debería haber habido cierta alarma? Alguien debería perder su trabajo a causa de esto.
Alguien lo considerará como un error honesto. Pero, para hacerlo, tiene que pasar por alto por lo menos dos hechos inconvenientes —que el error ocurrió al menos 38 veces y que 20 oficiales separados cometieron el mismo error. Qué coincidencia.
Entre los que recibieron citaciones no había conductores con licencia comercial; casi todos eran hispanos. Mientras tanto, según el Dallas Morning News, ni uno de los oficiales de policía que expidieron las citaciones eran hispanos.
¿Es esto racismo —quizás una nueva cepa de ese desagradable virus? ¿Cómo debemos llamarlo? ¿Perfiles lingüísticos?
No tan rápido, dice el residente de Dallas, Héctor Flores, ex presidente nacional de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, siglas en inglés).
“Es muy difícil llegar a esa conclusión, que sea un acto estrictamente racista”, me dijo Flores. “Algo es seguro…la policía sabía perfectamente que estos individuos no podían defenderse, especialmente si su inglés era limitado. Lo que quieren hacer es tomar la boleta e irse”.
Como Flores también resulta ser un ex oficial de policía de San Antonio, le pregunté si pensaba si se trataba de un caso de funcionarios públicos que actuaron llevados por la frustración de no poder comunicarse con muchas de las personas con las que entran en contacto en su trabajo.
Quizás, en lugar de aprender unas pocas palabras en español, se hartaron y arremetieron contra ellas.
Flores dijo que no quería hacer conjeturas acerca de los motivos de los oficiales. Pero sí reconoció que el clima en la zona de Dallas últimamente se ha vuelto mucho más tenso para los latinos.
“Durante esta época turbulenta, uno se da cuenta por la forma en que la gente lo mira”, dijo. “Mi esposa me ha dicho: ‘¿Has notado una diferencia en la forma en que nos miran ahora?’ Y hay que admitir que hay algo ahí que no se puede identificar. Las actitudes definitivamente se han endurecido debido al fuerte debate sobre la inmigración y otros asuntos parecidos”.
Ésta historia demuestra que los latinos están viviendo en los mejores y peores tiempos —todo al mismo tiempo. Quizás sólo fue un intento por generar ingresos para la ciudad al escoger personas que, supuestamente, no se quejarían.
O quizás esté relacionado con el debate de la inmigración, que se ha vuelto anti-latino, y debido al cual alguna gente se siente menos inhibida para manifestar sus prejuicios. O quizás es debido al temor causado por los cambios demográficos y la preocupación de algunos de que serán desplazados por la creciente población latina.
Las emociones de ese tipo inducen a la gente a hacer locuras. Y parece que, cuando se trata del Departamento de Policía de Dallas, hay locura suficiente para repartir.
©2009 The San Diego Union-Tribune.
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